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​          Sirviendo a un Dios Vivo

                                                                EXPERIENCIAS O MANIFESTACIONES SOBRENATURALES

¡Que el Señor nos bendiga!

Comienzo este escrito declarando mi posición en cuanto a las manifestaciones sobrenaturales. Creo en todas las manifestaciones del Espíritu Santo. Creo en los dones, ministerios, milagros, y en todo lo que provenga de Dios. No acepto enseñanza alguna, sueño, visión, etc., que no pase por la prueba o el cedazo de la Biblia.

Joel 2:28: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones”.

1 Corintios 14:1: “Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis”.

Hay muchos más versículos bíblicos que se expresan en forma positiva sobre experiencias y manifestaciones sobrenaturales. También en el Nuevo Testamento encontramos otros versículos bíblicos que nos advierten sobre manifestaciones carnales, y a veces satánicas o demoníacas. Algunos de estos versículos nos exhortan a escudriñar la Palabra, a escoger lo bueno y desechar lo malo. Ejemplos de estas escrituras son: Gálatas 1:8-9, San Juan 5:39, Hechos 17:10-11, 1 Timoteo 4:7, etc.

La Biblia nos exhorta a no aceptar toda manifestación sobrenatural como revelación de parte de Dios. Dichas manifestaciones deben ser analizadas, estudiadas, a la luz de la Palabra de Dios. No puede existir revelación de parte de Dios, que esté en desacuerdo con lo establecido por la Biblia. Por más real que haya sido la experiencia, tiene que pasar la prueba, el cedazo o filtro de la Palabra de Dios. Existe gran cantidad de porciones bíblicas que nos advierten sobre falsas manifestaciones sobrenaturales.

Eclesiastés 5:7: “Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios”.

Otras citas bíblicas, tales como Jeremías 23:32-34, nos hablan de sueños mentirosos. Jeremías 29:8-9 nos ordena no atender a los sueños de aquellos que no han sido llamados por el Señor. Zacarías 10:2 advierte sobre sueños vanos. Jeremías 23:25-28 señalan a los que profetizan engaños.

También varias porciones bíblicas se refieren a visiones vanas y mentirosas. (Ej. Jeremías 14:14; Ezequiel 12:24, 13:6-7, 13:23, etc.). En Jeremías 23:16 se nos advierte sobre visiones del propio corazón.

Hay muchos cristianos que, debido a su trasfondo cultural, han seguido arrastrando y no se han podido liberar de sus creencias supersticiosas y prácticas paganas. Comienzan visitando una iglesia “cristiana”, donde en algunas ocasiones, el más confundido es el ministro. Empiezan a utilizar un vocabulario, una jerga cristiana, pero básicamente han continuado con sus prácticas y creencias supersticiosas.

Estas personas supersticiosas se sienten encantadas, seducidas por todo lo sobrenatural. Inmediatamente cuando comienzan a visitar la iglesia, quieren ejercer dones, sin ni siquiera haber comenzado a leer la Biblia. Si no ven mucho movimiento sobrenatural donde se están congregando, se moverán a un lugar donde esto abunde.

Otras personas sin ningún fundamento bíblico, comienzan a visitar una congregación donde son saturadas y se les inculcan doctrinas de hombres. Como consecuencia de estar expuestas por tanto tiempo a esas enseñanzas, a veces traumáticas, terminan enfermándose mentalmente, aunque ellas mismas no lo entienden. Esos dogmas religiosos han penetrado tan profundo en su ser interno, que llegan a formar parte de él (ella) y se pueden manifestar en diferentes experiencias sobrenaturales. Estas personas han sido afectadas, han llegado a aceptar, a creer en estos dogmas, de tal manera que sólo el Señor puede librarlos de esas ataduras. Todas esas enseñanzas se convierten en su realidad. Pueden experimentar sueños, visiones, oír voces, caer en éxtasis, etc. Todos estos dogmas y experiencias sobrenaturales, vienen a formar la base religiosa de esa persona, por encima de la Biblia.

Hay un refrán popular que dice: “Dios los crea y ellos se juntan”, y la Palabra nos dice: “¿Andarán dos juntos sin estar de acuerdo?” Digo esto porque estos “cristianos” se atraen unos a otros, debido a la similitud en sus creencias. Fortalecen sus creencias y tratan de ganar adeptos a cualquier precio. Sus historias, cuentos, etc., fascinan a mucha gente, e inclusive a hermanos en la fe. Ellos no gustan de hacer estudios sistemáticos y serios sobre la Biblia. Sólo se dedican a escuchar ministros y personas con estos mismos intereses. La Palabra nos dice que: “si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán al precipicio”, y el mundo dice que: “en un valle de ciegos, el tuerto es rey”. Debido a la distorsión de la mente que sufren algunas personas, pueden llegar a cometer atrocidades.

No por rebajar al tipo de personas que son fanáticas de toda esta clase de manifestaciones sobrenaturales, pero si se hace un estudio de ellas, podremos encontrar ciertas características en común que los une.

Los ministros o personas que desean predicar o enseñar sobre la Palabra de Dios, deben usar la Biblia como fundamento o base de su enseñanza. A veces con la mejor intención, pero sin mucha responsabilidad, algunos cristianos se dedican a enseñar, o a repetir lo que escuchan de otros, sin analizarlo bíblicamente.

La revelación máxima, la profecía y toda doctrina de Dios, están expresadas en la Biblia. Las grandes herejías en la historia, han surgido cuando personas han declarado haber tenido alguna revelación, ya sea por sueños, visiones, éxtasis, etc., sin tener fundamento bíblico.

Las falsas revelaciones pueden deberse a diferentes motivaciones. Una de las motivaciones más comunes es la de satisfacer el ego, la cual es producida por la carne. Puede haber un deseo de ser usado por el Señor, pero sin pagar el precio. El precio es dedicar la vida al Señor, orando, ayunando, escudriñando la Palabra, etc. Hay que apartarse del orgullo, la vanidad, la vanagloria, y reconocer que toda la gloria y la honra son del Señor.

Espero que el Señor toque muchas almas confundidas por el enemigo y que se sometan a Su voluntad.

El Gadareno

Desde hace poco tiempo para acá, los temas de las famosas “Maldiciones Generacionales”, la Brujería, hechicería y todo poder demoníaco se han convertido en la fascinación de los cristianos, especialmente en las iglesias pentecostales y en otras independientes. En iglesias tales como bautistas, episcopales, luteranas, y algunas otras, no se le ha dado tanta importancia a esta nueva doctrina. Hoy día en muchos círculos religiosos, estos temas tienen la mayor aceptación y atención. Mientras los ministros predican, enseñan, exhortan a despojarse o liberarse de esas maldiciones, la membresía tiembla por el temor que se les infunde. Cualquier persona aterrorizada es fácil de manipular, sin importar su nivel académico o posición económica, etc. Aducen que todo es causado por maldiciones, las cuales hay que romper. Sin el propósito de ofender a nadie, digo que toda esta situación se parece más al contexto de ese ambiente de brujería pueblerino, que al de una iglesia cristiana. Se habla más y se le da más énfasis al poder de maldiciones, brujería, hechizos, zombis, que al de nuestro Señor Jesucristo. Cada día surgen más predicadores del poder de estas maldiciones, de brujas, etc. Cuando un predicador alude a la narración de alguna experiencia o historia sobre este tipo de cosas, al finalizar su narrativa no debe olvidar de dejar claramente en la mente de los oyentes, que todo el poder de esa clase de cosas es nada, comparado con el poder de nuestro Señor. Debemos dejar claramente establecido que en su nombre, Jesús concedió también a nosotros ese poder sobre los demonios.

San Mateo 18:18: “De cierto os digo, que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”.

San Marcos 16:17ª: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios”.

Al finalizar la narración, recomiendo relatar la porción bíblica sobre, “El Gadareno” (San Mateo 8:23-24, San Marcos 5:1-17 y San Lucas 8:26-37).

La Palabra describe a los gadarenos como los que moraban en los sepulcros, y que eran tan feroces que nadie podía pasar por aquel camino. San Marcos relata que nadie podía atar al Gadareno, ni aún con cadenas; dice que las hacía pedazos y desmenuzaba los grillos; nadie le podía dominar. Daba voces día y noche en montes y sepulcros, hiriéndose con piedras. San Lucas agrega que no usaba ropas y que estaba así desde hacía mucho tiempo.

Sería sumamente peligroso dejar aquí esta narración, es dañino tanto para el lector como para el oyente. Es muy necesario terminar el relato con la destrucción o eliminación de este mal. Tenemos que realzar el poder de Jesús contra cualquier demonio.

Cuando Jesús pasa por el lugar, San Mateo relata que los demonios clamaron diciendo: “¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” San Mateo 8:29. Luego “los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos”. San Mateo 8:31. San Marcos nos dice que, “cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante Él. Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes”. San Marcos 5:6-7. San Lucas narra: “Este, al ver a Jesús, lanzó un gran grito, y postrándose a sus pies exclamó a gran voz: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes”. San Lucas 8:28.

Alguien podría preguntarse, ¿para qué escribo todo esto, que ya está escrito en la Biblia? Mi propósito es subrayar, enfatizar, aclarar, etc., que no importa lo feroz que sea un endemoniado, ya sea figurando como zombi, brujo, hechicero, practicante de vudú, o lo que sea, ante la presencia de Jesús y ahora, frente a un verdadero cristiano, no tiene poder alguno. Tiene que someterse y obedecer.

En un programa de radio de una emisora cristiana, escuché a un predicador expresarse enfáticamente sobre la necesidad de romper conjuros, hechizos o brujerías. Decía en su mensaje, que eso era lo que mantenía a muchos cristianos y a sus familias enteras en condiciones deplorables. Aunque ya había escrito bastante sobre este tema, sentí curiosidad por saber qué dice el diccionario sobre el particular. En el Diccionario General Ilustrado de la Lengua Española encontré lo siguiente:

Conjuro

Imprecación supersticiosa, con la cual cree el vulgo que hacen sus prodigios los hechiceros. Es sinónimo de maldición. (Pág. 415).

Imprecar

Proferir palabras con que se pida o se manifieste desear vivamente que alguien reciba (un mal, daño, desgracia, etc.). Es sinónimo de maldecir. (Pág. 858).

Prodigio

Es un hecho, un suceso sobrenatural. Es una cosa rara o primorosa. También puede ser un milagro. (Pág. 1283).

Recomiendo a maestros, predicadores del evangelio, etc., a centralizar sus mensajes en la Biblia, y no en sueños, visiones, historias, cuentos de caminos y supersticiones en general.

¡Dios dirija nuestros caminos!

Pastor Álvaro Rolón