​                                              LA BRUJERÍA O HECHICERÍA POPULAR (DEL VULGO)

¡Que el Señor ilumine nuestro sendero!

En el libro "Jehová-Jireh" y en una sección del libro "En la Gracia", comenté sobre el hecho de que bíblicamente no encontramos maldición alguna que fuese expresada por Satanás o algún demonio. Las maldiciones son pronunciadas por Jehová, por los profetas o por algún hombre de Dios. Mencioné este tema en la clase que se llevó a cabo el sábado 6 de agosto de 2005 en la iglesia Liberando al Cautivo. Luego de finalizada la clase, mi hija mayor, Ana C. Uyemura, me dijo que no quiso interrumpir, pero que ella tenía una duda. Le pedí que me la expresara y me preguntó ¿qué se podría decir sobre las personas que dicen o hacen hechicerías o brujerías? En el momento no pude darle una respuesta, porque en realidad no había analizado este asunto anteriormente. Al llegar a mi casa, la pregunta de mi hija continuaba en mi mente y comencé a buscar en la Biblia sobre el particular. Lo primero que descubrí es que la palabra brujo o brujería como tal, es decir como nosotros la conocemos, no aparece en la Biblia. Entonces busqué sobre: hechicero, hechicería, hechizo, magia, mago, adivino-na, adivinar, adivinación, etc.

No encontré porción alguna de la Palabra que se refiera a daño, beneficio o favor hechos a alguna persona a través de brujerías, ni de hechicerías, ni de ninguno de los medios mencionados anteriormente, realizados por poderes sobrenaturales de alguna persona común. Cuando uso el término persona común, me estoy refiriendo a alguien que no fue profeta, rey o alguna otra persona escogida por Dios en forma especial, en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento podemos desechar esta posibilidad totalmente. La brujería o la hechicería popular, es el producto del poder sobrenatural que se les atribuye o que reclaman poseer algunas personas, y alegan que les capacita para invocar, ordenar, y enviar espíritus a causar daños o beneficios a otra(s) persona(s). De aquí en adelante usaré el término “brujería o hechicería popular” para referirme al fenómeno descrito anteriormente. Jehová condena la hechicería porque es catalogada como un tipo de idolatría y para lograr estas hechicerías (lo que es llamado así en la Biblia, no lo que nosotros conocemos como hechicerías y brujerías), se utilizan formas y cosas abominables a Jehová. Malditos los que consultan a los muertos, dice Jehová. En 1 de Samuel 28:7, se nos relata el caso de Saúl y la adivina de Endor. Saúl pide a la adivina que le haga venir a Samuel hacia él. La Palabra nos relata que en una forma extraña, la adivina hizo que Samuel apareciera. En este caso no se hace brujería y tampoco daño a otra persona.

La Palabra nos da ejemplos de maldiciones que son pronunciadas por Jehová Dios, por profetas de Dios o por ciertos hombres escogidos por Dios. Estos son los que la Biblia nos señala como teniendo poder para maldecir. Si hacemos un análisis de las maldiciones de la Biblia, ninguna es pronunciada por el poder de Satanás o demonios, etc., sino por el poder de Dios.

Entiendo que todo esto suena raro, porque no es lo que estamos acostumbrados escuchar, tanto en la calle como en las iglesias. Si me confieso delante del Señor, tengo que aceptar que todo esto ha sido una gran sorpresa para mí también. Hemos sido enseñados, educados y orientados muchas veces por ministros que sólo repiten lo que oyen y no se dedican al estudio de la Palabra en comunión con el Señor. Agradeceré a cualquier persona o hermano que lea sobre este tema, que si tiene algún comentario con base bíblica en desacuerdo con lo expresado aquí, que por favor se comunique conmigo. Subrayé la palabra bíblica, porque valorizo cualquier comentario que se base en la Palabra de Dios. No tengo tiempo para tratar con ejemplos de lo que vio la comadre, el “daño” que le hicieron a fulano o el “fufú” que mató a zutano.

En 1 Samuel se nos narra que Jehová se apartó de Saúl debido a su desobediencia. Saúl comenzó a recibir la visita de un espíritu malo de parte de Dios.


1 Samuel 16:23: “Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él”.


En este pasaje encontramos que el espíritu malo no procedía de parte de una bruja o hechicera, sino de Dios. También debemos considerar, que la relación de Dios con el hombre en el Antiguo Testamento era muy diferente a la relación que tenemos con Él, ahora en la gracia. La revelación de Dios es progresiva, lo que hace que la relación también sea mejor.

Hermanos, nosotros somos cristianos y nos debemos dejar regir por la Palabra de Dios. Dentro de la iglesia de Cristo se mueven muchas cosas que no son bíblicas, sino que las hemos recibido de otras culturas. Hemos recibido mucho de las religiones orientales, de los africanos, de los indígenas de diferentes regiones del mundo, y otros. La iglesia de Cristo debe ser limpiada de toda esta escoria extranjera. Los ministros debemos comenzar por dedicarnos más al estudio de la Palabra, la oración y el ayuno. Los ministros no debemos seguir aceptando, enseñando y ministrando cosas que se han colado en el cristianismo y que tienden a confundir a los hermanos. Como ministros de Dios, tenemos la responsabilidad que nos exige el Señor.

San Juan 21:16: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.”

El Ministerio Liberando al Cautivo, Inc., tiene de parte del Señor, el llamado y la encomienda de señalar y velar por la sana doctrina. Todo este tipo de estudio libera al que está cautivo creyendo todo este tipo de cosas que parecen más brujerías y chabacanerías que “cristianismo”.

Cuando la Biblia nos habla de hechiceros, se está refiriendo a algo muy diferente al concepto o significado que nosotros tenemos sobre ese término o palabra. Para nosotros, fuera del contexto bíblico, hechicería es sinónimo de brujería. Cuando hablamos en nuestro contexto diario de brujería o hechicería, fuera de la Biblia, nos estamos refiriendo a personas que por poderes sobrenaturales satánicos pueden preparar brebajes, hacer oraciones, recetas, baños con plantas, perfumes, recomendar la práctica de ritos y muchas otras cosas. Generalmente estas prácticas recetadas o recomendadas, tienen como propósito hacer daño físico o mental, unir a alguien con otra persona aún en contra de su voluntad, e inclusive causarle la muerte a alguien. Otro tipo de hechicería o brujería mundana es llamada magia blanca. Le añaden el adjetivo “blanca”, porque ellos dicen que es con un buen propósito. Dicen que lo que hacen es dirigido por Dios a través de ángeles. Alegan romper hechizos, liberar a personas de maldiciones, brujerías, enfermedades, etc.

Sobre este asunto de la magia blanca, la Palabra de Dios la invalida y desmiente esta posibilidad con la siguiente escritura:

San Mateo 12:26: “Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?

Es muy triste saber que por ignorancia, debido a la falta de orientación por parte de algunos ministros, muchos cristianos viven en esta confusión. Hay que entender que nadie puede dar de lo que no tiene. Quizás el ministro está más confundido que la misma congregación. A los seres humanos nos atraen las cosas ocultas y también es posible que ministros no ignorantes, sino mal intencionados, utilicen estos recursos de miedos, temores, mitos, etc., para atraer gente a sus congregaciones.

La hechicería y los hechiceros de los cuales nos habla la Biblia, nunca se refieren a los hechiceros o brujos de que se habla por ahí, por los vecindarios.

Hermanos, no teman, ni crean en toda esta mentira satánica. Somos hijos de Dios, que es todopoderoso. Satanás, los demonios ni nadie pueden hacer algo que no sea permitido por el Señor, y cuyo propósito es positivo, es decir para nuestro bien. Se puede dar el caso en que por nuestra propia concupiscencia o pecado permitamos la entrada de demonios a nuestro ser. En este caso pagaremos las consecuencias de nuestro pecado. Creo que existen ministros que no tienen suficientes temas bíblicos para hablar y se aprovechan de estos enredos y confusiones, para poder hablar de algo y mantener entretenida a la congregación.

La Palabra de Dios menciona hechizo, hechicería, hechicero (a), etc., en varias porciones bíblicas. En Éxodo 7:10-12, la vara de Moisés se convierte en culebra y las de los sabios y hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos. En Éxodo 7:20-22, Moisés y Aarón hacen que las aguas se conviertan en sangre y los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo. Así continuaron en Éxodo 8:7. En Éxodo 8:16-19, Moisés y Aarón convirtieron el polvo de la tierra en piojos, pero los hechiceros de Faraón no pudieron. Estos hechiceros le dijeron a Faraón: “Dedo de Dios es este”, pero el corazón de Faraón se endureció y no los escuchó. De esa manera continuaron Moisés y Aarón haciendo milagros, pero Jehová continuaba endureciendo el corazón de Faraón. Más adelante, en Éxodo 22:18, como parte de la ley, está el siguiente edicto, “A la hechicera no dejarás que viva”. Luego, en Deuteronomio 18:9-11, la Palabra les advierte sobre las prácticas idólatras al entrar a la tierra prometida.

Deuteronomio 18:9-11: “Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija, por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos”.

En esta porción de la Palabra se nos da prácticamente la lista de las prácticas idólatras. En ninguna parte de esta cita encontramos que se mencione la brujería o hechicería, que es ejercida, pronunciada o practicada por alguna persona común, que pudiese hacer daño a otra persona. En otras citas que he revisado sobre hechiceros, tales como Isaías 19:3, 57:3; Malaquías 3:5; Apocalipsis 21:8, 22:14; tampoco hay ningún vestigio de la brujería o hechicería en la que creen muchas personas, incluyendo cristianos. También examiné, 2 Reyes 9:22; Miqueas 5:12; Gálatas 5:20; Apocalipsis 9:21, 18:23; Isaías 47:9, 12; Nahum 3:4, y tampoco hay ningún caso de la brujería o hechicería que muchos de nosotros conocemos.

En el libro de los Hechos 8:9-25, encontramos el caso de Simón el mago. El versículo 8:9 dice que Simón había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por alguien grande. El 9:11 dice que les había engañado por mucho tiempo con sus artes mágicas. En esta porción bíblica tampoco hallamos nada sobre el tema que estamos discutiendo.

En Hechos 13:6-12, tenemos la narración sobre el mago falso profeta llamado en hebreo Barjesús y en griego Elimas. Este mago resistía a Saulo y a Bernabé, para que no le predicaran el evangelio al procónsul Sergio Paulo. Por esto Pablo pronunció las siguientes palabras contra él:

Hechos 13:11ª: “Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por algún tiempo”.

Hechos 19:19 nos dice que los que practicaban la magia, usaban libros.

Resumiendo todo lo dicho y señalado anteriormente, declaro que no he encontrado en la Biblia ningún caso que reconozca la existencia de poderes malignos, por los cuales una persona pueda invocar algún muerto, demonio o lo que sea, que pueda hacerle daño o bien a otra persona. Entiendo que en realidad estas creencias populares han llegado a nosotros de otras culturas. Las culturas africanas, indias, orientales y de algunas otras regiones, contienen mucho de lo que nos ha invadido a nosotros, en nuestra cultura y aún a la iglesia cristiana.

Hermanos, no crean ni teman a todas estas mentiras satánicas. Satanás y todos sus secuaces sólo pueden hacer lo que Jehová nuestro Dios le permite. Cuando nosotros nos descuidamos y cometemos pecados, el Señor permite la influencia de demonios en nosotros, no por su deseo o voluntad, sino para que nos arrepintamos y pidamos perdón en el nombre de Jesús. Ni Satanás ni sus seguidores pueden hacer nada por sí mismos.

La Palabra no nos advierte de cuidarnos del daño que nos pueden causar los brujos y otro tipo de hechiceros. La Palabra nos dice que “nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino contra potestades, etc.; no dice contra brujos ni hechiceros populares.

Hermanos, recuerdo que cuando era niño, una de las cosas que me fascinaba era, cuando en las noches algunos vecinos se reunían en mi casa o en algún otro lugar para narrar “cuentos de caminos”. Eran narraciones interminables sobre brujas, hechizos, brujerías, aparecidos, entierros (tesoros) que dejaban algunas personas al morir, y muchos otros temas. Cuando uno se cría en ese ambiente, es muy difícil liberarse de esos recuerdos dañinos. En muchas ocasiones, todas esas narraciones nos dejan marcados para el resto de la vida. En este momento podría escribir un libro completo sobre este tipo de narraciones. Uno de los puntos más fuertes de estas narraciones es el hecho de que muchas son narradas por personas que uno considera muy sinceras, de credibilidad, honestas. Entre los 16 y 17 años, asistí a unas “fiestas patronales” (feria) con dos primos, uno de mi pueblo Toa Alta, P.R., y el otro de Cataño, P.R. Como a las 2:00 a.m., mientras regresábamos a nuestro barrio, al entrar por un caminito como a media milla de la casa, vimos frente a nosotros una figura acostada en el camino. Medía como seis pies de altura y estaba completamente vestida de blanco. Hacía como una semana que había muerto un vecino, exactamente con la misma descripción y su casa estaba ubicada allí al frente. Uno de mis primos y yo, que éramos de aquella área, nos detuvimos y comenzamos a retroceder. El otro primo, que no era de mi pueblo, no sabía nada del que había muerto y nos dijo: “Ese tiene que ser un borracho”. Nosotros le dijimos: “OK, está bien, ve y verifica tú”. Él se acercó a la figura y nos llamó, “acérquense, mira es un señor borracho dormido”. Nos acercamos y pudimos reconocer a la persona, que era un señor del barrio.

He narrado esta experiencia para decirles que si nuestro primo del otro pueblo no hubiese estado allí, este hecho habría pasado a la historia y habría quedado como una aparición. Experiencias de esta naturaleza son las que forman y crean un ambiente de ocultismo, fascinando a la gente y creando una adicción al ocultismo y a las historias de brujerías, hechicerías, santerías y todo ese tipo de creencias malignas sobrenaturales. Sin querer ofender a nadie, hay predicadores que basan sus “predicaciones” en este tipo de narraciones. Ellos cautivan a la audiencia, debido a que esta clase de narraciones agrada mucho al ser humano. Si se les priva de estas narraciones, en realidad muchos predicadores no tienen mucho más de qué hablar.

Recomiendo a ministros del evangelio revisar sus temas de predicación, porque quizás sin ninguna mala intención, podrían estar realzando, adorando y dando poderes a Satanás y a sus demonios, que en realidad no tienen. Eso podría catalogarse de idolatría a Satanás, demonios, brujos, hechiceros, etc., que en realidad sólo pueden hacer lo que el Señor les permita, de acuerdo con su voluntad. Cuando nos apartamos de la voluntad del Señor, estamos abriendo las puertas a los demonios y entonces podrán hacernos el daño que solamente el Señor les permita.

Isaías 54:17ª: “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio”.

Para poder actuar, tanto Satanás como los demonios, tienen que recibir y sujetarse a órdenes, permisos y encomiendas del Señor.

Job 1:12: “Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová”.

Satanás se aparece delante de Jehová e indirectamente hace petición a Jehová para que le permita zarandear a Job. Jehová le concede el permiso, pero con ciertas restricciones. Nuestro Dios sabe hasta dónde hemos sido capacitados por Él, para resistir las tentaciones. Él no permite que seamos tentados más de lo que podamos resistir.

En la Palabra de Dios encontramos la narración sobre los endemoniados de Gadara. Eran seres terribles y todos en aquella vecindad les temían. La narrativa nos dice que eran feroces y que nadie podía pasar por aquel camino. Cuando aparece nuestro Señor en la escena aquellos demonios le temen e inmediatamente se sujetan a Él, y le obedecen.

San Mateo 8:31: “Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos hechas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos”.

Otra narración similar hecha por San Marcos, es un poco más descriptiva sobre la situación de aquella persona poseída por un espíritu inmundo. Esto lo puedes encontrar en San Marcos 5:1-5.

Hermanos, esta narrativa nos permite ver claramente que estos demonios tenían temerosa a toda aquella comunidad. Todo termina cuando nuestro Señor Jesús aparece en acción. Esta historia nos puede aclarar todas esas historias de brujas, zombis, hechiceros, etc., de diferentes partes del mundo como por ejemplo, Haití, República Dominicana, Puerto Rico, Cuba y muchos otros. No estoy negando que esto suceda, pero estoy tratando de aclarar por medio de la Palabra que, el origen y el poder de estas brujas, hechiceros, zombis, etc., sólo se debe a la presencia de legiones demoníacas. La creencia popular, que recibimos de las culturas africanas, indias, orientales, etc., les atribuye más poderes de los que realmente poseen. Recomiendo a ministros de la Palabra, que vuelvan a analizar estas creencias a la luz de la Biblia. En todos los casos que encontramos en la Biblia sobre este asunto, vemos que los demonios tienen que obedecer al Señor. Cuando nosotros aceptamos a Jesucristo como el Señor de nuestras vidas, quedamos sellados con el Espíritu Santo y somos coherederos con el Señor. Recibimos poder de parte del Señor contra demonios, principados, potestades y todas las huestes malignas.

San Marcos 16:17ª: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios”.

San Mateo 18:18: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”.

Creo que los ministros del evangelio son los primeros que deben creer la Palabra y su efectividad, para luego poder instruir a otros. Si el ministro está confundido, lleno de todas estas creencias y aberraciones, terminará confundiendo a todo el que reciba su ministración.

San Mateo 15:14: “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo”.

Oseas 4:6ª: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento”.

En mi barrio solían decir que: “En un valle de ciegos, el tuerto es el rey”. Ministro, métete en la Palabra de Dios y deja de predicar sobre ocultismo y cuentos de caminos. De nuestro Señor es todo el poder, toda la gloria y toda la honra. Satanás y todos sus demonios atemorizan a quien no ha podido digerir bien la Palabra de Dios. También estos demonios pueden causar algún daño, al que no ha conocido al Señor, y al que ha conocido al Señor y luego se ha apartado, saliéndose de la voluntad de Dios y abriendo las puertas al enemigo.

San Marcos 3:11: “Y los espíritus, al verle, se postraban delante de él, y daban voces diciendo: Tú eres el Hijo de Dios”.

San Marcos 7:29: “Entonces le dijo: Por esta palabra ve; el demonio ha salido de tu hija”.

San Lucas 4:33-34: “Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz, diciendo: Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios”.

Ministros, hermanos, amigos, creo que es suficiente evidencia escritural, para dejar establecido que Satanás y sus demonios no tienen poder alguno sobre los cristianos, cuando estamos en la voluntad del Señor. Hermanos, no es sólo cuestión de creer; la Palabra nos dice que:

Santiago 2:19: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan”.

Además de aceptar a Jesucristo como Señor y dueño de nuestras vidas, tenemos que escudriñar las escrituras. No es asunto de simplemente aprender y repetir muchos versículos de memoria, lo cual es muy bueno, pero hay más. Escudriñar es penetrar en el mensaje de la Palabra, inspirado y dirigidos por el Espíritu Santo.

San Juan 8:44b: “Él (Satanás), ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”.

Todas estas experiencias, narraciones y enredos sobre cosas sobrenaturales malignas, la Biblia las reduce a la acción demoníaca. Todo esto es posible a las personas que no han conocido ni aceptado al Señor como su Salvador. También pueden ser engañados los cristianos que no han entendido el verdadero mensaje de la Palabra. Estos cristianos permanecen en ignorancia, por falta de un ministro que les oriente, que les ministre un evangelio claro, sano y limpio de contaminación de creencias populares. Uno no puede dar de lo que no tiene, por tanto se recomienda a los ministros del evangelio leer, escudriñar la Palabra y no dejarse llevar por todas estas narraciones y cuentos de caminos. Entiendo que algunos ministros sentirán amenazadas sus teologías y temas de predicación. Les sugiero que oren al Señor, que permitan que Él les hable, que no se sientan avergonzados, y que no se aferren a sus creencias sólo porque las han enseñado por años. Nunca es tarde para recibir revelación del Señor.

2 Timoteo 4:3-4:“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”.

Son muchos los casos que encontramos en el Nuevo Testamento, donde muchas veces es el mismo Jesús quien invalida todas las creencias pueblerinas sobre los poderes del maligno y sus secuaces.

San Lucas 22:31-32: “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”.

Espero que este comentario sirva para inquietar a ministros para que revisen sus creencias.

Hermanos, amigos, que el Señor nos bendiga, nos ilumine y nos guíe por los senderos de la verdad.

¡Que el Señor sea con nosotros!

Pastor Álvaro Rolón

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