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​          Sirviendo a un Dios Vivo

                                      LA PALABRA DEL SIERVO DE DIOS


San Mateo 5:37: “Pero sea vuestro hablar; sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.”

Antes de comenzar con el desagradable tema sobre “Ministros” mentirosos y engañadores, deseo hacer algunas aclaraciones. Quiero dar gracias a Dios por la gran mayoría de ministros que andan en integridad y muy derechos en los caminos del Señor. Estos ministros son la luz y la sal de la tierra por su gran labor y rectitud.

También quiero aclarar que en ocasiones he preparado el testimonio de algún ministro, sin haber recibido aprobación de ese ministro. La razón de hacerlo así ha sido para mostrarle la calidad de la edición y así tratar de recibir su aprobación. Si el ministro me dice que no, simplemente lo destruyo o a veces lo conservo por algún tiempo para ver si logro convencerlo. Si su decisión es no, no siento que me haya defraudado absolutamente en nada, nunca me dijo que lo hiciera. Por tanto, lo que menciono a continuación no es para estos ministros.

Son muchas las porciones de la Palabra de Dios en las cuales se exhorta a siervos y ministros de Dios a andar rectamente. Quiero decir, a dar un testimonio limpio de sus vidas. Para mí personalmente ha sido una experiencia impactante tener que relacionarme más estrechamente con algunos “ministros cristianos”. Confieso que me ha impactado conocer la condición espiritual que percibo en algunos, por su conducta indeseable. Ministros muy conocidos que mienten, engañan y continúan con su ministerio como si nada hubiese ocurrido. Al comenzar en el ministerio de evangelismo literario, al cual el Señor me llamó hace algunos años, he sido engañado de diferentes maneras. El engaño no ha sido de parte de hermanos laicos de la iglesia, sino de “Ministros”. Me he comunicado con algunos de estos “ministros” solicitándoles permiso para escribir e incluir sus testimonios en los libros “Testimonios Cristianos”, me han dicho que sí, me han provisto la información, y la dirección de su página en Internet. Luego de arduas y largas horas en la organización y edición, entrego el manuscrito a la secretaria para transcribirlo en la computadora. Cuando esta parte está terminada, envío una copia a la persona para que la revise y señale algún error o cambios que desea hacer. La persona me envía sus correcciones, etc., y vuelvo a entregarlo a la secretaria para hacer las correcciones y vuelvo a enviarle copia. Si no hay más cambios, envío el permiso escrito para que me lo firme y devuelva. Hermanos, doy gracias a Dios por haberme llamado a este ministerio, pero sin su ayuda esto es imposible de realizar y en especial con algunos “ministros”.

Las mentiras y engaños a que me he referido anteriormente han sido tanto con relación a dinero, como a usar y aprovecharse egoístamente del trabajo del “Ministerio Liberando al Cautivo, Inc.”, para su propio beneficio. Ministros que desean algún día escribir su testimonio, aceptan que prepare su testimonio hasta el final y entonces me vienen con alguna excusa para no otorgarme el permiso. Tengo pruebas sobre todo esto que estoy escribiendo aquí. En realidad, creo que hay “ministros” que su egoísmo y maldad los tiene ciegos. El permiso que me firman no es para darme ninguna exclusividad sobre su testimonio, es sólo una autorización para yo poder incluirlos en los libros de testimonios. Les explico que si desean luego escribir un libro sobre su testimonio, pueden utilizar el trabajo que yo les hago completamente gratis, lo que les facilitará hacer lo que deseen. Les ofrezco una promoción adelantada y completamente gratis, con el título que tendrá su libro. Hermanos, sin importarles todo esto, lo que está en su mente es mentir y engañar.

Que Dios se apiade de ellos y les vuelva a restaurar el ministerio que hace tiempo han perdido.

La Adulación

Hechos 14:11b: “Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros”.

Hechos 14:15a: “Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros”.

El título de esta sección, “La Adulación”, no se refiere ni se aplica al señalamiento de la gente de Listra, llamando Dioses a Pablo y a los discípulos. En realidad, ellos estaban confundidos. Este título tampoco alude a la reacción de Pablo y los discípulos porque ellos no aceptaron aquella reverencia, aquella equivocación. Este título sirve para señalar un mal que está ocurriendo hoy día en nuestras iglesias. Encontramos muchos aduladores y otros adictos a la adulación. A través de toda la Biblia podemos captar el rechazo de Dios a la idolatría. A Dios le desagrada la adoración a todo, excepto a Él. Para mí, la idolatría a hombres y mujeres es más abominable a Jehová que a dioses de piedra y madera. Los aduladores tratan de conseguir lo que buscan a través de sus adulaciones. El adicto a la adulación hace lo que sea necesario para recibir su porción de adulación con el fin de sentirse bien. Puede darse el caso de personas que están tan adictos a la adulación, que dejan de hacer lo que les puede proporcionar ganancia económica necesaria, a cambio de realizar algo por lo cual serán reconocidas (aduladas) en público. Creo que esta adicción es tan mala como la adicción a las drogas, alcohol, etc. Este mal es más difícil de detectar y de aceptar por el adicto, y por tanto, requiere mayor tratamiento para poder curarse.

Mi pregunta referente a las dos porciones bíblicas citadas arriba, ¿cómo responderían hoy día los adictos a la adulación, si se encuentran en esta situación de Hechos 14:11b? ¿Responderían como Pablo y los discípulos lo hicieron en Hechos 14:15a? Posiblemente algunos tratarán de volar para que los adulen más. Creo que esta situación es algo a lo cual se debe prestar más atención en el pueblo de Dios. Los ministros y pastores no debemos fomentar o alimentar este proceder en nuestras iglesias. La humildad y el deseo de servir a Dios por agradecimiento, deben ser exhortados en las congregaciones. Comparo la adulación con el exceso de un medicamento, que en vez de sanar, puede matar. El reconocimiento sano al que se destaca, etc., es como la dosis de medicina necesaria para la sanidad del cuerpo. La adulación es una manipulación o sobredosis de reconocimiento que puede causar mucho daño al adicto, el cual hará cualquier cosa que sea necesaria para recibirla.

Generalmente la adicción del tirador de drogas es mayor que la de los clientes, y por tanto, necesita una dosis mayor o más fuerte. De igual manera la persona que provee y distribuye la adulación, necesita y recibe una cantidad mayor. Cuando un adicto necesita curarse y no recibe la dosis necesaria, hace lo que sea necesario para recibirla. El adicto puede robar, asaltar, e inclusive puede matar hasta conseguir su dosis. El adicto a la adulación hace lo mismo, pero en forma diferente, la cual podría ser peor. Cuando necesita su dosis miente, roba, calumnia, desacredita, humilla, etc. Pone piedras en el camino del que Dios ha llamado y se dedica a un ministerio, pero que no se dobla ante baales ni ante becerros de oro. Busca restarle mérito al trabajo del que no le adula, porque teme que ese reconocimiento le podría restar a su gran dosis necesaria de adulación. En ciertos casos, pueden matar espiritualmente. En términos generales, mientras más alta sea la posición del individuo, existe mayor peligro de caer en esta adicción. En ocasiones le “serruchan el piso” al que se está levantando para que se caiga. A veces la adulación llega gratis y en grandes cantidades. Si el líder comienza a consumirla y a saborearla, tarde o temprano terminará mal. La adulación va poco a poco adueñándose de la voluntad de esa persona hasta que termina como becerrito de oro. Para el ser humano, esta tentación es muy fuerte para resistirla por sí mismo. Para poder mantenerse sobrio cuando estas legiones satánicas llegan, necesita del poder del Espíritu Santo. Algunos de estos adictos a la adulación crean unas habilidades que hacen un drama y montan un teatro que hacen a Satanás gemir y hasta llorar. Son expertos en actuación, fingen sentir lástima de ellos mismos. A veces terminan creyéndose ellos mismos sus historias. Otros te hacen llorar y te vacían los bolsillos. Recuerdo un conocido mío que cuando lo adulaban decía: “A mí no me des ‘coba’, dame dinero”. Él quería decir que no se conformaba con adulación, sino que lo que necesitaba era dinero. Muchos ministros usan la adulación como moneda. Repito que es bíblico reconocer a los que trabajan y hacen buenas obras. La diferencia de esto anterior con la adulación es que la adulación es un exceso de reconocimiento, es decir, un mal uso del reconocimiento sano y normal. Honor al que honor merece, pero la gloria y la honra son para el Señor. Se podría decir que hay ministros que han sido canonizados en vida por sus concilios, iglesias o membresía. La adulación es un vicio satánico, una trampa demoníaca, que al final destruirá al adulado de una forma o de otra. Puede que el ministro adulado siga subiendo, subiendo y si está en pecado, creo que Satanás ayuda a encubrirlo hasta que está en la cumbre. Luego de estar en la cima, lo descubre y lo deja caer, porque mientras más alto, más dura es la caída. Esta caída del ministro adulado puede ser terriblemente dañina, porque no sólo le hace daño a él y a sus relacionados, sino a toda la iglesia cristiana.

Tanto el ministro con los miembros de su congregación, como los líderes conciliares con sus ministros, debemos tener en cuenta el daño que podríamos causar al alentar y practicar esta “estrategia” perniciosa. El adicto a la adulación ya no hace cosas para agradar al Señor, sino para agradar a su pastor, para que mencione su nombre y se le adule. Termino esta sección exhortando a meditar sobre todo lo escrito anteriormente. Llegará el día en que tendremos que dar cuentas a nuestro Señor sobre cómo hemos usado nuestras habilidades, dones y capacidades intelectuales. Que el Señor nos bendiga y nos ayude a cambiar alguna estrategia que estemos usando y que no sea de su agrado. Que estos adictos a la adulación puedan sanar y agradar a Dios con sus acciones y no a otros hombres. Amén.


Pastor Álvaro Rolón