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                                                                          LAS FINANZAS EN EL PUEBLO DE DIOS

¡Que el Señor nos inspire!

Introducción: Los judaizantes

La lucha de los apóstoles en contra de las demandas de los judaizantes comenzó desde los inicios de la Iglesia. Ellos deseaban ser cristianos, pero a la vez querían que los nuevos convertidos observaran la ley de Moisés.

Hechos 15:5: “Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés”.

Los apóstoles y ancianos se reunieron para tratar el asunto. Pablo y Bernabé tuvieron una gran contienda con estos judaizantes. Pedro expresó su opinión en aquella reunión:

Hechos 15:10: “Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?”

Después de que Pedro habló, tomaron la palabra Santiago y Jacobo. En este concilio, finalmente se llegó a la siguiente conclusión:

Hechos 15:19-20: “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre”.

En el libro de los Hechos 15:5, algunos de los fariseos pedían que los gentiles convertidos fueran circuncidados y que guardaran la ley de Moisés. Luego de analizar y discutir ampliamente el asunto, se llegó a una decisión sabia y prudente. Los gentiles convertidos no tendrían que ser circuncidados, ni estarían bajo la ley sino en la gracia. Hubo una recomendación que se expresa en Hechos 15:19-20, pero su motivo o razón fue para mostrar gracia, y no como requisito para la salvación. De esta manera, los judíos piadosos no serían escandalizados, ni ofendidos, porque para ellos estas cosas mencionadas en Hechos 15:19-20 eran de las más abominables.

El capítulo 14 de Romanos nos exhorta principalmente a no ser de tropiezo a nuestros hermanos más débiles en la fe. El siguiente versículo resume el contenido y mensaje de todo el capítulo:

Romanos 14:21: “Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite”.

Todo lo que he expresado arriba, tiene el propósito de señalar, qué parte de la ley se recomendó guardar, y cuál fue la razón de tal recomendación. Aquí no vemos ni siquiera a los judaizantes mencionar nada sobre el diezmo.

Lo que expresa Pedro en Hechos 15:10, señala el querer exigir a los cristianos el cumplimiento de la ley de Moisés, como manera de tentar a Dios. Pienso yo, ¿No se estará incurriendo en el mismo pecado al querer imponer los diezmos a los cristianos, en la dispensación de la gracia? Ministro que lees este libro, piensa, medita en lo que estás haciendo. Llegará el día en que tendremos que dar cuentas al dueño de la viña. Que el Señor te guíe y te bendiga. Amén.

El Diezmo Antes, Durante y Después de la Ley

La ofrenda de Caín y Abel

Génesis 4:3-5: “Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.”

En esta porción de la Palabra, debemos observar que, aquí no se está hablando de diezmos, sino de ofrendas. Aquí queda claramente establecido que lo mejor debe ser para el Señor. El Señor se agrada de nuestras ofrendas cuando estas son ofrecidas desde lo profundo de nuestro corazón. La ofrenda debe ser voluntaria y no actuar como Caín, que quiso cumplir y aparentar que él estaba ofrendando lo mejor. Quizás si Caín no hubiese ofrendado nada, el Señor hubiese tratado diferente con él, pero la hipocresía, querer cumplir por cumplir, no es agradable a Dios. Algo similar ocurre cuando Ananías y Safira mienten, tratando de aparentar ser como otros que eran sinceros de corazón. A Ananías y Safira se les dijo que pudieron haberse quedado con todo si querían, porque todo era de ellos. El pecado de ellos fue la mentira. Creo que también el pecado de Caín fue tratar de hacer creer al Señor que estaba ofrendando de corazón, lo que también fue una mentira como en el caso de Ananías y Safira.

Abram entrega a Melquisedec los diezmos del botín de guerra

Génesis 14:19-20 : “Y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo”.

Esta es la primera vez que se menciona el diezmo en la Biblia. El diezmar no era algo que el pueblo practicaba. Este caso fue una situación especial, es decir, un caso aislado. Debido a la relación especial de Abram con Jehová, la revelación recibida por él también era especial. La relación y la revelación de aquel pueblo con Jehová Dios, no era la misma que la de su Patriarca Abram. Podemos resumir que Jehová le reveló a Abram una parte de los requisitos de la futura ley. Luego que el pueblo de Israel aceptó voluntariamente dicha ley, les fue impuesta para tener que cumplirla en su totalidad.

Algunos ministros más astutos que otros, se han percatado de que las diferencias existentes entre las dispensaciones de “la ley” y “la gracia”, pueden ser visualizadas claramente por la iglesia, gracias a la organización de la Palabra en las dispensaciones. Como defensa o argumento para continuar exigiendo diezmos, estos ministros han recurrido a otro tipo de razonamiento más sofisticado. En su empeño de continuar impulsando el pago de diezmos, han formulado algo así como un tipo de teorema geométrico. Ahora están tratando de que la congregación acepte, aunque no entienda nada, y visualice el diezmo como un concepto o desde un punto de vista espiritual. Están tratando de explicar una jerigonza inventada y elaborada desesperadamente, diciéndole a la gente que el acto de diezmar, como en el caso de Melquisedec, debe ser por revelación, o sea por fe, y no por ley.

Lo curioso del argumento de la revelación para diezmar, es que Jehová no concedió esta revelación a su hijo Jesucristo, ni a los apóstoles, ni a los discípulos, ni a la iglesia primitiva. Parece que quieren decir que esta revelación le fue dada al clero de esa época y al imperio francés.

Otra herejía tuvo su comienzo en el año 585 D.C., la cual se sigue practicando hasta el día de hoy. En un sínodo franco celebrado en Macon, los diezmos fueron exigidos y establecidos legalmente. Años más tarde Carlomagno les dio plena sanción legal. (“Historia de la Iglesia Cristiana”, Williston Walker. Casa Nazarena de Publicaciones. Pág. 208).

En el libro de los Hechos 15:20, podemos encontrar que los apóstoles judíos hacen cuatro recomendaciones a los cristianos gentiles, y no se menciona el diezmo en ninguna de ellas. “Apártense de la contaminación de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre”. Creo que es un grave error continuar tratando de ir por encima de lo estipulado por la Palabra de Dios.

Indirectamente acusan a la congregación de que el que no diezma, es porque no tiene fe; si no tiene fe, es porque no mantiene una buena relación con Dios y por tanto, hay algo malo que está sucediendo. Todas estas son estrategias y manipulaciones humanas, que utilizan las emociones y sensibilidad del cristiano. En esta jeringonza o rompe-cabezas, utilizan el pacto de Abraham de una manera tan confusa, que dejan a la congregación aturdida aplaudiendo, diciendo amén, pero sin realmente haber entendido nada. Que Dios tenga misericordia de estos ministros.

Hay predicadores que utilizan varias citas bíblicas y las ordenan de tal manera, para manipular y hacer creer que el caso de Melquisedec nos señala el deber de continuar diezmando aún en la dispensación de “La Gracia”. Ellos expresan su argumento a favor del diezmo en “La Gracia” de la siguiente manera:

Melquisedec era tipo de Cristo porque Hebreos 7:3b dice: “sino hecho semejante al Hijo de Dios”. Luego en Hebreos 5:10 nos dice que Cristo, “fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec”. Continúan su argumento señalando que Abraham, “dio diezmos del botín” a Melquisedec. Su conclusión final es que, “los que son de fe, estos son hijos de Abraham”. Gálatas 3:7. Cuando estos ministros usan esta escritura, lo que intentan establecer es que como nosotros los cristianos somos de fe, entonces tenemos que diezmar, aunque estemos en “La Gracia”. O sea que los cristianos debemos entregar los diezmos a los “ministros de Cristo” aquí en la tierra.

Los ministros que no están de acuerdo con este tipo de razonamiento, también tienen sus argumentos que niegan esta forma de pensar.

Cuando Melquisedec tomó de Abraham los diezmos, en Hebreos 7:6, Melquisedec todavía vivía aquí en la tierra. Aunque Cristo era del linaje sacerdotal de Melquisedec y vivió también en la tierra, nunca reclamó diezmos de nadie ni hay evidencia de que los recibió de nadie. No hay cita bíblica que señale que Cristo insinuara siquiera sobre el deber de diezmar.

Diezmar-bendecir, o viceversa

Hebreos 7:6: “Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas”.

El versículo 7:6 de Hebreos, que es el que más se utiliza en muchos púlpitos, dice que Melquisedec tomó los diezmos que Abram le dio y le bendijo. Contrario a Génesis 14:18-20 y a Hebreos 7:1-2, en el versículo anterior se invierten las acciones de bendecir y dar diezmos, a dar diezmos y bendecir. Este hecho implica que en la mente del autor, tanto de Génesis 14:18-20 como de Hebreos 7:1-6, no estaba la idea de un acto como respuesta o consecuencia al acto anterior. Para aclarar, Melquisedec no bendijo a Abraham porque le dio diezmos, ni Abraham dio diezmos para ser bendecido. Ambos fueron actos voluntarios, gratuitos y desinteresados.

Creo que muchos ministros de hoy día deben meditar y tomar estos ejemplos de esta interrelación entre Abraham y Melquisedec. Deben esperar que las personas de la congregación, alegremente aporten lo máximo posible para sostener la obra de Dios. No deben desesperarse y comenzar a inventar estrategias humanas para forzar espiritual y sicológicamente a la congregación para cumplir con la ley que ya nuestro Señor Jesucristo cumplió y clavó en la cruz del Calvario.

¡Dios nos cuide y nos proteja!
Pastor Álvaro Rolón

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