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​          Sirviendo a un Dios Vivo

La Ofrenda en "La Gracia"

SERIE: DIEZMOS Y OFRENDAS
 
Tema: “La Ofrenda en La Gracia”
 
 Desde hace bastante tiempo he estado sintiendo en mi corazón, una gran inquietud y preocupación de parte del Señor, al escuchar a tanta gente expresarse en forma negativa con relación a algunas congregaciones cristianas. Son muchas las personas que conocen la Palabra de Dios, pero debido a tantas situaciones desagradables que suceden en algunas iglesias cristianas, han decidido no asistir a ninguna. Personalmente creo que es un error, porque nosotros tenemos que poner nuestra mirada en Cristo y no en el hombre. Pero, ya sea un error o no, esto está sucediendo a un número alarmante de personas. Creo que las personas responsables de que esto suceda, un día tendrán que rendir cuentas a Dios.
 Con este escrito me propongo crear inquietud en el pastorado local e internacional, para que revisen los métodos y prácticas que están utilizando, especialmente para levantar fondos. Esta situación, más otros asuntos que no deseo mencionar ahora, me han motivado a tomar la decisión de comenzar esta obra. Uno de los propósitos de este ministerio apostólico es ayudar a liberar a miles de cristianos que han sido heridos, lastimados, y aún atados por los efectos de malas administraciones en algunas iglesias cristianas. En algunos casos, esto se ha efectuado mediante diversas formas de manipulación de textos bíblicos, mayormente relacionados con mayordomía económica, es decir, sobre diezmos y ofrendas.
 Antes de continuar, deseo aclarar que en nuestras iglesias creemos en ofrendar de la forma en que lo establece nuestro Señor Jesucristo en la Palabra, en la dispensación de la gracia. Creemos que debemos dejar que sea el Espíritu Santo quien toque e inspire a las personas para que voluntaria y alegremente decidan aportar lo que sientan en su corazón, sin necesidad de manipulación o presión humana. La Palabra dice: “Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” 2 Corintios 9:7. Pienso que este versículo se explica por sí solo. Si con persuasión humana yo logro que alguien dé lo que no propuso en su corazón, luego le llegará la tristeza y eso no es bíblico. Si usamos la proclamación y ministración del evangelio en general, llevarán a esa persona a desarrollar una fe que, tocado por el Espíritu Santo, contribuirá como le sea posible y se sentirá satisfecho porque sale de su corazón.
 
 “Y Él dijo: ¡Ay de vosotros también, intérpretes de la ley!, porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis.” San Lucas 11:46.
 
 No debo tratar de exigir a nadie, que tenga cierto grado de fe, que yo mismo no tengo. ¿Por qué pido a otros que den y den, diciéndoles que el Señor les proveerá lo necesario? ¿Por qué tengo que estar presionando a mis hermanos, si yo tengo fe? ¿Por virtud de mi fe, no debo yo tener la certeza de que Dios proveerá lo que necesita la Iglesia que pastoreo, sin tener que manipular y torcer la Palabra? Bueno, si me pongo a hacer algo que Dios no me ha mandado, entonces sí tengo que usar mis propias artimañas para logra lo que quiero hacer.
 En el próximo artículo continuaré con más detalles sobre este tema. Debido a todo lo dicho anteriormente, nuestras iglesias tendrán una cajita en la parte posterior de la nave. El que de corazón desee hacer alguna contribución, sea miembro o no, puede depositarla ahí. Al lado tendremos unos sobres, para quien desee el informe del total de sus aportaciones al final del año, para el reporte de impuestos. No queremos desarrollar actitudes farisaicas, haciendo público lo mucho que alguien dio y humillando al que no le es posible dar nada.
 
 Las promesas en la gracia
 
“Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra.” 2 Corintios 9:5.
 
 Entiendo que no hay nada malo y es bíblico exhortar sanamente al pueblo de Dios, para que coopere con el sostenimiento de la obra. Creo que esta exhortación es muy necesaria y beneficiosa cuando en realidad se requiera hacerlo. En esta escritura, Pablo ha enviado para Corinto, a Tito y a otros compañeros para que estén preparados para recibirle a él y a algunos macedonios que posiblemente irían con él. Se sobreentiende que anticipadamente ya algunos corintios habían hecho promesas para estar preparados para este recibimiento. Aquí he encontrado algo un poco diferente a lo que se escucha hoy día en las “promesas de fe”.
 
“Ahora, pues, llevad también a cabo el hacerlo, para que como estuvisteis prontos a querer, así también lo estéis en cumplir conforme a lo que tengáis. Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene. Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez.” 2 Corintios 8:11-13.
 
 Luego de haber estado meditando sobre si escribía sobre este tema o no, sentí que debía hacerlo. Estuve leyendo todo ese día viernes 26 de noviembre de 2004, buscando en la Biblia y escribiendo. Muy cansado, como a las 11:30 p.m. me encontré con esta escritura de 2 Corintios 8:11-13. Recibo esto como confirmación y premio de parte del Señor, por el esfuerzo y persistencia en el estudio de su Palabra. Digo que es una confirmación de lo que deseo señalar, porque en estos capítulos 8 y 9 de 2 Corintios, y especialmente en los versículos 8:11-13, Pablo señala que se debe cumplir conforme a lo que uno tiene y no según lo que no tiene. En los versículos siguientes al 13, se nos indica el propósito o para qué se hacen estas promesas, a base de lo que se tiene y no según lo que no se tiene. Este propósito no es para que unos cristianos, tengan la posición que tengan, vivan como reyes y otros en extrema pobreza. El versículo 13 lo expresa claramente, “porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez”.  Los versículos siguientes continúan acentuando que entre cristianos debe existir igualdad económica hasta donde sea posible. Los que tienen más, deben aportar no sólo para ministros o para la construcción de lujosos templos, sino para el bienestar de todos los hijos de Dios, los hermanos en la fe.
 Luego de finalizado este estudio, me siento más firme con relación al rechazo de la práctica de la ministración de las llamadas “promesas de fe”, sobre lo que no se tiene. Promesas hechas a base de lo que no se tiene, manipulando e induciendo a los hermanos a comprometerse en algo que una gran mayoría luego no podrán cumplir y que les causará mucho daño. Después de hacer la promesa y no poder cumplirla, recibirán los dardos de las acusaciones, que pegarán directamente a la conciencia de los hermanos, los cuales recibirán heridas posiblemente mortales espiritualmente hablando.
 Estoy consciente de lo que recibiré junto al Ministerio Liberando al Cautivo, luego de haber publicado este libro, pero el Señor me ha dado Palabra.
 
“No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.” 2 Crónicas 20:15b.
 
 Tengo la fe de parte del Señor, que lo expresado aquí también trabajará en el corazón y en la conciencia de ministros sensibles a la voz de Dios. Exhorto a ministros a pedirle al Señor que aumente su fe en cuanto a la mayordomía de las finanzas. Que no tengan que depender de sus propias destrezas y habilidades manipuladoras para tocar el corazón de su congregación. Pido al Señor que despierte conciencias y redarguya al que esté fuera de su voluntad en esta área de la ministración. Amén.
 
 La Palabra de Dios
 
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” San Mateo 24:35.
 
 La Palabra de Dios no pasará, pero a veces puede ser mal interpretada ignorantemente y en otras ocasiones puede ser manipulada, lo que implica mayor condenación. El Señor jamás cambia su Palabra, pero la esencia de su mensaje es progresiva. El mensaje de la Palabra de Dios es más profundo de lo que se pueda humanamente interpretar. De ahí surge la confusión que crean y difunden, los que se aprovechan de los que tienen menos conocimiento de la Palabra en el pueblo de Dios, para manipularla y así satisfacer sus expectativas y caprichos. Dios no es dios de confusión, pero el contenido profundo de su mensaje hay que discernirlo espiritualmente. Si el que se acerca a la Biblia lo hace carnalmente, con el único propósito de extraer palabras para sustentar sus propósitos, sólo eso recibirá, conocimiento literal humano. No podrá profundizar en los misterios de la voluntad de Dios, ni podrá extraer el santo mensaje que contiene.
 El mensaje de Dios, la forma en que Dios ha tratado con el hombre desde su caída en el jardín del Edén, ha sido una revelación progresiva. Esto está explicado en la parte de este libro sobre las “Dispensaciones y Pactos”. Entiendo que tocar el asunto sobre el diezmo como algo perteneciente y relativo a la “Dispensación de la Ley”, es como sacudir un avispero. Desde que sentí la inquietud y luego el llamado a enfatizar sobre este tema y el daño que a diario produce al evangelio de nuestro Señor Jesucristo, supe a lo que tendría que enfrentarme, pero si Dios está conmigo, quién contra mí. No venderé mi mensaje por ninguna riqueza del mundo, mi tesoro y mi esperanza es mayor y está en el reino de los cielos. La Palabra de Dios no pasa, pero a medida que el Señor ha ido aumentando su revelación progresiva, su mensaje ha evolucionado, ha sido renovado a través de las diferentes dispensaciones y pactos establecidos por Él mismo.
 Creo que la gran mayoría de los ministros conocen y están muy conscientes de esto. Lo que sucede es que ahora, estando en la dispensación de “La Gracia”, más que las leyes que regían al pueblo de Dios, ahora se requiere tener fe. En la dispensación de la ley, los apóstoles y sacerdotes disponían de leyes y estatutos que había que cumplir para satisfacer lo requerido por Dios. Hoy día, en la dispensación de “La Gracia”, se requiere que los apóstoles, pastores y otros ministros, funcionen por fe y se ejerciten en la fe. Cuando los ministros del evangelio no tienen la fe suficiente para esperar que Dios obre a través de su Espíritu Santo, tienen que retornar a los estatutos de la ley, para tratar de seguir funcionando.
 Creo que el tema del diezmo es el más, o uno de los más grandes retos para los ministros. Entiendo que ofrendar por fe no es algo sencillo, sino un gran reto. Es una burla manipular a los hermanos, presionándolos a diezmar de diferentes maneras sofisticadas y tratar de hacerles creer que lo han hecho alegremente y por fe. Luego reclamarles que, “Dios ama al dador alegre”, y que por tanto, tienen que sonreír. Todo esto lo conceptúo como algo abusivo.
 Cuando alguien toma una porción bíblica de una dispensación pasada para ponerla en contra de otra porción de la dispensación actual, “La Gracia”, creo que este hecho podría catalogarse como herejía. Hacer esto es estar en contra de la revelación progresiva de Dios, que ha tenido su máxima revelación en nuestro Señor Jesucristo. Es algo condenable realizar esta acción con el propósito de justificar y para satisfacer deseos materiales de poder y grandeza.
 Hermanos, creo que no es necesario seguir citando ejemplos para mostrar que la revelación de Dios es progresiva. No debemos ir a sacar ningún versículo fuera de su contexto para tratar de justificar o encubrir nuestros puntos de vista o deseos.
 Hermanos, cuando vamos a la Palabra de Dios con deseos de escudriñarla, de extraer su verdadero mensaje, el Señor nos guía y nos revela su propósito. Confieso que he escuchado y leído el pasaje bíblico de San Mateo 24:35. Pero esta vez he recibido más luz sobre dicha escritura. Escuché a alguien referirse a esta cita bíblica, señalando implícitamente que aquí nuestro Señor Jesús está hablando del mensaje total de la Biblia. Fui a la Palabra para comentar dicha escritura y al final de mi comentario, pude hacer las siguientes observaciones. Me llamó la atención el hecho de que aquí Jesucristo está hablando en plural, con relación a su mensaje. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” De primera intención, este hecho no tendrá ningún significado especial para usted. En esta expresión en plural, Jesús se está refiriendo única y exclusivamente a sus palabras o sea, a su mensaje sobre “La Gracia”. Cuando alguien, sea quien sea, te venga con alguna cita bíblica, debes hacer lo que te exhorta la Palabra, escudriñar y buscar la verdadera revelación que hay en ella. Cuando Pablo visitaba Berea y exponía la Palabra, en cuanto Pablo se iba, los bereanos verificaban si aquella palabra debía ser aceptada o no, de acuerdo con el Pentateuco.
 Hermanos, debemos respetar a los ministros de Dios mientras anden derechos en la Palabra. No tenemos que aceptar la inmunidad ni la infalibilidad pastoral, esos son inventos de los que quieren hacer y deshacer, y que no se les mencione. Estos son los que dañan el reino de Dios y mantienen a la gente apartada de los caminos del Señor.
 Hermanos, tenemos que afinar nuestros oídos espirituales. Esto lo lograremos buscando primeramente el reino de Dios, y todas las demás cosas os vendrán por añadidura. La añadidura será provista por el Señor, si conviene y cuando convenga. Consagra verdaderamente tu vida al Señor y verás la gloria de Dios. Amén.
  El libro de Levítico 27:30-32 expresa claramente que el diezmo sería de Jehová. Luego Números 18:21-24 nos declara que Jehová dio a la tribu de Leví, los diezmos del pueblo de Israel. Por tal razón, los levitas no poseerían heredad entre los hijos de Israel. Ellos harían el servicio del tabernáculo de reunión y llevarían su iniquidad (o sea la iniquidad del pueblo de Israel).
     En varias escrituras del Nuevo Testamento se enfatiza lo dispuesto por Dios sobre los diezmos. Nuestro Señor Jesucristo en San Mateo 23:23 y San Lucas 11:42 pronuncia juicio contra los fariseos. Comienza llamándoles ¡hipócritas!, porque ellos pensaban que cumpliendo con el diezmo que les exigía la ley, estaban cumpliendo con toda la ley. El Señor continúa diciéndoles que tenían que diezmar, y que también tenían que cumplir con el resto de la ley. Hermanos, no debemos pasar por alto que el Señor les estaba hablando a los fariseos, los cuales no le aceptaron a Él. Ellos habían preferido permanecer en la ley y por esta razón es que el Señor les dice: “Eso era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”. No debemos olvidar que el Señor no les está diciendo esto a los cristianos, sino a los fariseos.
     En Hebreos 7:5 se reafirma que los sacerdotes levitas tienen el mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley. Nosotros, los cristianos, no estamos bajo la ley sino en la gracia. Gálatas 3:10-14 comienza diciéndonos que, “todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición.” “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición”.
     La pregunta que viene a nuestra mente es, ¿y de qué va a vivir la iglesia? Nuestro Señor no dejó a la iglesia desamparada; hay varias escrituras que nos confirman esto. En 1 Corintios 16:1-2, Pablo aconseja, “Cada primer día de la semana, cada uno ponga aparte algo según haya prosperado, para la ofrenda de los santos”. Luego en 2 Corintios, capítulos 8 y 9, encontramos a Pablo exhortando a los cristianos a ofrendar para los necesitados. En el tiempo de la iglesia primitiva no se enfatizaba tanto sobre el dinero en la iglesia porque los cristianos se reunían en las casas y no se construían templos. Para el pastor, San Mateo 10:8-10 nos dice que el obrero es digno de su alimento. San Lucas 10:2-7 también recalca que el obrero es digno de su salario. Dijo salario de obrero, no de presidente del país.
     Hermanos, pastores, tengamos fe de que el Espíritu Santo de Dios tocará a los que ofrendan para que den lo necesario para el sostenimiento de la obra. Amén.