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 Las Buenas Intenciones no Justifican la Desobediencia a Dios

SERIE: DIEZMOS Y OFRENDAS
 
Tema: Las Buenas Intenciones no Justifican la Desobediencia a Dios
 
     Pensando sobre la ministración del diezmo y su uso en la dispensación de “La Gracia”, me trajo a la memoria pasajes bíblicos relacionados con la vida del rey Saúl.
     Samuel se presenta a Saúl con muy buenas noticias de parte de Jehová. Le dice que Jehová lo envió para que lo ungiese como rey sobre Israel. Samuel le advierte a Saúl que debe estar muy atento a las palabras de Jehová. Le dice que Jehová castigará a Amalec por lo que le hizo a Israel. Cuando Israel subía de Egipto, ellos se le opusieron en el camino. Entonces Saúl recibe la ordenanza de parte de Jehová y por boca de Samuel.
 
“Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.” 1 Samuel 15:3.
 
     Saúl convocó al pueblo, luego salieron a la batalla, derrotaron a los amalecitas y destruyeron Havila. Saúl no cumplió a cabalidad lo ordenado por Jehová. Tomó vivo a Agag, rey de Amalec y le perdonó. También perdonaron todo lo mejor de las ovejas, ganado y todo lo bueno. Destruyeron todo lo que era vil y despreciable.
     A Dios no le podemos engañar, pues Él lo sabe todo. Dios es lento para la ira y grande en misericordia, pero hay momentos en que su ira se manifiesta. Dios le reveló al profeta Samuel su descontento con Saúl por su desobediencia. Samuel visitó a Saúl y le expresó el mensaje de desagrado de parte de Jehová.
     El final de Saúl fue el fruto de su desobediencia. Cuando Samuel visitó a Saúl y escuchó los balidos de las ovejas y el bramido de las vacas, preguntó a Saúl, “¿qué es ese ruido que yo escucho con mis oídos?” Actuando de manera irresponsable, como lo hacen generalmente los que no quieren obedecer la Palabra de Dios, Saúl quiso excusarse. Trató de escudarse echándole la culpa al pueblo y señalando las buenas intenciones de querer aquellos animales para sacrificarlos a Jehová.
 
“Y Saúl respondió: De Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos.” 1 Samuel 15:15.
 
“Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.” 1 Samuel 15:22-23.
 
     Analizando esa escritura podemos ver que lo primero que hace Saúl es tratar de limpiarse él de toda culpa y echársela al pueblo, “De Amalec los han traído.” Luego Saúl continúa, “porque el pueblo perdonó”, es decir, no fue él, fue el pueblo. “Para sacrificarlas a Jehová tu Dios”, aquí apela a las “buenas” intenciones, a los “buenos” deseos de agradar a Dios. El poner nuestras buenas intenciones y deseos por encima de la voluntad de Dios, es pecado de rebelión. Las buenas acciones no justifican la desobediencia. A veces pretendemos tener mejores ideas que Dios; y en otras, queremos hacer lo que a Él le corresponde, con la intención de “ayudarle”. Nuestra responsabilidad es obedecer a Dios, sin importar si creemos que lo que Él demanda es correcto o no. El hacer juicio sobre la voluntad de Dios, es menospreciar su deidad. La desobediencia a Dios siempre nos traerá consecuencias desagradables.
     Saúl tuvo que sufrir las consecuencias de su desobediencia en una forma desastrosa.
 
“El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová”. 1 Samuel 16:14.
 
     Este caso de la vida de Saúl, lo veo paralelo a la aplicación del diezmo en la dispensación de “La Gracia” en la Iglesia Cristiana hoy día. Relaciono a Saúl con ministros del evangelio que el Señor ha llamado y les ha ungido para servir en la dispensación de la Gracia, que es donde estamos hoy. Quiero aclarar que hay muy buenos ministros de Dios, que creen sinceramente que es correcto pedir el diezmo. Hay otros que actúan con premeditación y a veces con alevosía. Como Saúl, en un principio estos ministros fueron llamados verdaderamente por el Señor, comenzaron en obediencia, tratando de hacer todo lo que entendieron era la voluntad de Dios. Algunos comenzaron formando parte de un concilio que ya tenía algunas reglas establecidas, unas prácticas, una teología. El formar parte de este concilio, implica que tendrán que regirse por lo que éste dice. Quizás no estén de acuerdo con algún postulado establecido por el concilio, pero para continuar afiliado a ese cuerpo, deben cumplir con todos los estatutos. Esto me recuerda la escritura que dice que es mejor obedecer a Dios, antes que a los hombres. Los directores del concilio te explicarán, utilizando citas bíblicas y diferentes argumentos, que debes obedecerles, porque ellos son los que representan al Señor aquí en la tierra. Tal vez no te lo digan con estas palabras, pero lo que te dirán, contiene implícito este mensaje.
     En otras ocasiones el ministro conoce la verdad sobre el diezmo, pero piensa como Saúl, agradar a Dios, aunque esté desobedeciendo. Alguien preguntará, “¿y de qué desobediencia se está hablando?” La desobediencia es, que hoy estamos bajo la dispensación de “La Gracia”, que nos ha sido otorgada por Jehová a través de su amado hijo Jesús. Jehová ha establecido que vivamos en “La Gracia”. Si ya nuestro Señor Jesucristo cumplió la ley a cabalidad por nosotros, entonces ¿por qué actuar como Saúl? Digo actuar como Saúl, porque él obedeció a medias, no cumplió en su totalidad con lo establecido por Jehová. De igual manera, los ministros que predican el evangelio de “La Gracia” de nuestro Señor Jesucristo, deben hacerlo a cabalidad. No deben quedarse con lo más gordo de la ley que son los diezmos, para decir como Saúl, que esto es con el propósito de servir mejor a Jehová; que ese dinero es para facilitar la expansión del evangelio. No podemos negar las buenas intenciones, pero si esa no es la voluntad de Jehová, estamos en desobediencia. Estamos corrigiendo a Dios y diciéndole que nuestras ideas son mejores que las suyas; que nosotros tenemos mejores estrategias. No debemos olvidar que nuestra misión es predicar el evangelio de “La Gracia” de Dios y no querer volver a cumplir con una parte de lo que Cristo ya cumplió por nosotros que es el diezmo de la ley. Continuar usando el diezmo, es como decir que lo que hizo Jesucristo no fue suficiente ni completo; que a Dios se le olvidó que en este mundo el dinero es muy necesario. En la dispensación de “La Gracia”, lo más importante es el amor y la fe. Son muchas las escrituras que nos revelan que Dios proveerá lo necesario, la parte que nos corresponde es tener fe y creerle a Dios, que lo que Él ha prometido lo cumplirá. Cuando nos desesperamos y perdemos la fe, ahí es donde comenzamos a tratar de levantar fondos usando todo tipo de estrategias humanas. Mantenemos a la gente de la iglesia con cierto grado de inseguridad en cuanto a su salvación, porque una persona insegura y asustada es más fácil de manipular. Se comienzan a usar diferentes tácticas para guiar y lograr que la persona haga una promesa. Si luego esa persona no puede cumplirla, entonces consciente o inconscientemente empiezan a torturarla diciéndole que es al Señor a quien le ha fallado.
      Saúl y su pueblo destruyeron lo vil, lo que no tenía mucho valor, pero se quedaron con lo gordo de ovejas y vacas. En la ilustración que pretendo hacer, comparo lo vil, sin mucho valor que ellos destruyeron, con las demás partes de la ley que no son muy agradables, pero repito que se quedaron con lo gordo de la ley que es el diezmo.
      El mandato que Saúl recibió de ir a Amalec y destruir todo, lo relaciono con el mandato que recibió la Iglesia Cristiana, “Id por todo el mundo y predicad el evangelio de Jesucristo a toda criatura”. Si vamos a predicar el evangelio de Jesucristo, es el evangelio de “La Gracia”, donde la fe y el amor son los grandes baluartes. Amalec lo relaciono con la ley, la cual debe ser descartada por completo, sin perdonar ni siquiera lo gordo de ella, que son los diezmos.
     El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová. Ministros que luego de leer y entender el mensaje aquí expuesto, continúan en desobediencia a la voluntad del Señor, el Espíritu de Dios no se apartará, pero se contristará. Un espíritu malo de parte de Jehová le atormentará, y podría ser confusión, inseguridad, temor y falta de fe. Hoy podemos ver y escuchar cómo estos espíritus inmundos se apoderan de ministros, y en ocasiones, de congregaciones enteras y les guían a cometer atrocidades. Muchos están apegados a las cosas materiales; están tan atados satánicamente, que no les importa nada a cambio de dinero, posición, prestigio y todas estas cosas. Ellos siguen ministrando en la carne, y pido perdón al Señor si estoy errado, pero a veces pienso que hasta Satanás les ayuda para continuar adelante engañando a la gente. Hermano, le recuerdo que la Palabra nos dice: “Mi pueblo perece por falta de conocimiento”. Debemos tratar de abrir nuestros ojos espirituales, porque no nos podemos dejar guiar por las apariencias. Necesitamos pedir a Dios discernimiento para poder identificar a los falsos ministros, que tienen como fin lucrarse a cuenta del trabajo y del sudor de hermanos sinceros, que han creído en estos abusadores.
     Llegó el momento en que Saúl por su desobediencia, recibió el fruto de lo que sembró, muriendo atravesado por su propia espada, y David fue ungido como rey. Como dije antes, Saúl representa a los ministros desobedientes, sin fe y apegados a las cosas materiales, que si no se arrepienten, al final tendrán su recompensa. David tipifica a los ministros obedientes a la voluntad de Dios, que luego de leer y meditar en este mensaje, se apartan de lo gordo de la ley y comienzan a ejercitar la fe y a confiar más en las promesas del Señor.
     En el “Ministerio Liberando al Cautivo, Inc.”, el cual dirijo y pastoreo, nunca se ha pedido dinero absolutamente para nada. Tenemos fe en que esta es una obra de Dios y que si hacemos lo que nos corresponde, es decir predicar el evangelio, confiamos en que el Espíritu Santo tocará corazones. Sin necesidad de utilizar estrategias humanas, algunos hermanos han sido tocados y han hecho sus ofrendas con alegría y en agradecimiento sincero por todo lo que Dios ha hecho y nos ha dado.
     Hermano ministro, medita en esta lectura, ponte delante del Señor, pídele sabiduría y entendimiento y él verá la sinceridad y tu arrepentimiento, y te bendecirá. Que Dios te guíe e ilumine. Amén.
 
Saúl hace oficio de sacerdote
 
“Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho, pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto. Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl salió a recibirle, para saludarle.” 1 Samuel 13:8-10.
 
     En el segundo año del reinado de Saúl en Israel, Jonatán atacó a los filisteos. Los filisteos se preparaban para la guerra y Saúl anunció a todo Israel lo que acontecía y ellos también se prepararon. Samuel, sacerdote de Israel, acordó reunirse con Saúl en Gilgal para ofrecer holocausto a Jehová, antes de ir a la batalla. Los días pasaban y Samuel no se presentaba. Los hombres de Israel temerosos al ver la gran cantidad de hombres que conformaban el ejército de los filisteos, habían comenzado a desertar. Saúl se sentía muy presionado y al cumplirse el séptimo día, fecha límite que Samuel había señalado, no esperó más. Pidió a algunos de sus soldados que le llevaran a él holocausto y ofrenda de paz. Saúl ofreció el holocausto y justamente al terminar, llegó Samuel, quien muy alterado le dijo a Saúl sobre el grave error que había cometido. Saúl se disculpó explicándole que su pueblo estaba desertando y que como él no había aparecido, él hizo lo que pensó sería conveniente.
     Samuel le advierte a Saúl que no guardó el mandamiento de Jehová. Le dice que por haber violado este mandamiento, ahora su reino no sería duradero.
     Si nosotros analizamos este suceso con razonamiento humano, le daremos toda la razón a Saúl. Lo que hizo se justifica para nosotros, porque fue hecho con las mejores intenciones. Saúl no pensó que estaba cometiendo un error muy grande. Su explicación de la razón por la cual no pudo esperar más, convence a cualquiera.
     Desde que Saúl fue ungido como rey de Israel, Samuel le advirtió que tenía que prestar atención a lo que decía Jehová. Posiblemente Saúl no le dio mucha importancia a ese consejo. En el momento en que surgió la situación, hizo lo que mejor le pareció.
     Este ejemplo debe servirnos para ser muy cuidadosos con lo que hacemos o decimos en el nombre de Jehová. No somos quienes para tomarnos la libertad de hacer y deshacer cosas y luego atribuírselas a la voluntad de Dios. Tenemos que confiar en que tener fe en lo que dice el Señor, es lo que conviene y lo que hay que hacer. Sin importar las circunstancias, tenemos que depender del Señor y no de nosotros mismos. Este ha sido otro caso en que las buenas intenciones no han justificado la desobediencia a Dios.
 
El traslado del arca de Dios
 
“En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese delante de Jehová para servirle, y para bendecir en su nombre, hasta hoy, por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos; Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo.” Deuteronomio 10:8-9.
 
     Los filisteos escucharon que David había sido ungido rey de Israel y subieron a buscarlo para pelear contra él. David consultó a Jehová y Jehová le dijo que fuera a la batalla y que Él entregaría los filisteos en sus manos. David fue a la guerra y sucedió como le había dicho Jehová. Luego los filisteos regresaron a pelear y David, dirigido por Jehová, volvió a vencerlos. David partió del lugar donde acampaba, llevando consigo el arca de Dios. Para transportar el arca, David en agradecimiento a Jehová, usó un carro nuevo. David y todo el pueblo iban al frente del arca, danzando y festejando delante de Jehová. En un momento dado, los bueyes que llevaban el carro donde iba el arca comenzaron a tropezar. Uza, uno de los que conducían el carro, sostuvo el arca y en ese mismo instante murió.
     En Números 4:1-15, Jehová especifica detalladamente cómo y quiénes harían todos los preparativos para mudar el arca, y a los hijos de Coat les correspondía transportarla solamente, pero sin tocar nada santo. El arca tenía que ser transportada a mano por los sacerdotes y no en carro de bueyes.
     David cometió el error de copiar lo que hicieron los filisteos cuando tuvieron el arca con ellos por siete meses. Los filisteos pensaron que teniendo el arca de Dios, tendrían las mismas bendiciones que el pueblo de Israel, pero al contrario, les produjo maldición. Entonces hicieron un carro nuevo y devolvieron el arca. Esto es narrado en 1 Samuel capítulos 5-6.
     A veces lo mejor que nosotros queremos hacer para agradar a Jehová, no es lo que Él ha demandado. Aunque nos parezca que sería mejor hacer las cosas de un modo diferente al que el Señor ha dicho, debemos cumplir con su voluntad. David estaba tan agradecido de todo lo que había hecho Jehová, que le pareció mejor llevar el arca en un carro nuevo que a mano.
     Hermanos y amigos, aunque para nosotros no tenga sentido, es preferible hacer la voluntad de Dios, que seguir nuestras mejores y geniales ideas. Dios prefiere la obediencia a Él, que nuestros mejores deseos; no alinearnos con su voluntad, nos puede traer resultados catastróficos.
     Si analizamos y juzgamos la acción de Uza al coger el arca para que no se cayese, nos parecerá un acto de respeto y reverencia. El resultado de hacer lo que él creyó conveniente, fue su muerte. En las cosas de Dios es mejor obedecer que tener un buen razonamiento. Son muchos los ministros que hoy en día, como Uza, ponen sus “buenos deseos” sobre la voluntad de Dios. Esta temeridad traerá muy malos resultados para el pueblo de Dios. En ocasiones por dejarse guiar por sus “buenos deseos”, hacen mucho daño a la iglesia de Jesucristo.
     Permita el Señor que estos ejemplos de desobediencia y sus resultados, sirvan para que algunos ministros de Dios revisen sus actividades. Ya hemos visto que las consecuencias de no estar atento a la voluntad de Dios, nos pueden causar pérdidas irreparables. Que Dios nos ilumine y que tengamos el deseo y la voluntad de agradarle en espíritu y en verdad.
 
¡Quítate de delante de mí, Satanás!
 
“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.” San Mateo 16:21-23.
 
     Cuando se acercaba el tiempo de ser crucificado, nuestro Señor Jesucristo comenzó a declarárselo a sus discípulos. Él conocía a lo que se iba a enfrentar como humano. Aunque sabía que toda esta situación le causaría un dolor terrible, sin importar las circunstancias continuaba haciendo la voluntad del Padre. Como humanos y por el amor que le tenían, sus discípulos debían estar muy sentidos. Pedro, como siempre impetuoso, expresivo, no puede callar y le aconseja al Señor que no vaya. Desde el punto de vista humano, esta es una expresión genuina de amor. Estando por todo este tiempo al lado del Señor, compartiendo tantas experiencias, la expresión de Pedro era muy natural. Posiblemente los otros discípulos estaban pensando igual, pero Pedro no dejaría que nadie se le adelantara. Imagino la reacción de Pedro cuando escucha al maestro corresponder a su declaración de fidelidad. Pensaría que nuestro Señor no sabía agradecer su buen deseo. ¿Cómo es posible que me dirijo a Él con todo mi corazón y Él me insulta? ¿Qué mal he hecho con desearle el bien? Estas y otras preguntas similares quizás estuvieron en la mente de Pedro.
     No hay buenos deseos, ni buenas intenciones que puedan engañar a nuestro Señor. Cristo sabía que Satanás había puesto esa idea en la mente de Pedro. Mientras pensaba en esta porción bíblica, llegaba a mi mente una serie de preguntas. ¿Cómo es posible que estando Pedro frente a frente al maestro, pudo haber sido influenciado y usado por Satanás? ¿Sucederá este tipo de situaciones con los ministros de Dios si se descuidan? En el caso de Pedro, el que estaba allí era Jesucristo, a quien Satanás no puede engañar. ¿Qué sucederá cuando un ministro es influenciado y los hermanos de su congregación no tienen el don de discernimiento? Creo que en estos casos es cuando vemos que iglesias enteras se ven envueltas en terribles escándalos.
     Hermanos y amigos, es muy difícil ver la maldad en este caso de Pedro. Su intención, aparentemente ha sido la mejor, pero no era la voluntad de Dios. Si Jesucristo no hubiese sido crucificado, ¿qué sería de nosotros? Por cuanto nuestros pensamientos no son los pensamientos del Señor, en lugar de estar actuando por nuestra cuenta, mejor nos conviene buscar y hacer la voluntad de Dios. Si Dios ha dicho que se hagan las cosas de una manera, ¿para qué quererlas hacer a la nuestra? Nuestras malas decisiones sólo traerán caos al pueblo de Dios. Hagamos la voluntad de Dios y no lo que nosotros pensamos que sería lo mejor.





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