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​                                    EL ACTO DE DIEZMAR DE ABRAHAM Y LA FUTURA LEY



¡Que la luz del Señor nos alumbre!

Hebreos 7:9-10: “Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro”.

En esta porción bíblica se establece cierta relación entre el acto de dar diezmos de Abraham, que es como sombra de la futura ley, en la cual Leví recibiría los diezmos. Siempre que se habla del diezmo de Abraham, se dice que Abraham dio. Cuando la Biblia nos habla del acto de diezmar bajo la ley, se dice pagó o entregó. Hay diferencias entre dar y pagar. El dar es algo voluntario, y el pagar es el acto de cumplir con una deuda, es decir, algo que se requiere, que hay que hacerlo, a gusto o no, porque es un deber. Aquí nos dice que cuando Abraham dio los diezmos a Melquisedec, indirectamente Leví los pagó también, porque aunque Leví no había nacido todavía, es decir, no existía; luego nacería procedente de la raíz de Abraham. Cuando se dice que Leví estaba en los lomos de Abraham, lo que se quiere señalar es que Leví sería un futuro descendiente de Abraham. Estos versículos dejan establecido que aunque el dar diezmos de Abraham fue mucho antes de existir la ley, con todo eso, estos versículos relacionan este acto de diezmar de Abraham con Leví, quien luego recibiría los diezmos bajo la ley. Aquí en ningún momento la Biblia relaciona lo que hizo Abraham con La Gracia, sino con la ley.

El voto de Jacob (Génesis 28:11-22)

En esta narración vemos que Jacob es enviado por su padre Isaac a tomar mujer en Aram a casa de Betuel, que era el padre de Rebeca, madre de Jacob. Es decir, que Betuel era el abuelo de Jacob. En el camino, yendo a casa de Labán su tío, Jacob sintió sueño. Se recostó a dormir y soñó. Jacob vio una escalera, ángeles bajaban, subían y Dios estaba arriba.

Génesis 28:20-22: “E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti”.

Aquí vemos que Jacob hace como una especie de trato con Jehová. Jacob comienza su voto con la palabra, “Si...”, o sea que aquí se comienza estableciendo una condición para dar el diezmo. Jacob no dice te daré el diezmo y te ruego que me bendigas. La condición de Jacob es recibir primero para luego dar. Después al pasar el tiempo, cuando surge la ley, la parte referente al diezmo ya no es un voto hecho, ni una condición establecida; es simplemente una ley que hay que cumplir.

Israel acepta la ley

Éxodo 19:8: “Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Todo lo que Jehová ha dicho, haremos. Y Moisés refirió a Jehová las palabras del pueblo”.

En este versículo se encuentra la aceptación de la ley de parte del pueblo de Israel. Dicha ley contenida en el Pacto Mosaico consistiría de los mandamientos, los juicios y las ordenanzas. La ley no le fue impuesta al pueblo de Israel, le fue ofrecida y en Éxodo 19:8, el pueblo voluntariamente la aceptó. Una vez que el pueblo la acepta, tendría que cumplirla totalmente, cosa que les sería imposible. Al aceptarla, quedaron sometidos a ella. Una parte de esta ley sería el pagar los diezmos. Como parte de la ley, esto era necesario y requerido hacerlo.

Levítico 27:30-32 expresa que el diezmo sería para Jehová, pero luego en Números 18:21-24, Jehová los da a los hijos de Leví. Por esta razón, los hijos de Leví no tendrían herencia alguna. Números 18:1-20 dice que las ofrendas serían para Aarón y sus hijos. Números 18:21-24 también nos dice que los diezmos serán para los hijos de Leví.

En Hebreos 7:1-5 Pablo vuelve a enfatizar que los diezmos son para los que son sacerdotes de los hijos de Leví, según la ley, de sus hermanos los Israelitas.

Los sacerdotes, hijos de Leví

Hebreos 7:5: “Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham”.

Este versículo aclara una serie de interrogantes a los ministros que aún tienen dudas sobre este asunto de diezmar en la dispensación de La Gracia. Me dirijo a los que puedan tener dudas, porque hay otros que no tienen duda alguna, sino que quieren seguir aprovechándose a sabiendas. ¿Quiénes tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley? Los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio. ¿De cuál pueblo los hijos de Leví tienen mandamiento de tomar los diezmos? Del pueblo que vive, según la ley, es decir, de sus hermanos. Entiendo que la presencia de este versículo bíblico en medio de los versículos que hablan del caso de la relación entre Melquisedec y Abraham, tiene un significado muy importante. Parece como si este versículo hubiese sido colocado en este lugar estratégico para enfatizar que el acto de diezmar pertenece a la ley y no a La Gracia. Recomiendo a ministros del evangelio de nuestro Señor Jesucristo, que piensen bien sobre las consecuencias que pueden surgir al estar estableciendo relaciones entre personajes bíblicos y situaciones para formular y reforzar sus doctrinas.

Los diezmos según la ley

Hebreos 7:8: “Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive”.

Los hombres mortales que reciben los diezmos aquí, son los que ya han sido señalados anteriormente en Hebreos 7:5, o sea que este versículo se está refiriendo a los sacerdotes hijos de Leví, los cuales tenían mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley. Uno de quien se da testimonio de que vive, es nuestro Señor Jesucristo.

Hermanos, cuando escribí la parte de mayordomía financiera en el libro “Jehová Jireh”, no incluí el versículo señalado anteriormente, porque no lo creí necesario. Llegué a la conclusión de que no era necesario comentarlo, porque al ser leído dentro del contexto donde se encuentra, no hay lugar a dudas de qué hombres mortales se está hablando. Los defensores del diezmo no desestiman ninguna cita bíblica, ni oportunidad que les brinde la posibilidad de usarla para defender su causa, el diezmo. Como he dicho anteriormente, conceptúo una irresponsabilidad extraer de su contexto, como sacada con pinzas, cualquier cita bíblica y presentarla a alguien. Dios sabrá cómo tratar con ministros carentes del conocimiento, pero a otros ministros que saben muy bien lo que están haciendo, el Señor les demandará.

El comentario en la Introducción de este libro (Hebreos) nos dice que, “Los pasajes doctrinales aquí, revelan el propósito de esta epístola. Ella fue escrita con un doble intento: 1) Confirmar en la fe a los judíos cristianos, demostrándoles que el judaísmo había llegado a su fin, al cumplir Cristo todo el propósito de la ley; y 2) los pasajes exhortatorios muestran que el escritor tiene en mente el perenne peligro a que están expuestos los judíos que han profesado la fe cristiana, es decir, el peligro de regresar al judaísmo o de no poseer la verdadera fe en Jesucristo”. Biblia Scofield (Pág.1246).

He tomado este tiempo y espacio porque creo que es necesario para los que hemos sido llamados a predicar el mensaje del evangelio, aprender a presentar una porción bíblica dentro de su contexto. Si citamos el versículo de Hebreos 7:8 fuera de su contexto, surgirán varias preguntas. La principal será, “¿Quiénes son esos hombres mortales a que se está refiriendo este versículo?” El ministro que ha citado el versículo, sabiendo que la gran mayoría de las personas no leen y que los que leen algo generalmente, no se esfuerzan en buscar el verdadero mensaje de lo leído, se aprovechará de eso. Dirá que esos hombres mortales somos todos nosotros, porque todos somos hombres mortales. Con esto, la persona a quien se le está ministrando quedará convencida, aunque no satisfecha.

Aunque verdaderamente no es necesario, pero será más que suficiente si lees Hebreos 7:1-10 para tener una visión clara del versículo que estamos estudiando. Este versículo se está refiriendo a los sacerdotes levitas, que son los hombres mortales que reciben los diezmos aquí en la tierra. Digo que reciben, porque creo que todos sabemos que todavía hay un pueblo judío que sigue viviendo bajo la ley. El versículo 7:5 dice, “Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque estos también hayan salido de los lomos de Abraham”. El versículo 7:9 dice, “Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos”.

Hermanos, no se necesita de mucho entendimiento para poder ver que aquí se nos está hablando de los judíos que vivían en la ley. Ellos tenían que cumplir la ley y una de sus partes era pagar el diezmo a los sacerdotes levíticos.

El sacerdocio de Melquisedec (Hebreos 7:8b)

Antes de publicar un libro, acostumbro pasarlo a algunas personas, para que me den sugerencias, señalen errores o alguna parte que pueda necesitar revisión. En este sentido, deseo reconocer la labor de la joven colombiana, Mónica Rivera, por sugerirme la necesidad de revisar la parte que paso a comentar.

Hebreos 7:8b: “Pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive”.

Hermanos, confieso que la primera vez que comenté sobre esta segunda parte de este versículo, simplemente me limité a señalar que, “allí, uno de quien se da testimonio de que vive”, se refiere al paraíso y a Melquisedec como tipo y sombra de Jesucristo.

Cuando Abraham regresa de la batalla, le rinde honor a Melquisedec (personaje bíblico mencionado por primera vez en Génesis 14:18-29), al entregarle los diezmos del botín de guerra. Este acto de Abraham implica el reconocimiento de superioridad espiritual del que bendice sobre el que diezma. Este era rey de Salem (antigua Jerusalén) y sacerdote del Dios altísimo. De Melquisedec no se menciona origen, ni se dice nada sobre su muerte, por tanto es sacerdote para siempre.

Aunque no profundicé en la segunda parte de este versículo, pude percibir que la explicación del significado de su mensaje era un reto. El reto surge al relacionar esta segunda parte con la primera. Este reto consiste en poder explicar, ¿Cómo es que nuestro Señor Jesucristo, representado por el “tipo, Melquisedec”, puede recibir nuestros diezmos allí?

Cualquier ministro materialista diezmero, simplemente dirá que Él (Melquisedec) los recibe aquí en la tierra, a través de sus ministros. La Palabra nos dice que es allí donde Él los recibe, no aquí. En el contexto de la primera parte del versículo, dice claramente quiénes son los hombres mortales que los reciben “aquí”. Estos hombres son los sacerdotes hijos de Leví.

Entonces, ¿Cómo, de qué manera será posible pagar los diezmos al Señor que está “allí”? ¿Qué será lo que el Señor demanda de nosotros, utilizando el simbolismo del diezmo?

Nuestro Señor elevó los estándares del Antiguo Testamento, de físicos y materiales, a niveles espirituales, en la dispensación de la gracia. Por tanto, ahora el acto de diezmar, en el contexto de la segunda parte de Hebreos 7:8, tendrá una connotación más elevada, es decir, espiritual. Por todo lo dicho anteriormente, entiendo que esos diezmos simbólicos se refieren a vivir una vida dedicada a Él. Mantener comunión con Él, sometiéndonos, dándole la gloria, el honor y la honra.

El acto de diezmar durante el Antiguo Testamento, significó obediencia, respeto, sometimiento, honra, o sea, el reconocimiento de la superioridad espiritual del que recibe los diezmos, con relación a quien los paga. El que bendice es superior al bendecido. Ahora, en la dispensación de la gracia, el Señor demanda de nosotros la misma reverencia, pero no diezmando materialmente. El acto de diezmar materialmente fue abolido por nuestro Señor Jesucristo en la cruz del Calvario. Ahora también el Señor demanda esta reverencia, pero a través de un diezmo espiritual simbólico, basado en lo señalado al comienzo de este párrafo.

Espero en el Señor que esto haya sido suficiente para que no te dejes engañar más... basta ya. Que Dios te bendiga. Amén.

Pastor Álvaro Rolón