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​          Sirviendo a un Dios Vivo

​                                                                                 LA REPRENSIÓN DE DEMONIOS


¡Que Dios nos bendiga y nos proteja!

En el Nuevo Testamento encontramos algunos casos de reprensión de demonios. No recuerdo casos de reprensión de demonios en el Antiguo Testamento, excepto en el caso de Saúl, que cuando el espíritu malo de parte de Jehová lo atacaba, David tocaba el arpa y el espíritu tenía que salir. Nuestro Señor Jesucristo personalmente echó fuera demonios en varias ocasiones. En ninguno de los casos en que Jesús echa fuera o reprende demonios, se menciona algo sobre la brujería o hechicería popular.

San Mateo 8:16: “Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos”.

San Mateo 8:31:“Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos”.

San Mateo 9:32-33: “Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado. Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel”.

Tanto en San Mateo 9:34, 12:24, los fariseos decían que Jesús echaba fuera los demonios, por el poder del príncipe de los demonios. Jesús contesta a los fariseos esta blasfemia contra el Espíritu Santo.

San Mateo 12:27: “Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto ellos serán vuestros jueces”.

San Mateo 12:28: “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios”.

Jesús no sólo echa fuera los demonios Él mismo, sino que al instruir y enviar a los doce, les da autoridad para que ellos también puedan hacerlo.

San Mateo 10:1: “Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia”.

San Mateo 10:8: “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia”.

Jesús había creado una fama tal, que por cualquier lugar que pasara la gente le pedía curar a sus enfermos y liberar a los endemoniados.

San Mateo 15:22: “Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio”.

San Mateo 15:28: “Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora”.

La siguiente escritura es sobre un caso en que un señor llevó un hijo a los discípulos para ser sanado, pero ellos no pudieron reprender el demonio. El padre entonces acudió directamente a Jesús.

San Mateo 17:18-20ª: “Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y este quedó sano desde aquella hora. Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús les dijo: Por vuestra poca fe”.

San Mateo 17:21: “Pero este género no sale sino con oración y ayuno”.

¿A qué género se refiere Jesús? Existen dos versiones. Unos dicen que el género es el tipo, clase o categoría del demonio. Otros creen que el género a que se refiere Jesús aquí, es la incredulidad. Sea una cosa o la otra, estamos claros en que se requiere ayuno y oración para tratar con estos asuntos de reprensión de demonios.

San Lucas 4:33-35: “Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz, diciendo: Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios. Y Jesús le reprendió, diciendo: Cállate, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio de ellos, salió de él, y no le hizo daño alguno”.

Esta es una prueba de que si no hay alguien en una iglesia con discernimiento espiritual, los demonios pueden estar cómodamente participando de las actividades. Cuando aquel demonio sabe que Jesús está allí, comienza a hablar, pero Jesús le ordena que calle y que salga del hombre. El demonio salió inmediatamente.

Muchas personas dicen que son cristianas, simplemente porque creen, pero Santiago nos dice que:

Santiago 2:19: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen y tiemblan”.

Podría continuar señalando otros casos de reprensión de demonios, pero creo que ya es suficiente. El propósito de señalar todos estos casos, es para mostrar que en ninguno de ellos se ha hablado de maldiciones generacionales, ni tampoco de brujería o hechicería popular.

Cuando en una persona cristiana entran demonios, puede deberse a diferentes razones. Cualquiera que sea la razón, esta persona se ha descuidado y se ha salido de la voluntad de Dios. Al quedar desprotegido, sus puertas quedan abiertas para ser invadida de demonios. La invasión de estos demonios no se debe a brujería, ni a hechicería popular, sino al descuido, pecado o a cualquier otra desobediencia a la voluntad del Señor. En ningún lugar, la Biblia nos señala algún tipo de consejo sobre la manera de protegernos de la brujería o hechicería popular o de sus consecuencias.

Pido al Señor que abra nuestro entendimiento para recibir su revelación verdadera, limpia y sin contaminación de fuentes extranjeras. Amén.

Nuestra lucha no es contra carne y sangre

Aquí no estoy diciendo que los cristianos no podamos ser influenciados por los demonios cuando le abrimos las puertas. La Palabra de Dios nos advierte:

Efesios 6:12-13: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”.

Podríamos decir que hemos escuchado esto tantas veces, siempre lo mismo. Personalmente siento que si escuchara esto por lo menos una vez por semana, me ayudaría grandemente. Escuchamos esta escritura físicamente con nuestros oídos carnales y a veces aún puede penetrar en nuestro espíritu, pero las luchas, los afanes de este mundo cancelan su efecto, o verdadero mensaje. Aun conociendo esta escritura, muchas veces nos sentimos ofendidos, injuriados, calumniados, etc., por algunos de nuestros familiares y de los que nos rodean. Si aplicamos este versículo a la situación que estemos atravesando, entonces podríamos entender que en realidad no son esas personas quienes nos están causando daño sino los entes espirituales que están influyendo en su conducta. ¿Cómo podríamos protegernos de todo este ataque del enemigo y sus secuaces, los demonios? Siguiendo el consejo de la Palabra de Dios:

Efesios 6:11: “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”.

Aquí no nos dice que orad, o vestíos, o nada nos podrá librar de ser acechados por el diablo. Nos recomienda que debemos vestirnos de toda la armadura de Dios para poder estar firmes contra las asechanzas del diablo. Si estamos vestidos y firmes, el diablo nos asechará pero no podrá vencernos. Mientras mejor preparados estemos espiritualmente, menos daño nos podrá causar el diablo. Esta porción de la Palabra nos recomienda toda la armadura de Dios. Para facilitarnos entender este mensaje de la armadura de Dios, la Palabra usa como ejemplo la armadura de un soldado. Si al soldado le falta alguna parte de su armadura, por ahí será atacado por su enemigo y podría ser herido, o quizás totalmente vencido.

Efesios 6:14-17: “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”.

Analizando la armadura de Dios presentada en esta escritura, puedo ver que hay un orden establecido para que todo esto pueda ser posible o funcionar. La recomendación presentada aquí es para personas que ya han recibido a nuestro Señor Jesucristo como su único y exclusivo Salvador. Primero que nada, para que estos hermanos puedan vestirse con esta vestidura, deben estar en comunión con el Señor; deben conocer lo expresado en el versículo 6:11-12, es decir, que no tenemos lucha contra carne y sangre, etc. Para poder manifestar la verdad y vestirnos con la coraza de justicia tenemos que estar viviendo una vida santa, o sea, apartada para el Señor; para poder estar calzados con el apresto del evangelio de la paz y tener el escudo de fe, necesitamos escudriñar la Palabra de Dios. La Biblia nos enseña que la fe viene por escuchar la Palabra de Dios. Para tomar el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios, tenemos que conocer en qué consiste la salvación, y todo lo relacionado con ella.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gálatas 2:20ª)

Romanos 8:17-18: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”.

En esta escritura (versículo 8:17) debemos entender que padecer juntamente con Cristo no es lo que nos dará la salvación eterna. El precio de nuestra salvación eterna fue pagado por nuestro Señor Jesucristo en la cruz del Calvario. Los padecimientos, situaciones negativas o problemas que tendremos en este mundo, los tendremos siendo cristianos o no. La Palabra nos dice que cuando llueve, llueve para todos, justos e injustos. Aquí se nos está ofreciendo consuelo, por cuanto nuestros padecimientos, al igual que Cristo padeció, nos serán recompensados en el juicio de los galardones, si los sufrimos en fe de que a pesar de todo eso, el Señor está con nosotros y aceptamos todo bajo esa esperanza.

El versículo 8:18 nos consuela sobre nuestros padecimientos, reafirmando que la gloria que disfrutaremos en la vida futura, será mucho mayor que todas las aflicciones que tengamos que sufrir en esta vida.

Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Cuando aceptamos a nuestro Señor Jesucristo como nuestro único y exclusivo Salvador, pasamos de muerte a vida. Pasamos del poder de las tinieblas a la luz, pero aunque desde ese momento tenemos la salvación eterna por gracia, posiblemente necesitamos ser liberados de ataduras. Estas ataduras no son maldiciones generacionales, ni brujerías, sino vicios, malas costumbres y toda cosa que toma el tiempo y lugar del Señor. Cuando nuestro Señor Jesucristo resucitó a Lázaro, aunque estaba vivo, Jesús ordenó a los discípulos, desatadle. El Señor nos da la salvación eterna por gracia, pero nos deja algo que nosotros tendremos que hacer para comenzar a disfrutar de esa salvación aquí en la tierra. A ese comienzo de la salvación es a la que yo le he llamado, “la salvación terrenal”, que es la que podemos disfrutar aquí en la tierra, mientras mantenemos la comunión con el Señor. Si rompemos esa comunión, pagaremos las consecuencias del pecado aquí en la tierra, es decir que perderemos esa paz o comunión con el Señor, mientras esa condición o situación dure. Recobraremos y volveremos a disfrutar de esa salvación terrenal cuando nos reconciliemos con el Señor. Una vez que recibimos la salvación eterna por gracia, nunca la perderemos. Si después de haber aceptado al Señor no hacemos lo correcto en nuestra vida, y morimos en esa condición, seremos avergonzados y perderemos nuestros galardones en el juicio de Jesucristo para ser galardonados o avergonzados, pero no perderemos la salvación eterna.

Espero que este escrito sea de provecho para liberar a los cautivos de miedos y creencias sin fundamentos bíblicos. La gloria y la honra sean para nuestro Dios.

¡Que el Señor nos cuide!

Pastor Álvaro Rolón