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​          Sirviendo a un Dios Vivo

DIEZMOS Y OFRENDAS
INTRODUCCION
 
Tema: El Acto de Dar
     Desde los orígenes de la humanidad, en el libro de Génesis podemos ver que Jehová Dios ha deseado que el hombre se desprenda o que sacrifique algo de sus pertenencias para Él. Esto siempre ha tenido un propósito en el corazón de Dios. Es una manera en que Dios se agrada de nosotros al vernos romper con nuestra tendencia humana del egoísmo. La acción de dar provoca en Jehová el deseo de bendecirnos más. Para Dios, siempre debe ser lo mejor. Por eso vemos que los animales usados para los sacrificios tenían que ser los mejores.
     Un caso que ilustra claramente lo dicho anteriormente, es el acto de ofrendas de Caín y Abel. Abel trajo al Señor lo mejor de lo mejor; Caín llevó algo, sólo para cumplir. Vemos que Jehová mira la ofrenda de Abel con agrado. Caín se enojó y sintió celos de su hermano porque Dios no le miró a él ni a su ofrenda con agrado. El celo por no hacer lo correcto, engendra odio. El odio guió a Caín a cometer un crimen, a matar a su hermano.
     A través de la historia de la humanidad podemos ver esta escena repetirse una y otra vez. Tal vez el crimen que se comete no sea físico, pero a veces es peor. Hermanos envidiando al otro hermano por las bendiciones que recibe. El hermano que ha recibido las bendiciones ha hecho lo correcto para Dios. El hermano que ha estado pendiente de lo que reciben los demás, almacenando sin motivos, amarguras y rencores en su corazón.
Buscad Primero el Reino de Dios
“Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.” San Lucas 12:31
     Hermanos, el problema de las finanzas en la iglesia de Jesucristo, se debe a nuestra desobediencia como ministros del evangelio. No hemos confiado en la Palabra del Señor que nos promete que si buscamos el reino de Dios y su justicia, todas las demás cosas nos serán añadidas. Hemos querido hacer las cosas por nuestras fuerzas, desechando el poder divino. Nos desesperamos, y como hizo Sara en cuanto a la promesa de Jehová, tomamos nuestras propias decisiones. Esta falta de fe es la que nos lleva a tener que usar artimañas y todo tipo de estrategias para levantar fondos para el sostenimiento de la obra. Creo que hay veces que nos metemos a hacer cosas que no son la voluntad del Señor, movidos tal vez por nuestro propio orgullo, vanidad, vanagloria y todas estas cosas carnales. Muchas veces nos enfrascamos en empresas sin haber consultado debidamente al Señor, y al final nos espera el fracaso. Puede que por algún tiempo todo aparente ser de color de rosas pero tarde o temprano todo se desvanecerá.
     También tenemos obreros fraudulentos que como dice la Palabra, “Porque estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.” 2 Corintios 11:13-15.
     Hermanos en Cristo, esta es Palabra de Dios y no mía. El Señor nos advierte sobre este tipo de ministros, los cuales abundan hoy. Muchos vienen y se acercan al pueblo de Dios y aparentan ser siervos del Señor que quiere trabajar en la obra. Muchas veces ya vienen con malos propósitos. El pueblo de Dios necesita discernimiento espiritual, porque es de la única forma que se puede identificar a estas personas. La Palabra nos advierte constantemente que, “muchos son los llamados y pocos los escogidos.” San Mateo 20:16. Hay quienes son verdaderamente llamados por el Señor, pero al pasar el tiempo se corrompen por envidia, deseos de poder, y lo peor, por el amor al dinero, que es la raíz de todos los males. Hermanos ministros que su mente es entenebrecida y cambian la gloria de Dios, por cosas materiales que perecen. Comienzan una vida cristiana y un ministerio saludable y luego son atraídos por las cosas del mundo. Otros comienzan a ascender en diferentes posiciones eclesiásticas pero luego nada les satisface, no se conforman con nada. Cuando estos ministros a través de sus estrategias carnales, ascienden hasta la cúspide, llega el momento que debido a su propio extravío caen de su gloria y su fin no es bueno.
     Personalmente distingo al verdadero ministro del Señor por su desapego a las cosas materiales y al dinero. Esto no significa que un ministro que tenga su familia, no desee darle cierta calidad de vida, pero no debemos confundir una cosa con la otra. El trabajo en la obra del Señor implica sacrificio. En otro capítulo señalaré cómo vivieron hombres como el Apóstol Pablo, Juan El Bautista, Jesucristo y otros.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.” San Mateo 23:23 y San Lucas 11:42.
     En este pasaje bíblico vemos que nuestro Señor Jesucristo está reprochando a escribas y fariseos por su acción hipócrita. Les dice que han cumplido con una parte de la ley al diezmar, pero han dejado la parte más importante de la ley. Enfatiza que si quieren cumplir con la ley, deben hacerlo en su totalidad. Este pasaje bíblico no necesita mucha explicación. Aquí está claramente establecido que nuestro Señor Jesucristo les está hablando a los escribas y a los fariseos, no a los cristianos. Estos escribas y fariseos querían continuar bajo la ley. Estaban en contra de las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo. En resumidas cuentas, esta porción de la Palabra no respalda el diezmar en la dispensación de la Gracia, que es donde estamos hoy los cristianos. Esto no significa que el cristiano no deba aportar para el sostenimiento económico de la obra. Lo que queremos dejar establecido aquí, es que en la Gracia no hay un mandato de diezmar como tal. El diezmar y todo lo concerniente a la ley, lo cumplió nuestro Señor Jesucristo en la cruz del Calvario.
     Hermanos, deseo volver a recalcar que todos estos versículos bíblicos que escuchamos en los momentos de ofertorio en las iglesias, son Palabra de Dios. Que Dios ama al dador alegre, que es mejor dar que recibir, que Dios multiplica al que siembra, etc., etc. Creo y exhorto a los hermanos de diferentes congregaciones a orar al Señor, para que sean rotas las ataduras que a veces no nos dejan cumplir con el deber de sostener su obra. Estas ataduras también nos impiden recibir las bendiciones que el Señor promete en su Palabra para el dador alegre.
     Él no vino para abrogar la ley sino a cumplirla y así lo hizo o la cumplió. “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.” San Mateo 5:17. En la cruz del Calvario cumplió con la ley por nosotros. Ahora estamos en la Gracia. Nuestras aportaciones económicas las hacemos en fe y por agradecimiento a nuestro Señor Jesucristo. No lo hacemos para cumplir con ninguna ley, sino por amor. En la porción bíblica de San Lucas 18:9-12, encontramos la narración de la parábola sobre la oración del fariseo y el publicano. Nuestro Señor es el que expone esta parábola, señalando la hipocresía y la confianza en las obras de este fariseo. ¡Gloria al Señor! Amén.
La Mentira de Ananías y Safira
“Y dijo Pedro: Ananías, ¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder?” Hechos 5:3-4ª
     El amor y la unidad de la iglesia en Jerusalén era tal, que los que tenían propiedades las vendían y llevaban todo lo obtenido en la venta para ser repartido entre todos. En este contexto, esta iglesia había recibido de nuevo la plenitud del Espíritu Santo. Lo que ellos llevaban era el precio de lo vendido, no era el diezmo, era todo porque eso era lo que le dictaba el corazón. Ese dinero era para ser repartido entre ellos mismos y por tanto, no había necesidad económica.
     Como nos indica la cita bíblica, los esposos Ananías y Safira vendieron una propiedad. Quisieron hacer creer que ellos también habían llevado todo lo que recibieron de la venta. A la luz de este pasaje bíblico, podemos ver que no era un requisito llevar todo, o nada. El que llevaba lo que tenía, era porque le nacía hacerlo de corazón. Este matrimonio no era sincero, quería vivir de las apariencias. Quizás anteriormente había participado de lo que otros habían llevado y querían hacer creer que ellos estaban haciendo lo mismo.
     He escuchado muchas predicaciones donde relacionan este caso con el diezmar y ofrendar. El pecado aquí no tiene que ver con el dinero, sino con el engaño y con la mentira.
     Por algún tiempo ha rondado mi mente el asunto de la imposición de la ley del diezmo en la dispensación de “La Gracia”.
     Hace algunos años, un hermano en la fe me invitó a una iglesia. Este hermano me dijo que en esa iglesia, el pastor decía como Pablo, que no quería ser gravoso a su congregación. El pastor decía que por esta razón él no exigía el diezmo. Visité la iglesia y en el momento del ofertorio, el pastor dijo: “Como el apóstol Pablo, yo no quiero ser gravoso a ustedes, pero espero que un día Dios haga como hizo con Ananías y Safira”. Tengo que confesar que aquello me causó risa.
     Aunque a nadie se le exigía que tuviera que llevar todo el dinero de la venta de sus propiedades, Ananías y Safira se sintieron presionados u obligados moralmente. Como se presenta este caso, vemos que aquí no había manipulación ni estrategias humanas, sino que los que llevaban todo el dinero, lo hacían porque así lo sentían.
     En el caso de Ananías y Safira, como expresa el Apóstol Pedro, ellos no habían sido presionados en nada y por tanto, ellos eran culpables de su mentira.
     Hoy día creo que en muchas iglesias se presiona demasiado a los miembros con relación a las finanzas. En este caso, Dios que es justo, quizás les pida cuentas a los ministros de las mentiras y otros pecados que surjan de la membresía, como consecuencia de esta actitud.  
     Finalizo repitiendo que este caso de Ananías y Safira no tiene absolutamente nada que ver con dinero, sino con la mentira.
El Diezmo en el Antiguo Testamento y la Ofrenda en el Nuevo Testamento
     En este libro no presentaré mucho argumento sobre la acción y el requisito de diezmar en el Antiguo Testamento. Esto era parte del cumplimiento para con Dios en el Antiguo Testamento y más tarde formó parte de la Ley Mosaica. Hoy día, los cristianos no estamos bajo La Ley sino en La Gracia. Nuestra ley es el amor. Debe ser el Espíritu Santo el que nos toque y ponga en nuestro corazón el deseo de aportar para suplir la necesidad de la iglesia de Dios. Antes, la ley exigía, demandaba cumplir con unos preceptos. Ahora, en agradecimiento por todo lo que nuestro Señor Jesucristo hizo en la cruz del Calvario, damos frutos de amor. Somos dadores alegres, agradecidos. No necesitamos del látigo de la ley, porque el amor de Cristo nos mueve a realizar buenas obras. Ahora es sin espada y sin ejércitos. No necesitamos ser amenazados con perder la salvación, ni atemorizados para dar al Señor según hayamos prosperado. Ahora, ministro, apóstol, evangelista, misionero, pastor y líder en general, recuerda que la Palabra de Dios nos exhorta a vivir para Él.
   “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” 2 Timoteo 2:15.
   “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.” 1 Timoteo 6:10-11.
    “Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos.” Romanos 16:18.
    “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.” San Lucas 12:47-48.
     Hermanos, con Dios no se puede jugar, ni le podemos engañar. Enderecemos nuestros caminos y sirvamos al Señor en Espíritu y en verdad. Si decimos tener fe, pongámosla en acción sin necesidad de manipulaciones. Confiemos en el Señor. Si estamos correctos en la voluntad del Señor, no debemos temer a la falta de finanzas para sufragar los gastos de la iglesia. Si la iglesia que servimos es parte de la iglesia del Señor, sólo debemos dejar todo en sus manos y no tratar de involucrarnos en lo que a Él le corresponde. Hagamos nuestra parte con el mayor esfuerzo y amor por las almas. Que Dios nos ilumine. Amén.
 
La Fe y el Diezmo
     El Señor Hank Hanegraaff en su libro: “The Bible answer Book” (El Libro de las Respuestas de la Biblia), y bajo el tema, “Is the Tithe for Today?” (¿Es el Diezmo para Hoy?”), dice que sí es para hoy. De la página 74 a la 76, señala algunas citas muy conocidas del Antiguo Testamento sobre el diezmo. El Señor Hank cita lo dicho por Randy Alcorn sobre el acto de diezmar. Randy ha dicho: “tithing may well be regarded as the training wheels of giving”, (Diezmar debe ser considerado como la acción que nos prepara para desarrollar la actitud de dar). Estoy en desacuerdo con esta expresión citada por el Sr. Hank y pronunciada por el Sr. Randy. Creo que el deseo de dar debe ser producido o inspirado por el agradecimiento a Dios por todo el bien que nos ha hecho. Ese deseo debe tener como base fundamental o fuente inspiradora la fe que ha nacido en el cristiano. Esa fe debe surgir desde lo profundo de nuestro corazón, al comprender, valorar y agradecer el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo en la cruz del Calvario. La acción de dar no debe ser inducida por formas mecánicas, manipulaciones ni por esfuerzos humanos. Cuando damos impulsados por manipulaciones humanas, este acto de dar no procede de un dador alegre sino manipulado, y por tanto, no está en línea con la Palabra de Dios. En algunas partes del libro "Jehová-Jireh” he señalado la necesidad de muchos ministros del evangelio de tratar de alcanzar el grado de fe necesario para confiar en que el Señor tocará las almas y darán alegremente lo necesario. Felicito al Sr. Hank por la sinceridad de su confesión sobre su falta de fe en algunos momentos para diezmar. Al comienzo de este tema en la página 74 de su libro, confirma y resume lo que he estado recalcando sobre la fe de los ministros en cuanto a la mayordomía de la iglesia. El Sr. Hank confiesa, “I must confess that I personally have not always been faithful in giving a tenth or more to the work of the Lord. And I am not alone”, (Debo confesar que yo personalmente no siempre he tenido la fe de dar la décima parte o más para la obra del Señor. Y yo no soy el único en esto).
     El Sr. Hank hace mención de varias citas del Antiguo Testamento referentes al acto de diezmar. Estas citas no las comentaré porque pertenecen a “La Ley” y ya Jesucristo cumplió la ley por nosotros. Ahora estamos en la dispensación de “La Gracia”, de lo cual la ley fue sombra de lo real y verdadero. En la dispensación de la ley, el cumplimiento de estatutos y el obedecer reglas o leyes, era lo requerido por este pacto. Ahora, en “La Gracia”, nuestras actitudes, los frutos de nuestra fe son obras no requeridas por la ley, sino inspirados por el Espíritu Santo que mora en nosotros.
     El Sr. Hank cita la escritura que se encuentra en San Mateo 23:23, como prueba de que Jesús reafirma el diezmar no para ser vistos sino como expresión de una realidad interna. Repito y debo continuar repitiendo, que no estoy en contra de dar, no sólo el diezmo, sino el máximo posible para la obra del Señor. Me reafirmo en que ahora, en “La Gracia”, el dar debe ser inspirado por el Espíritu Santo y no por leyes Antiguo Testamentarias. El Señor tiene el poder para tocar corazones y suplir todo lo necesario si se lo permitimos, pero para esto se necesita fe. La cita de San Mateo 23:23 lee como sigue:
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”.
     ¿A quién está dirigida esta escritura? ¡Ay de vosotros escribas y fariseos, hipócritas!. ¿Los está felicitando el Señor por diezmar? ¡Hipócritas! ¿Se está dirigiendo el Señor aquí a los cristianos que habían comenzado a vivir en “La Gracia” o a los judíos que vivían bajo La Ley? La ley había que cumplirla completa porque si se fallaba en alguno de sus estatutos, todo lo que se había hecho no tenía ningún valor. Por esta razón, Jesús termina este versículo diciéndoles a los judíos: “Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.” Porque para ellos si no se ejercitaban en la práctica de la justicia, la misericordia y la fe, y en toda otra exigencia de la ley, el diezmar no les serviría de nada.
     La dispensación de “La Gracia”, traída por nuestro Señor Jesús, nos abrió hermosa relación espiritual íntima con Dios. Hermanos, no retrocedamos a la ley, esto es despreciar “La Gracia” de nuestro Señor Jesucristo, no vendas tu primogenitura.
     Que el Señor ilumine y despierte la conciencia de muchos ministros, provocando inquietud en cuanto a este asunto de la mayordomía. Amén.


​El Acto de Dar