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​          Sirviendo a un Dios Vivo

                                         LA MINISTRACIÓN EN LA IGLESIA CRISTIANA


1 Corintios 14:26: “¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para la edificación.”

1 Corintios 14:40: “pero hágase todo decentemente y con orden.”

La ministración en la iglesia cristiana primitiva era bastante diferente a la iglesia de hoy. Las reuniones se hacían generalmente en las casas. Los cristianos en sus comienzos no tenían templos y no encuentro alguna escritura que muestre indicios de planes para construirlos. Aparentemente eso de poseer templos no les pasaba a ellos por la mente. Los grandes y majestuosos templos, al igual que las sinagogas, pertenecían a los judíos. Quizás estos cristianos de los comienzos de la iglesia, relacionaban los templos y sinagogas con la religión judaica. Podríamos decir que la cantidad de personas que se reunía no era tan numerosa, sólo las que cabían dentro de la casa. Otro punto para sostener esta suposición es la descripción de la manera de ministrar, donde todos podían participar, 1 Corintios 14:23-40. El apóstol era el responsable de velar por el funcionamiento de estas congregaciones, y Pablo era quien siempre estaba visitando las diferentes iglesias locales. No tenía una iglesia como base que le proporcionara lo necesario para el sostenimiento. Pablo trabajaba, aunque deja claramente establecido que tenía derecho a que se le proveyera para sus necesidades. Pablo desempeñaba la labor de apóstol, el cual era su ministerio y por tanto, sabía que por cuanto tenía que estar viajando y ocupándose de las demás iglesias, él no podía cumplir con la labor que demanda el Señor para un pastor. Una de dos, o era apóstol viajando y supervisando, etc., o era pastor cuidando de su rebaño, dedicado de lleno a su iglesia.

San Juan 10:14: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.”

A veces no comprendo cómo es que han surgido otros tipos de ministerios que no los veo en la Biblia. Hablando con un hermano sobre este tema, él se refería al ministerio de los “súper-pastores”, que son los “Pastores”, de las “súper-Iglesias”. Le pregunté por el prefijo “súper” y me explicó que se refería al tamaño de esas instituciones.

Con relación a la cita bíblica de San Juan 10:14, me pregunto, ¿Cómo será posible que estos pastores puedan conocer a sus ovejas, como dice la escritura citada anteriormente? Se dice de un “súper-pastor” que estaba en un lugar público y alguien le saludó. “¡Buenos días pastor!, Que el Señor le bendiga, y ¿cómo están las cosas?” El pastor le respondió: “Que Dios te bendiga, y ¿cómo sabes que soy pastor? ¿Me has visto en el programa de televisión?” “No pastor, hace dos años que soy miembro de su iglesia.”

Aunque esta narración aparenta ser fantástica y jocosa, realmente ocurre en la actualidad. Recuerdo a una hermana, esposa de un “súper-pastor”, que decía que a Dios no le agradan las iglesias pequeñas. Inmediatamente surgieron algunas preguntas a mi mente. Bueno, quizás cuando estos hermanos comenzaron a pastorear, a Dios le gustaba las iglesias pequeñas, y luego cuando crecieron, dejaron de gustarle. También pensé, posiblemente ellos no comenzaron la iglesia que dirigen, sino que esperaron a que el pastor que la inició muriera, o que cayera en algún pecado y entonces entraron y se apoderaron de todo.

Hay un refrán pueblerino que dice que, “el que mucho abarca, poco aprieta”, que se puede aplicar a algunos pastores que, teniendo una iglesia de miles de miembros, siguen añadiendo más cada día. Aparentemente esto está bien, pero estos pastores deben detenerse y pensar que ellos son simplemente instrumentos del Señor y no súper estrellas; que ellos no tienen ninguna finquita privada, sino que son parte de la iglesia de Jesucristo. Muchas veces tienen el montón de diferentes talentos sentados en las bancas, tales como músicos, cantantes, secretarias, predicadores, etc. Sentados, porque son demasiados, y no pueden dejarles ministrar a todos muy a menudo. Estos hermanos, que han recibido su ministerio de parte del Señor, siguen esperando porque es una iglesia grande y famosa. Sueñan con ser estrellas de esa congregación, ser vistos y escuchados por miles, y salir por radio, televisión, Internet, etc. Están desenfocados del llamado que recibieron del Señor. En ocasiones, se apoderan de ellos espíritus de orgullo, vanidad, vanagloria y todo este tipo de anomalías espirituales. No tienen quién les abra los ojos espirituales, porque quizás los que los dirigen también están ciegos. “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.” San Matero 15:14.

Posiblemente este pastor ha olvidado en realidad cuál es su labor como pastor. ¿Qué cuentas rendirá al Señor cuando le llegue el momento? ¿Le dirá que su iglesia era de tantos miles.

Comparo la ministración en la iglesia cristiana, con los alimentos que consumimos para nutrir nuestro cuerpo físico. En este aspecto comenzamos educando al niño en cuanto a sus hábitos alimenticios. Le vamos enseñando, tratando de que llegue el momento que consuma una dieta completa y balanceada. Si no prestamos atención, se criará desnutrido, consumiendo sólo postres, dulces, etc., porque es lo que le agrada. Igualmente, si los ministros descuidamos la iglesia, terminará consumiendo sólo los postres de la ministración. Estos postres son los cánticos especiales, coritos, dramas, celebraciones de tantas y tantas actividades, etc. Pero ¿qué de la carne, de la ensalada, vegetales, y otros alimentos requeridos? En lo espiritual, la carne y estos otros alimentos, corresponden al estudio de la Palabra, la oración, el ayuno, el mensaje de la Palabra, etc. El postre gusta mucho, pero en exceso es maligno. Tratemos de brindar una dieta balanceada espiritual a nuestras iglesias para que estén saludables.

Debido al ministerio que ejerzo, visito diferentes iglesias para la recopilación de testimonios cristianos. Es triste ver cómo pastores de iglesias pequeñas, carecen de casi todo lo necesario para brindar un buen servicio, mientras que otros pastores acaparadores de iglesias grandes, vigilan constantemente que nadie se les vaya a servir al Señor en otra iglesia pequeña. Estos acaparadores de ministerios y talentos cristianos, usualmente buscan alguna escritura para justificar su egoísmo. La realidad es que quieren crecer en número y en la mayordomía más que su competencia. A veces se presenta una competencia malsana y abominable. Algunos pastores se encuentran, se saludan y hasta se abrazan, aunque se repudian el uno al otro por la competencia; esto se llama hipocresía.

Otros súper-pastores están localizados en diferentes sectores de una ciudad grande, y por su conducta, se asemejan a los “compadres sicilianos.” Es como si se hubiesen dividido la ciudad. Controlan el montón de medios y aniquilan a siervos de Dios que no tienen las mismas oportunidades. Hasta en el mundo secular por ejemplo, las leyes proveen para los pequeños negociantes, pero en algunos casos, la iglesia cristiana trata de aniquilarlos.

Deseo terminar este tema exhortando a los ministros de Dios a meditar en lo que aquí he expuesto. Despierta y reconoce quién eres. Eres un siervo de Dios, que un día tendrás que rendir cuentas. No eres el Papa, eres un obrero en la viña del Señor y no dueño de ninguna hacienda. Trata de apartarte de todos esos espíritus de egoísmo, envidias, celos, orgullo, vanidad, vanagloria, y a veces hasta de maldad. Recuerda que por tus habilidades, capacidades, intelecto, etc., puedes engañar y manipular una congregación, pero hay alguien a quien no podrás engañar.

Que el Espíritu Santo te redarguya, antes de que el Señor te entregue a una mente reprobada. Amén.

Pastor Álvaro Rolón​