​                                                                     GÉNESIS 3:16-19 FUE ANULADA EN LA CRUZ DEL CALVARIO


Génesis 3:16-19: "A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás."

En la narración de la creación del hombre en Génesis 1:26-27, la Palabra nos dice que Dios los creó varón y hembra. En el versículo 1:28 comienza la primera dispensación, la inocencia, y el primer pacto, el Pacto Edénico. Dispensación de la inocencia, por cuanto el hombre no tenía conocimiento del bien ni del mal. Pacto Edénico, porque este pacto fue decretado durante el tiempo que el hombre viviera en estado de inocencia en el Edén.

Génesis 1:28: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.

Si comparamos la narración de la creación que encontramos en Génesis 1:26-28, con la de Génesis 2:7-25, aparentemente hay cosas contradictorias, pero esto es imposible porque la Palabra de Dios no se contradice, se sustenta y se complementa. La narración en Génesis 1:26-28, es como un resumen de la que se encuentra en Génesis 2:7-25, la cual es más amplia y completa. Esto puede contestar la pregunta que tienen algunas personas sobre, ¿con quién se casó Caín, etc.? Estas personas dicen que esto era imposible, porque no había más gente. En la narración de Génesis 1:26-27, nos dice que sí había más gente. La Palabra nos habla de Adán y Eva, de Caín y Abel, pero en realidad es en forma simbólica. Adán y Eva, Caín y Abel son representantes de toda la raza humana que Dios creó.

Génesis 1:28b: “Fructificad y multiplicaos, llenad la tierra, y sojuzgadla”.

Dios ordena, autoriza y capacita al hombre para multiplicarse desde el primer momento que lo creó, varón y hembra los creó.

El hombre podía disfrutar de todo, pero había una manera en que el hombre probaría su obediencia a Dios, que encontramos en:

Génesis 2:16-17: “Y mandó Jehová Dios al hombre diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.

Luego, en Génesis 3:6 encontramos que el hombre desobedece al Señor y obedece la voz de Satanás. Como consecuencia de esa desobediencia, el hombre entrega a Satanás todo lo que Dios le había concedido. Por eso es que en la Biblia, Satanás es conocido como el rey o como el príncipe de este mundo. Otra consecuencia de esta desobediencia fue la expulsión del hombre del Edén (Génesis 3:23-24). La totalidad de las consecuencias de la desobediencia del hombre la encontramos en Génesis 3:14-19.

Los resultados de la desobediencia del hombre en el jardín del Edén no los podemos considerar como maldición generacional. Primero que nada, puedo señalar que las maldiciones generacionales son pronunciadas en contra de alguna familia o alguna parte o grupo particular de la raza humana. La sentencia que encontramos en Génesis 3:14-19, se refiere a toda la raza humana, y es para siempre, hasta el fin de la existencia humana como tal. Jehová condenó a la serpiente por su maldad.

Génesis 3:15: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

Con la simiente (simiente, descendiente) de la mujer, Dios se refería a nuestro Señor Jesucristo. Desde ese momento siempre hubo una simiente santa. Esta simiente fueron Abel, Set, Noé, Sem, Abraham, Isaac, Jacob, Judá, David y Emanuel (Dios con nosotros, el Cristo de la Gloria). Con Jesucristo se cumplió parte de la sentencia a la serpiente, Satanás. En la cruz del Calvario, Jesucristo derrotó a Satanás y a todo su imperio. Ahora, cuando nosotros aceptamos a nuestro Señor Jesucristo como nuestro único y exclusivo Salvador, recibimos perdón de pecados y la salvación eterna. Esta salvación nunca la perderemos, aunque si nos salimos de la voluntad de Dios, pagaremos en esta vida las consecuencias del pecado. Cuando nos arrepentimos en el nombre de Jesucristo, seremos perdonados y volveremos a disfrutar de esa comunión con Dios, o sea de la salvación terrenal.

En el caso de la parte referente a toda la raza humana, encontramos en:

Génesis 3:16ª: “A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”.

Cuando una mujer acepta a Jesucristo, en ella se cumplen las grandes nuevas de salvación que nuestro Señor Jesucristo ofrece. El dolor de dar a luz de una mujer cristiana más que condenación es una bendición. La mujer cristiana reconoce el acto de dar a luz como una de las mayores bendiciones de parte de Dios. Por tanto, puedo resumir que ya ese dolor en la cristiana, es un dolor santo y deseado, aunque un poco traumático. Su confianza y fe están puestos en el Señor y ahora comprende que es necesario que todo acontezca como ha sido dispuesto por la voluntad del Señor.

En Génesis 3:16b, lo cual se refiere a la condición o relación entre el hombre y la mujer la Palabra nos dice de la siguiente manera:

Génesis 3:16b: “Y tu deseo será para tu marido y él se enseñoreará de ti”.

En varias escrituras encontramos que nuestro Señor Jesucristo vino a traernos libertad, tanto a hombres como a mujeres. Cuando Jesús pronuncia sus promesas y bendiciones, son para ambos sexos. Jesucristo mantiene, pero aclara cierto orden establecido para el matrimonio, que a veces mal interpretamos. En los evangelios principalmente, encontramos escrituras que antes de Jesucristo eran interpretadas de cierta forma, pero que nuestro Señor las reestructura y las aclara. Por ejemplo en San Mateo 19:3-10, los fariseos se acercaron a Jesús para tentarle con sus preguntas:

San Mateo 19:3b: “¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?”

Aquí vemos establecida la diferencia entre la potestad del hombre y la mujer en cuanto al matrimonio. No dice que la mujer tenga el mismo derecho. Jesucristo les señala la escritura desde la creación, dejándoles ver que esa no era la voluntad de Dios. Jesús les señala que Moisés permitió que esto sucediera así:

San Mateo 19:8: “Por la dureza de vuestro corazón, Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así”.

Jesús aquí señala que al principio de la creación no fue así, es decir, mientras el hombre vivía en estado de inocencia. Cuando el hombre cae en el jardín del Edén y por consecuencia entra el pecado, todo cambió. No por voluntad de Dios, sino debido a la maldad que penetró la raza humana.

San Mateo 19:5" “Y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”.

Esta fue y es la voluntad de Dios desde el principio. Si hombre y mujer se complementan de tal manera que ya no sean dos sino uno, entonces no debe existir superioridad en ninguno de los dos sobre el otro.

Entiendo que hay un orden establecido por Dios en el Antiguo Testamento y sostenido por nuestro Señor Jesucristo con un propósito sabio, no como ventaja para uno y desventaja para el otro en el matrimonio, sino como un orden divino.

1 Corintios 11:3: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”.

1 Corintios 11:8-9: “Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón”.

Si utilizamos estas dos porciones bíblicas anteriores como base para una predicación, se podría llegar a concluir que el hombre es superior a la mujer. Luego de que Pablo hace estas declaraciones, inmediatamente expresa el resumen de las tales, en Cristo Jesús Señor nuestro.

1 Corintios 11:11-12: “Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios”.

Gálatas 3:25-28: “Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.

Podría señalar otras escrituras que declaran nulas o desechas, algunas creencias en la superioridad del hombre sobre la mujer, pero me detendré aquí. En el futuro espero publicar un libro que ya he comenzado titulado, “Relaciones de Parejas”. En este libro abundaré sobre lo expuesto en esta sesión, además de otros temas.

Para resumir, puedo decir que para mi entendimiento, cuando la Palabra se refiere o señala al hombre como cabeza del hogar, significa que tiene mayor responsabilidad, por ejemplo, como proveedor, guardián, etc., de su familia. Este hecho no le convierte en un dictador de todas las decisiones ni de toda actividad que haya que realizarse en el hogar. Por el contrario, esto lo coloca en una posición más delicada, por cuanto es mayor su responsabilidad cuando tenga que dar cuentas al Señor sobre su hogar.

Hasta aquí mi comentario de lo que entiendo que nuestro Señor Jesucristo dijo o aclaró sobre Génesis 3:16b. Espero que sirva para esclarecer alguna interpretación errónea sobre este tema.

En Génesis 3:17-19, Jehová pronuncia su sentencia hecha al hombre por su desobediencia.

Génesis 3:17b: “Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”.

Son muchos los cambios y bendiciones que la raza humana y la tierra en general recibimos con la venida de nuestro Señor Jesucristo.

San Mateo 5:13ª: “Vosotros sois la sal de la tierra”.

San Mateo 5:14ª: “Vosotros sois la luz del mundo”.

Cuando aceptamos a nuestro Señor Jesucristo nos convertimos en sal de la tierra y luz del mundo. Ya la tierra no será insípida, ni el mundo estará en tinieblas. Aquí vemos que aquella maldición de la tierra que fue pronunciada en Génesis 3:17b, es cancelada por Jesucristo, por la voluntad del Padre. Cuando nuestro Señor Jesucristo se fue a morar con el Padre, nos envió el otro consolador, es decir, el Espíritu Santo que mora en cada hijo de Dios. De esta manera comenzó la iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Si el cuerpo de Cristo está presente ahora en la tierra, no hay condenación alguna para los que forman parte de este cuerpo aquí en la tierra. Por esta razón, podemos decir que Génesis 3:17b ya no tiene vigencia para nosotros. Aunque estamos en este mundo, no somos de este mundo. Para los cristianos la tierra no es maldita, ni nuestro trabajo es motivo de condenación, sino un acto de sumisión y obediencia. Nuestro trabajo nos hace sentir que estamos cumpliendo con la voluntad de Dios. Lo hacemos con amor, sabiendo que su fruto será para bendición, tanto para nuestra familia como para sostener la iglesia del Señor.

El Señor ha dado poder a su iglesia aquí en la tierra para atar y desatar lo que sea necesario para el bienestar y la bendición del cuerpo de Cristo.

San Mateo 18:18: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”.

Esta promesa nos indica que la tierra ya no es maldita para la iglesia, ahora por la misericordia del Señor, la tierra es bendecida para su pueblo.

San Lucas 2:13-14: “Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”

Aunque vivimos en esta tierra, podemos tener paz en la tormenta, sin importar las circunstancias.

San Lucas 11:2: “Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”.

Ministros, hermanos, ya toda maldición sea generacional, perpetua o como sea, ha sido cancelada por nuestro Señor Jesucristo por la voluntad del Padre. La sentencia de Génesis 3:15-18 ha sido totalmente cumplida y anulada para la iglesia de Cristo. Nosotros no estamos bajo maldición estamos en bendición.

En Génesis 3:19, la Palabra señala la muerte física como parte de la sentencia a la humanidad por haber pecado.

Génesis 3:19: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.

Esta parte de la sentencia manifiesta una muerte eterna. Aquí no encontramos esperanza de resurrección, pero luego, a medida que la revelación de Dios aumenta, comenzamos a recibir esta esperanza, que llega a su plenitud por medio de nuestro Señor Jesucristo.

1 Corintios 15:54b-55: “Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”

El apóstol Pablo expresa su sentir con relación a la muerte. En la siguiente porción de la escritura, entiendo que Pablo nos deja ver con mayor claridad lo expuesto en 1 Corintios 15:54b-55:

Filipenses 1:21: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”.

Pablo sigue expresando que para él el vivir en la carne resulta en beneficio de la obra, pero que su deseo es partir y estar con Cristo. Agrega que estar con Cristo es mucho mejor, pero finaliza diciendo que quedar en la carne es más necesario por causa de la iglesia.

1 Tesalonicenses 4:16: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero”.

Espero que todo lo expresado en esta sección sea de ayuda para aceptar que ya no estamos bajo ninguna maldición. Si nos mantenemos en la voluntad del Señor, tendremos comunión con Él, y Él cuidará de nosotros. Si desobedecemos, entonces nosotros mismos abriremos puertas a demonios y legiones para que influyan y se manifiesten en nosotros. Por tanto, no debemos estar echando culpa o escudándonos en alegadas maldiciones generacionales. No son maldiciones, sino que se debe a nuestra propia concupiscencia, que después de haber conocido al Señor, volvemos a descuidarnos. Si te has descuidado y estás pasando por tribulaciones, arrepiéntete, pide perdón a Dios en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, y serás perdonado. Amén.

¡Que el Señor nos cuide a todos!

Pastor Álvaro Rolón


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