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​          Sirviendo a un Dios Vivo

​Los angeles

​El Diccionario Ilustrado de la Biblia de Wilton M. Nelson, Editor de Editorial Caribe, nos dice: “El término, que tanto en hebreo (mal’ak) como en griego (ángelos), significa mensajero”. Es un orden de seres sobrenaturales y celestiales, cuyo ministerio es actuar como mensajeros y agentes de Dios en la realización de la voluntad divina. Hay ocasiones en que el término “ángel o mensajero” se aplica a seres humanos como por ejemplo, en San Lucas 7:24; Santiago 2:25; Apocalipsis 1:20, 2:1, 2:8, 2:12, 2:18, 3:1, 3:7 y 3:14. Además, en el Antiguo Testamento, la expresión “el ángel de Jehová” o “el ángel de Dios” implica corrientemente la presencia de la deidad en forma angélica. Algunos ejemplos de esto los podemos encontrar en: Génesis 16:1-13, 21:17-19, 22:11-16, 31:11-13; Éxodo 3:2-4; Jueces 2:1, 6:12-16, 13:3-22. También en Apocalipsis 8:3-5 se refiere a la persona de Cristo. La palabra “ángel” se usa siempre en el género masculino, aunque en el sentido humano, nunca se atribuye sexo a los ángeles.
 En el libro de San Mateo 22:23-30, en San Marcos 12:18-25, y en San Lucas 20:27-36, los saduceos, que conformaban un grupo religioso que no creía en la resurrección, le presentan una situación a Jesús, con el propósito de negar la posibilidad de la resurrección. Jesús responde a los saduceos: “en la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento, sino que serán como los ángeles de Dios en el cielo”. Por tanto hermanos, que quede claramente establecido que la palabra del Señor  nos dice en San Mato y San Marcos, que seremos como los ángeles. San Lucas dice que seremos iguales a los ángeles. El hecho de ser como o iguales a los ángeles, indica que no seremos ángeles, sino semejantes en ciertos aspectos. A veces, cuando mueren niños decimos que se convierten en angelitos. Esta aseveración se debe al amor que sentimos por los niños, pero esto no es bíblico. En ningún lugar en la biblia lo dice. Les llamamos así por amor y por su ingenuidad. Dios creó la cantidad de ángeles que Él deseaba, y esa es la misma cantidad que existe, y cuando Satanás se rebeló contra Dios, una tercera parte de los ángeles le siguió. Estos ángeles son los demonios o ángeles caídos. San Lucas 20:36 especifica que luego de la resurrección, nosotros no moriremos nunca más, al igual que los ángeles. Se mencionan dos clases de ángeles caídos: Los ángeles que no guardaron su original estado, sino que dejaron su propia habitación y están ahora encerrados en abismos de tinieblas, siendo guardados así para el juicio. Sobre lo anterior nos habla Judas 6; 2 Pedro 2:4; 1 Corintios 6:3 y San Juan 5:22. El segundo grupo se trata de los ángeles que tienen a Satanás como su jefe. El origen de estos ángeles no se revela de manera explícita. Es posible que ellos sean idénticos a los demonios, como se menciona en San Mateo 7:22. El fuego eterno está preparado para Satanás y sus ángeles (San Mateo 25:41 y Apocalipsis 20:10).
 Los ángeles son muy numerosos, nos indica San Mateo 26:53; Hebreos 12:22; Apocalipsis 5:11, y el Salmo 68:17. Su poder es inconcebible, nos dice 2 Reyes 19:35. Su lugar está alrededor del trono de Dios, esto lo hallamos en Apocalipsis 5:11 y 7:11. La relación que los ángeles tienen con los creyentes es la de “espíritus administradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación”, y este ministerio tiene que ver especialmente con la seguridad y el bienestar físicos de los redimidos. Esta información la encontramos en 1 Reyes 19:5; Salmos 34:7, 91:11; Daniel 6:22, San Mateo 2:13, 2:19, 4:11; San Lucas 22:43; Hechos 5:19 y 12:7-10. Comparando Hebreos 1:14 con San Mateo 18:10 y el Salmo 91:11, podría sugerirse que este cuidado de los ángeles por los herederos de la salvación, empieza en la infancia y continúa a través de toda la vida de los creyentes. Se dice en las Escrituras, que los ángeles están observándonos, y esto debiera influir en nuestra conducta diaria. Esta información la hallamos en 1 Corintios 4:9; Efesios 3:10 y Eclesiastés 5:6. Los ángeles reciben a los santos que parten de este mundo, esto nos lo dice San Lucas 16:22. El Salmo 8:4-9 nos dice que el hombre es hecho “un poco menor que los ángeles”. Aquí se está refiriendo al hombre natural. Cuando el hombre acepta a Jesucristo como su único y exclusivo Salvador, sobrepasa el poder y la sabiduría de los ángeles en ciertos aspectos. Hebreos 2:9-11 dice que Jesús, con su muerte y resurrección, nos hizo superiores a los ángeles, es decir, iguales a Él.
 Hebreos 2:16 nos relata que Jesús no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Esto significa que cuando los ángeles pecaron, rebelándose contra Jehová Dios y uniéndose a Luz Bella o a Satanás, Jesús no murió para socorrerlos. Esta rebelión de los ángeles, revelada en San Judas 1:6, nos indica que los ángeles tienen voluntad propia. Génesis 18:1-5 nos deja ver que ellos pueden asumir forma corporal. Cuando Adán y Eva pecan desobedeciendo a Dios, en Génesis 3:15, inmediatamente Jehová promete un Salvador, a nuestro Señor Jesucristo. En 2 Pedro 2:4 encontramos que Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, pero a nosotros nos perdonó. Nosotros somos la iglesia, o sea, el cuerpo de Cristo. Efesios 3:8-11 nos dice que, “la iglesia da a conocer la sabiduría de Dios, aún a todo principado y autoridad”. 1 Pedro 1:10-12, nos da a entender que aunque los ángeles rodean el trono de Dios, ellos no entienden las grandezas del evangelio de Dios, que nosotros sí. Estas son algunas de las áreas en que nosotros superamos la sabiduría de los ángeles, cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador.
 En la encarnación de nuestro Señor Jesucristo, narrado en el Salmo 8:4-5 y Hebreos 2:6-9, vemos que Él se sometió por un poco de tiempo a esta condición humana humillante. En San Mateo 4:5-6 queda establecido que Satanás conoce exactamente la función de los ángeles. Él sabe que cuando fuese necesario y la voluntad de Dios, Jesús sería socorrido. También en San Mateo 26:53 Jesús expresa: “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?” En esta porción bíblica, Jesús, en su condición de hombre nos dice, que si Él ora al Padre pidiendo ayuda, el Padre le enviará legiones de ángeles. Lo que deseo enfatizar aquí es que Jesús, debido a su condición de hombre, no llamaría directamente a los ángeles, sino que rogaría al Padre para que los envíe. Hermanos, si Jesús, en su condición humana no tenía potestad para llamar directamente a los ángeles, tampoco nosotros tenemos esa potestad. Cuando necesitemos asistencia de ángeles, es al Padre a quien nos tenemos que dirigir y no directamente a ellos. Condición humana humillante para Jesús,  porque debemos recordar que en Hebreos 1:1-3 y Hebreos 1:13-14, se establece que Jesucristo es superior a los ángeles. También Colosenses 1:15-16 nos dice que “Jesucristo fue creado primero que los ángeles, él es el primogénito de toda la creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”
 Satanás siempre ha estado buscando la manera de distraernos y confundirnos, para mantener a la humanidad lejos de la voluntad de Dios. En el libro de los Hechos 10:23-26, Pedro va a Cesarea y visita a Cornelio. “Cornelio salió a recibirle y postrándose a sus pies adoró. Mas Pedro se levantó diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre”. En el ser humano existe la tendencia de estar buscando seres vivientes y cosas para adorar. Se adoran piedras, árboles, imágenes, lugares, y toda clase de cosas. Muchos piensan que no son adoradores, pero adoran a sus pastores o ministros, aunque lo niegan. Muchos ministros, aunque repiten en forma muy sublime que toda la gloria y honra es del Señor, en realidad son dictadores y disfrutan que la congregación les adore, y pobre del que se le oponga. Romanos 1:24-32 nos habla sobre la apostasía del mundo gentil. Aquí la Palabra nos señala las consecuencias del dar culto a las criaturas antes que al Creador. Luego en Hechos 14:6-15, en Licaonia, Pablo y Bernabé oraron por un hombre que no podía caminar, y sanó. Los sacerdotes y la gente los querían adorar, y cuando lo oyeron los apóstoles, rasgaron sus ropas y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: “Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo.”
 En el año 375 D.C. se introduce la adoración a los ángeles. Dios siempre tiene un remanente fiel, que no está por los panes y los peces, es decir, por las cosas materiales. Este remanente fiel siempre se opone a todas estas aberraciones, pero los otros, aunque sepan que algo es incorrecto, lo aceptan. En Apocalipsis 22:1-9, un ángel de Jehová le revela a Juan, “El nuevo paraíso y su río de agua de vida”. Cuando el ángel termina, Juan dice: “me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios”.
 Hermanos, apártense de adorar ángeles, y a todo que no sea Dios. La Palabra de Dios es clara y nos advierte en 2 Corintios 11:13-14 sobre falsos apóstoles y obreros fraudulentos. También nos dice “y no es maravilla porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.” Hermano, que tu evangelio sea el que nos presenta la biblia y no permitas que ningún falso profeta te traiga mensajes que no estén revelados en la Palabra. Gálatas 1:8 dice: “Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.” En Hechos 17:10-14 se nos narra que Pablo y Silas fueron a Berea a predicar la Palabra. Luego de que Pablo y Silas se marcharon, los bereanos escudriñaban la Palabra para ver si las cosas que ellos predicaban estaban de acuerdo con sus escritos. Hermanos, la Palabra nos manda a no confiar en todo lo que llegue a nosotros. Por ahí se escuchan tantas barbaridades sobre qué pasa con nosotros al morir, pero lo mejor que debes hace es ir a la biblia.
 Cuando el cristiano muere, el cuerpo físico va a la tierra. El alma y el espíritu van al paraíso y están ahí hasta que sea el momento del levantamiento de la Iglesia. En este momento Jesucristo vendrá, y las almas y espíritus de los que murieron salvos le seguirán. Los muertos en Cristo resucitarán primero con cuerpos glorificados. Ascenderán hasta las nubes donde está el Señor, y se unirán a su alma y espíritu. Después los cristianos que estén vivos serán arrebatados con cuerpos glorificados a encontrarse con el Señor. El Señor se irá con su iglesia al paraíso, a celebrar las bodas del cordero por siete años.
 Al final de todo, en Apocalipsis 21:2, San Juan nos dice: “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.” Espero que este pequeño comentario sea suficiente para entender que en ningún lugar la palabra dice que los seres humanos seremos ángeles.

Por: Pastor Álvaro Rolón

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