AIRAOS, PERO NO PEQUÉIS

“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre nuestro enojo, ni deis lugar al diablo”. Efesios 4:26-27.

Como creyentes, somos nuevas criaturas en Cristo Jesús, y por tanto nuestra conducta tiene que cambiar. Si antes éramos rencorosos o vengativos, esa forma de proceder tiene que ser erradicada de nuestro ser. Pero como dije anteriormente, tenemos que cuidarnos de condenarnos a nosotros mismos, o de aceptar que alguien nos condene, guiados por interpretaciones erróneas. En esta porción bíblica, Pablo comienza diciendo: “Airaos, pero no pequéis”. Explícitamente Pablo nos dice que el hecho de llegar a airarse no es pecado. Luego nos recomienda que, “no se ponga el sol sobre nuestro enojo”. En mis comienzos en la vida cristiana, recuerdo que si surgía algún desacuerdo bastante desagradable en el cual yo estaba envuelto, esta parte de este versículo me torturaba. Se me había ministrado esta parte tan literalmente, que a pesar de haber sido bastante fuerte la situación, yo pensaba que estaba en pecado, si antes de ir a la cama no había olvidado todo. Ahora entiendo que eso de que “no se ponga el sol”, nos indica que tenemos que luchar por erradicar ese pensamiento; que esa situación no debe perdurar por mucho tiempo, y que no debo permitir que crezca. Varias situaciones en las cuales el propio Pablo estuvo envuelto y que escribe aquí, me sirvieron de apoyo para llegar a esta conclusión.

En el libro de Gálatas, Capítulo 2, el apóstol Pablo narra algo vergonzoso que estaba sucediendo. Pablo dice que cuando Pedro fue a Antioquia donde él estaba, le resistió cara a cara por algo condenable que Pedro estaba haciendo. Cuando los judíos no estaban presentes, comía con los gentiles, pero cuando estaban presentes se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Pablo les reprende porque en su simulación, participaban también los otros judíos y aún Bernabé fue arrastrado por la hipocresía de ellos.

“Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?” Gálatas 2:14

Hermanos y amigos, aquí si que hay tela para cortar. Generalmente predicamos sólo sobre las virtudes, bendiciones y grandezas de los personajes bíblicos. Creo que esto está muy bien, pero la iglesia debe saber que aquellos grandes hombres eran humanos y también cometían errores, de la misma manera que hoy día lo hacemos nosotros. Esto debe servir de ejemplo a los que dicen que no se debe juzgar, sino que hay que dejar que sea Dios el que obre. Creo que Dios obra utilizando algún ministerio suyo para señalar lo incorrecto. Esto tampoco significa que Pablo era completamente perfecto y que por tanto, podía hacer ese tipo de señalamiento. Esto indica que cuando el Señor pone en uno de sus siervos el realizar una tarea como ésta, el siervo tiene que hacerlo aunque algunos se enojen. Vemos que con todo y ser Pedro, no gozaba de ninguna inmunidad apostólica, ni infalibilidad papal como reclaman y quieren hacer creer hoy día algunos pastores.

Volviendo al tema de esta sección y a la parte que dice, “no se ponga el sol sobre nuestro enojo”, creo que todos entendemos que este asunto no se solucionó en un día y se olvidó todo. Sí podemos tener presente que como también dice la Palabra, “ni deis lugar al diablo”, este asunto no siguió repitiéndose, ni Pedro y los otros siguieron enojados por el regaño.

Me limitaré sólo a señalar otro caso, pero no extenderé su comentario, porque considero que ya ha sido suficiente. Este caso es sobre el segundo viaje misionero de Pablo, donde sucedió un gran desacuerdo entre Pablo y Bernabé.

“Y Bernabé quería que llevasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos; pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra. Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro”. Hechos 15:37-39ª.

No sé qué comentarán sobre esta situación los que exigen perfección. ¿Se resolvió ese asunto en un día? ¿Se había olvidado Pablo de lo que había hecho Juan Marcos? ¿Aceptó Pablo llevar a Juan Marcos con ellos? Hermanos, el único propósito que persigo con estos ejemplos y comentarios, es establecer que si en un momento dado cometemos un error, no debemos seguir condenándonos. Aquí no estoy hablando de licencia para pecar, pero podemos entender en estos ejemplos, que aún estos tremendos hombres de Dios tenían sus problemas.

En 2 Timoteo, Capítulo 4, Pablo se está quejando debido a diferentes situaciones. Algunos de sus compañeros le han abandonado, pero reconoce que él ha cumplido con su llamado. Pablo ruega a Timoteo que procure ir pronto a verle, porque sólo Lucas está con él. Él se queja del daño que le han hecho algunos y que nadie estuvo con él en su defensa, que todos le desampararon. Pablo menciona una persona en particular que le causó mucho daño.

“Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras”. 2 Timoteo 4:14-15

Aquí encontramos expresiones que quizás confundan un poco a muchos al saber que salieron de la boca de Pablo. Pablo no se ha olvidado de quién es este Alejando, y aún está alertando a Timoteo de que se cuide también. O sea que el asunto de olvidar y echar al fondo de la mar, hay que analizarlo un poquito más profundo de lo que generalmente hacemos.

Otra situación donde podemos conocer sobre Pablo es en el libro de Los Hechos en el Capítulo 16. Aquí podemos ver que Pablo no aceptaba el atropello así porque sí.

“Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han mandado a decir que se os suelte; así que ahora salid, y marchaos en paz. Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos”. Hechos 16:36-37

La razón o motivo de estos señalamientos es sólo con el propósito de exhortar a seguir hacia el blanco que el Señor nos ha indicado. Tratar cada día de acercarnos más a la meta de lo ideal, de lo absoluto.

Si sientes en tu corazón que hay algún rencor o alguna raíz de amargura en contra de alguien, debes esforzarte por erradicarlos totalmente. Este tipo de sentimientos no debe permanecer en el corazón de un cristiano.

Que Dios nos ayude a perdonar y a olvidar. Amén.

Mejor el juicio de Dios que el del hombre

“Ruego que yo caiga en la mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas en extremo; pero que no caiga en manos de hombres”. 1 Crónicas 21:13b y 2 Samuel 24:14b

En el libro de 2 Samuel 24 y 1 Crónicas 21, encontramos que Israel ha peleado varias batallas, logrando el triunfo sobre sus adversarios. Todo iba muy bien para Israel, “pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel”. 1 Crónicas 21:1. David se había envanecido con todas estas victorias y por algún tiempo olvidó que su poder procedía de parte de Jehová. David dio la orden a Joab, general del ejército, de censar al pueblo. Este trató de convencer a David de no cometer tal error, pero no logró nada. Entonces el pueblo fue censado y la ira de Jehová fue encendida. Jehová le dio a David a escoger uno de tres castigos. Los dos primeros serían ejecutados por el hombre, y el tercero, consistiría en tres días de peste, que procedería directamente de Jehová, sin la intervención del hombre. David escogió el tercero, exclamando lo expresado en 1 Crónicas 21:13b y en 2 Samuel 24:14b.

Esta declaración de David describe verdaderamente nuestra implacable manera de juzgar. A pesar de nuestros pecados, en Dios encontraremos misericordia y clemencia. El hombre llevará sin piedad su juicio hasta las últimas consecuencias. Esa falta de misericordia en nosotros los humanos, es como parte de nuestra naturaleza carnal. Creo que un buen termómetro para medir nuestra condición espiritual es nuestra capacidad para perdonar. Conversando con hermanos cristianos sobre el hecho de apartarse, el pecado y el arrepentimiento, he escuchado expresiones de disgusto por el perdón otorgado de parte de Dios para el que se ha arrepentido de su pecado. Pienso que debemos examinarnos cuando esta es nuestra forma de pensar, o cuando este tipo de sentimiento procede de nuestro corazón. Creo que jamás podremos entender totalmente la grandeza del amor de Dios y su perdón.

Roguemos al Señor para que ablande nuestros corazones, y para que podamos vencer esa condición de dureza, de venganza y de inmisericordia. Amén.

La Mente de Dios

El ser humano siempre ha querido poner palabras en la boca de Dios.

“Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?” Romanos 11:34

A diario escuchamos personas expresarse y decir que eso es lo que dice Dios, lo que quiere, lo que piensa hacer, etc. Lo que dicen en realidad es lo que ellos mismos piensan. Atribuyen a Dios sus ideas y todo lo que se les ocurre. Debemos ser cuidadosos cuando hablamos o cuando predicamos. Cuando vamos a predicar, podemos leer la cita bíblica tal y como está en la Biblia y entonces predicar el mensaje de lo que el Espíritu Santo desea revelarnos. No debemos estar hablando a nombre del Señor, a menos que sea una profecía. En ocasiones Pablo dijo algo y aclaró responsablemente que eso lo decía de su propia cuenta. “Y a los demás yo digo, no el Señor:” 1 Corintios 7:12.

Hacer cosas por nuestra cuenta, sin haber consultado al Señor, y atribuírselas a Él es otro gran error.

“Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?” Romanos 9:20

En los casos que citaré más adelante, podremos ver claramente que lo que nosotros consideramos bien, no siempre es aprobado por Dios. Creo que lo más importante que debemos hacer es obedecer al Señor en todo lo que Él demanda. Espero que los ejemplos que presentaré a continuación, sirvan como prueba de lo que he dicho anteriormente. Deseo que estos ejemplos sean una advertencia y sirvan de estímulo para hacer lo correcto delante del Señor.

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” Isaías 55:8-9

Por: Pastor Álvaro Rolón

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