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​          Sirviendo a un Dios Vivo

                                           LAS PROMESAS DE FE


“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. San Mateo 6:1-4.

Al hacer estos señalamientos, quiero hacer constar que no me estoy refiriendo a ninguna iglesia en particular. Esto es así porque estas prácticas o estrategias han sido copiadas por un gran número de congregaciones.

Creo que dependiendo de la manera en que se presenten y luego se les dé seguimiento a estas promesas, podría causar diferentes reacciones en el hermano. Esta actividad es sumamente delicada. Si utilizamos nuestras propias estrategias para lograr que el hermano haga alguna promesa de fe, ya estamos cometiendo el primer error. Si por alguna razón el hermano(a) no puede cumplir con esa promesa y comenzamos a amenazarlo y a condenarlo por eso, podría generar unas consecuencias espiritualmente desastrosas para ese hermano. Comenzar a repetirle a ese hermano: “Hermanos, recuerden que ustedes no me prometieron nada a mí, fue al Señor”. Para un alma sencilla en la fe y en especial si es un hermano nuevo, una situación como ésta podría causar un daño espiritual tan grande, que el hermano se puede apartar de los caminos del Señor y no regresar más. En este caso, creo que tendremos que dar cuentas al Señor y responder por esa persona. Quizás desde el principio, ese hermano(a) no se sentía tocado a hacer esa promesa, pero debido a las diferentes estrategias manipuladoras, lo guiaron a acceder.

El llamar a hermanos para pasar al frente con el fin de hacer “promesas de fe”, a medida que se mencionan diferentes cantidades de dinero, comenzando por la cantidad más alta, es otra estrategia dañina. Digo “dañina” porque en esa congregación se encuentran hermanos humildes que, aunque tienen un corazón dadivoso y un buen deseo de cooperar, no tienen la misma capacidad económica y no pueden comprometerse. En muchas ocasiones estos hermanos se sienten humillados por su situación. Luego siguen bajando y bajando hasta que nadie queda libre de participar en la actividad.

He escuchado muchos comentarios de personas que asistían a alguna congregación, pero que debido al acoso económico, ya no visitan ninguna. Opino que en muchas de estas experiencias, hemos actuado sin dirección de Dios. Dios ha traído las almas a nuestras manos y nosotros las hemos tirado a la calle, a Satanás, con la presión económica. Con lo expuesto aquí espero que se despierten algunas conciencias y meditemos en lo que estamos haciendo al respecto.

Es algo muy feo y desagradable utilizar versículos bíblicos, torciéndolos y adaptándolos para usarlos en nuestra manipulación con el fin de recibir finanzas. Esto es ir en contra de la Palabra y de la voluntad de Dios. “Al que más se le da, más se le demandará”, este es un versículo que debemos tener en cuenta los pastores y otros ministros y líderes en general. Es abusivo usar la capacidad que nos ha dado el Señor para aprovecharnos de otros hermanos menos capacitados.


“Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas”. Eclesiastés 5:4-5

Antes de continuar opinando sobre “Las Promesas de Fe”, deseo hablar un poco sobre la diferencia entre la motivación y la manipulación. Deseo comentar sobre la diferencia entre estos dos términos por cuanto pueden ser confundidos por algunas personas y usados incorrectamente. Podemos encontrar ministros que en lugar de exhortar o motivar a su congregación a cooperar ofrendando lo máximo posible para así ellos poder cumplir con las justas necesidades del ministerio, lo que hacen es manipular para satisfacer su vanidad. Otros ministros sin analizar, sólo copian lo que ven hacer a “los grandes”, soñando llegar algún día a esa misma “altura”. Recuerde que la Palabra nos advierte:

“Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal”. Filipenses 3:18-19

Comienzo mi comentario sobre esta porción de la escritura, señalando el hecho de que aquí Pablo está repitiendo algo sobre lo cual ha estado alertando al pueblo de Dios en muchas otras ocasiones. Pablo se expresa en una forma determinante, fuerte. Él les llama a estos falsos ministros, enemigos de la cruz de Cristo, y describe cuál será su fin. Debemos tener mucho cuidado con la gran elocuencia y apariencia de santidad y bondad que nos presenten algunos ministros. Hay un refrán popular que dice: “No todo lo que brilla es oro”, y esto lo podemos aplicar a algunas situaciones en la iglesia cristiana. Todo el tiempo Pablo nos advierte sobre los falsos profetas y maestros, y esto tiene su verdadera razón de ser.

Debido a nuestra condición de seres humanos, tenemos la tendencia a acercarnos, admirar y desear las cosas físicas y materiales. Esta tendencia está en contra de lo que nos enseña la Palabra, que es buscar primeramente el reino de Dios y las demás cosas os vendrán por añadidura. Es una condición carnal y natural, buscar las añadiduras primero.

Diferencia entre motivación y manipulación

La diferencia entre la motivación y la manipulación estriba en que la motivación llega hasta cierto punto donde nos detenemos y dejamos que sea el Espíritu Santo quien termine con dicha ministración; que sea el que toque, redarguya a la persona y la guíe a ofrendar como sienta en su corazón. Será el Espíritu Santo el que ponga en el corazón de la persona, cuánto y cuándo debe ofrendar. Si dejamos y permitimos la participación del Espíritu Santo en la ministración del mensaje sobre mayordomía, los hermanos ofrendarán generosamente y más que todo, lo harán voluntaria y alegremente. Una vez que los hermanos sean ministrados y tocados por el Espíritu Santo sobre este asunto de la mayordomía, poco a poco comenzarán a desarrollar una actitud de dadores alegres, sin necesidad de manipulaciones. Se necesita fe, primeramente de parte de los ministros, para que todo esto sea posible. El hecho de que no sea fácil lograr este cambio en la persona, lo podemos señalar por la falta de fe de los mismos ministros. La demostración de la falta de fe de los ministros, la podemos ver cuando tienen que recurrir a diversos métodos y estrategias humanas para lograr la manipulación. Cuando el ministro tiene que hacer uso de estas cosas anti-bíblicas sin temor alguno, podemos entender que por lo menos en esa área de la ministración, ese ministro no está completo, espiritualmente hablando. Quizás este ministro es un experto levantando fondos, puede ser un “súper ministro”, y puede volver muchos bolsillos al revés, pero está carente de la dirección de Dios en ese aspecto fundamental de la vida cristiana.

En el sistema manipulador, todo se basa en estrategias y habilidades humanas; se toman diferentes citas bíblicas referentes a la mayordomía, y se tuercen y se les da forma para que guíen a los oyentes a cumplir y aceptar lo que se desea lograr. Muchos ministros se van especializando y dominando magistralmente la manipulación de dichos versículos bíblicos, de tal manera que si Dios no levanta a alguien para señalar y luchar en contra de esas aberraciones, la mayoría del pueblo de Dios sería absorbido por ellas.

Los ministros manipuladores siguen la misma estrategia de Satanás. Este te presenta primero las cosas muy bonitas, y lo que te gustaría tener o hacer, es decir, la tentación. Luego que caes en la trampa de la tentación, cuando ya crees no tener otro remedio, entonces te acusa de lo que hiciste. Gracias a Dios por Jesucristo, porque a través de Él podemos ser perdonados y restaurados. De la misma manera, el ministro manipulador comienza señalándote todos los beneficios y bendiciones que recibirás si cedes a la petición hecha. En este ejemplo, esta petición será una promesa de fe. Igualmente, a través de una oratoria fogosa hecha insistentemente y adornada por ejemplos bíblicos extraídos, con el propósito de convencer a los oyentes de que deben ceder en cuanto a lo que se está pidiendo. A veces también se seleccionan testimonios para reforzar lo que se está predicando. Finamente, muchos oyentes son convencidos de que deben hacer la promesa que insistentemente se les está presentando. Muchos aceptan y hacen la promesa para estar en buen “status” con el pastor y con los líderes de esa congregación. Otros aceptan hacer la promesa porque lo ven como un camino para lograr sus ambiciones, de que se les permita ministrar por medio del cántico y de otras maneras, y así salir por radio, televisión, prensa, Internet, etc. Luego de haber hecho esa “promesa de fe”, desaparece el estado emocional o psicológico en que estaban estos hermanos y vuelven a la realidad de la vida y su semblante cambia. Si antes tenían varias situaciones que les atormentaban, ahora tienen otra más; han perdido su trabajo o alguna nueva necesidad financiera ha llegado a sus vidas, y no pueden cumplir con su promesa. Ahora es que viene la próxima etapa, la acusación, creando el cargo de conciencia que estos ministros inescrupulosos ponen en estos hermanos. Ahora se comienza a señalar citas bíblicas que les acusan o condenan si no cumplen con la promesa a la cual fueron manipulados. ¿Qué se logrará con todo esto? Que muchos abandonen la congregación y que retornen al mundo, amargados por la mala experiencia que sufrieron en la iglesia. Quizás nunca volverán a acercarse a una iglesia donde tanto daño se les hizo, y donde creen que si regresan les harán un mal peor. Repito, en aquel día muchos ministros tendrán que dar cuenta al Señor por todo el mal que han causado en el pueblo de Dios.

“Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! Porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!”. San Mateo 18:6-7.

¡Que Dios nos ampare!

Pastor Álvaro Rolón