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​          Sirviendo a un Dios Vivo

La Lucha entre el Espíritu y la Carne

Nacemos con el pecado original, pecado causado por la desobediencia de Adán y Eva al mandato de Jehová. También nacemos con el espíritu del hombre, que tiene su origen en el soplo de vida que Dios realizó en el hombre. Nacemos con el espíritu del hombre, pero en estado latente o dormido, debido a la presencia o condición causado por el pecado original. La conciencia es la única parte del espíritu del hombre que está consciente o activa todo el tiempo.

La conciencia

Ahora analicemos algunas citas bíblicas sobre la función de la conciencia:

Salmo 16:7: "Bendeciré a Jehová que me aconseja; Aún en las noches me enseña mi conciencia."

San Juan 8:9: "Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio."

1 Corintios 4:4: "Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor."

1 Corintios 8:7: "Pero no en todo hay este conocimiento; porque algunos, habituados hasta aquí a los ídolos, comen como sacrificado a ídolos y su conciencia siendo débil, se contamina."

1 Corintios 8:10: "Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un lugar de ídolos, la conciencia de aquel que es débil, ¿no será estimulada a comer de lo sacrificado a los ídolos? y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil por quien Cristo murió."

Tito 1:15: "Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas."

1 Timoteo 4:1-3: "Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad.”

A través de la lectura de las anteriores citas bíblicas, podemos comentar que la conciencia juega un papel muy importante en gran parte de nuestras decisiones. Esta conciencia a veces nos acusa, cuando hemos hecho algo indebido. En otras ocasiones nos impulsa a detener algo que estamos haciendo. Nos revela lo que es justo, y lo que no, de acuerdo a nuestras experiencias y conocimientos. Cuando se habla de tener mala conciencia, o cargos de conciencia, es debido al hecho de haber actuado de manera impropia en alguna circunstancia de la vida. Algunos tienen las conciencia más débil que otros. Esto significa que fácilmente desarrollan cargos de conciencia injustificadamente. Lo contrario ocurre en personas que tienen la conciencia cauterizada. Estas personas, sin importar lo que hagan, jamás sienten cargo de conciencia alguno.

Cuando aceptamos a Jesucristo, ocurre una serie de eventos sobrenaturales. El Espíritu Santo entra en nosotros y permanece para siempre. El espíritu del hombre recibe la salvación activa por la presencia y acción del Espíritu Santo, en el momento que aceptamos a Jesucristo. El Espíritu Santo y el espíritu del hombre no se funden, aunque funcionan en acuerdo. Comienza una lucha entre el espíritu del hombre, ayudado por el Espíritu Santo y la carne, es decir, los malos deseos o la concupiscencia. Estos malos deseos de la carne eran los que nos gobernaban antes de aceptar a nuestro Señor. Romanos 8:7 nos revela que: "Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede." En esta lucha entre el espíritu del hombre y la concupiscencia, o sea, los deseos de la carne, triunfará el más fuerte. El más fuerte será el mejor alimentado o fortalecido. El espíritu del hombre se alimentará con la palabra de Dios. Algunas actividades que fortalecen al espíritu son: la oración, el ayuno, estudios bíblicos, la meditación, etc. Si el alma es convencida por el espíritu del hombre, éste se santificará más.

Desde el acto del pecado original, la carne estuvo dirigiendo al hombre hasta que nuestro Señor Jesucristo nos libró de tal atadura y nos hizo hijos de Dios.

La carne

Cuando la Palabra de Dios habla sobre la carne, podría estarse refiriendo a diferentes cosas. A veces puede estar hablando del componente biológico de nuestro cuerpo físico, en inglés "flesh", por ejemplo:

Génesis 40:19: "Al cabo de tres días quitará Faraón tu cabeza de sobre ti, y te hará colgar en la horca, y las aves comerán tu carne de sobre ti."

En otras ocasiones, estará señalando la unión entre dos personas (esposos), por ejemplo, Génesis 2:24. Refiriéndose a parientes, tenemos el ejemplo de Jueces 9:2. Toda carne, se refiere a la existencia humana, incluyendo también a veces al reino animal, ejemplo: Salmo 145:21. El concepto de la debilidad y flaqueza de la carne tiene su ejemplo en el Salmo 56:4.

Pablo es excepcional (aunque cp. los escritos de Qumrán) en el uso peyorativo (consiste en emplear o entender una palabra en peor sentido, cuando tiene más de uno), de "sarx" = carne. Siendo la parte terrenal del hombre, la carne tiene sus concupiscencias (Efesios 2:3) que producen una preocupación carnal, cuyo fin es la muerte, es decir, la "enemistad contra Dios" (Romanos 8:5). Vivir "según la carne" (Romanos 8:12), que se opone al Espíritu y produce obras terribles (Gálatas 5:17-21), es innecesario y fatal. En este sentido, carne denota toda la personalidad del hombre, organizada para el egoísmo.

La concupiscencia

Ahora veamos, qué nos dicen algunas porciones bíblicas sobre la concupiscencia:

Romanos 1:24: "Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos."

Romanos 6:12: "No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias."

1 Tesalonicenses 4:2-5: "Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios."

2 Timoteo 3:6: "Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias."

Tito 3:3: "Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros."

Santiago 1:13-15: "Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte."

Luego de estudiados estos versículos, podríamos resumir, que la concupiscencia son los malos deseos de la carne. Mientras estemos en este mundo, tendremos que continuar luchando contra estos deseos perversos. El remedio para mantenernos fuera del dominio de la concupiscencia, es santificarnos cada día más.

Génesis 6:5 dice: "Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal."

La concupiscencia de la carne se alimentará con pornografía, adulterio, fornicación, lascivia, lujuria, prostitución, borracheras, etc., etc.

El alma es el instrumento con que nacemos para poder comunicarnos con las cosas de este mundo material; es el asiento de las emociones y controla la parte moral; es neutral y se inclinará hacia el lado del más fuerte de los dos y el espíritu del hombre, o de la concupiscencia de la carne.

El alma es la parte, o el instrumento con que nacemos para interactuar o relacionarnos con el mundo material. Es el asiento de las emociones que son los afectos, deseos, sentimientos, etc. El hecho de razonar, la voluntad y las demás emociones vienen del alma, es decir, de afuera. La inspiración viene del espíritu, o sea, de adentro. El estado emocional del hombre natural es cambiante. Por cada emoción que se despliega, hay otra contraria que también se abre. Luego de un momento de alegría, viene otro de depresión.

San Juan 10:10 nos aclara: "El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia."

La Palabra del Señor nos pide que nos mantengamos firmes, obedeciendo al espíritu, y no satisfagamos los deseos de la carne. Que nuestro estado emocional sea estable y no cambiante.

Santiago 1:8 expresa: "El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos."

Dependiendo hacia qué lado está inclinada el alma (de la carne o del espíritu), así actuarán las emociones. Las emociones no tienen principios ni reglas. Repito, que dependen de las condiciones del alma. Nuestro Señor nos ha dado leyes espirituales para no dejarnos guiar por el enemigo.

Romanos 8:8: "Los que viven según la carne, no pueden agradar a Dios."

Las personas emocionales dependen de lo que les hagan o lo que les suceda. El espiritual depende única y exclusivamente de la autoridad y voluntad de Dios. Las emociones nunca deben influir en las decisiones espirituales.

1 Timoteo 4:16: "Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren."

No importa todo el conocimiento que podamos tener, es nuestro deber mantenernos en alerta de todo lo que nos rodea. En esta cita bíblica encontramos a San Pablo advirtiendo a Timoteo que tiene que cuidarse. Hermanos, recuerden que por más santificados que estemos, como quiera la concupiscencia de la carne estará presente, esperando su oportunidad para actuar.

Si el alma es convencida por la carne, ésta le abrirá las puertas a los demonios, los cuales la influenciarán y realizarán sus actividades satánicas. Así continuará la persona hasta que las circunstancias de su vida se ponga tan difícil, que se arrepienta. Si luego de arrepentido pide perdón a Dios en el nombre de Jesucristo, el Señor le perdona. Aunque es perdonado (espiritualmente), eso no le exime de pagar por las consecuencias del pecado, aquí en este mundo.

Los cristianos tenemos la responsabilidad de velar por nuestro crecimiento espiritual. Tenemos que controlar nuestro vocabulario, los pensamientos, nuestras acciones y todo nuestro desempeño en las cosas de la vida. Debemos ocuparnos de vivir en la voluntad del Señor, estudiar la Palabra de Dios cada día y apartarnos de cosas que agradan a nuestra carne, pero que nos separan del Señor.

Debemos recordar siempre que, San Mateo 26:41 nos advierte: "el Espíritu está presto pero la carne es débil." Por esta razón es que debemos mantenernos alertas a todo lo que acontece a nuestro alrededor.

2 Corintios 10:3-5: "Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo."

Pastor Álvaro Rolón