• Mi encomienda26:33

​Mi Encomienda

Escucha este mensaje en la voz de Alvaro Rolon

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​          Sirviendo a un Dios Vivo

Hermanos, doy comienzo a esta plática titulada: “Mi Encomienda”, rogando al Señor su dirección e inspiración.
      Mi Encomienda se refiere al llamado que el Señor me ha hecho para mi ministerio. El cuerpo de Cristo es su iglesia, la cual está compuesta de muchos miembros. Diferentes miembros hacen diferentes labores, de acuerdo con el llamado que cada uno haya recibido de parte de Dios. Entiendo que mi ministerio no va a ser bien recibido por muchas personas ni bienvenido en muchos lugares. Yo no escogí este ministerio, pero estoy muy agradecido del Señor por haberme escogido para esta labor. Sé que algunos me detestarán, otros me odiarán, no seré bien recibido en muchos lugares, porque traigo mensajes, y/o noticias no muy apreciados por muchos.
      A pesar de lo expresado anteriormente, siento la paz del Señor conmigo, y seguiré con este ministerio hasta el último día de mi vida, mientras continúe recibiendo la inspiración del Señor y la dirección de su Santo Espíritu. Amén.
      Hermano, a menudo se escucha a muchos cristianos reprendiendo a otros que se quejan o que señalan alguna anormalidad que observan en la iglesia. Estos hermanos que están regañando, citan textos bíblicos que les han enseñado, y que muchas veces les infunden temor de atreverse a señalar libremente algún pecado que está ocurriendo en la iglesia. Recuerdo a una hermana que con mucho miedo me dijo: “Pastor, recuerde lo que le pasó a María, la hermana de Moisés”. Este caso lo analizaremos en otro estudio.
      La palabra de Dios nos aconseja en Romanos 12:18: “Si es posible, hermanos: si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”. Hermanos, hay situaciones en que es muy difícil estar en paz con otras personas. Escucho muchos ministros que predican sobre la unidad, dicen que Dios suma y multiplica, pero no divide ni resta. Yo creo que Dios multiplica y suma cuando esa unidad es con buenos propósitos, pero cuando los propósitos de la unidad no son agradables a Dios, Él divide y resta. Un buen ejemplo de esto lo encontramos en Génesis 11:1-8. Dios dividió a la raza humana a través del idioma, debido a la construcción de la Torre de Babel, porque había un mal propósito. En 2 Tesalonicenses 3:6 encontramos que Pablo da una orden a los hermanos obedientes diciéndoles: “Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros”. Hermanos, esto está en la Biblia y fue canonizado por inspiración del Espíritu Santo también. Santiago 4:17 nos dice que: “al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado”. Por tanto, el cristiano que cuando ve, o sabe que algo está incorrecto le gusta tapar, o lavarse las manos, esta escritura le hace una advertencia. En San Mateo 7:1-5 encontramos una cita bíblica que la conocen cristianos y no cristianos. En resumen, esta cita aparentemente nos dice que no debemos juzgar. Si buscamos cuidadosamente a través de la biblia, en especial en el Nuevo Testamento, encontraremos diferentes porciones bíblicas donde se está señalando el pecado. Por esta razón, yo creo que cuando aquí se nos habla de no juzgar, se está refiriendo a no señalar el pecado sin piedad, es decir, sin misericordia. Lo dicho anteriormente está respaldado por 2 Timoteo 4:1-2, que dice: “Te encarezco delante de Dios, y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”. Aquí encontramos a Pablo ordenándole a Timoteo, entre otras cosas, a reprender, pero al final le dice que lo haga, “con toda paciencia y doctrina”, o sea no juzgando sin piedad.
      Creo que muchos han interpretado mal a San Mateo 7:1-5. Piensan que lo que aquí se nos dice es que no debemos señalar nada ni a nadie que esté haciendo lo incorrecto en el pueblo de Dios. Me parece que algunos ministros y líderes han impulsado esa interpretación, como dice el refrán: “Para curarse en salud”, o como dice un amigo cubano, “se ponen el parche antes de que le salga el grano”. Es decir, como una advertencia de que si alguien se entera de algo deshonesto que ellos estén haciendo, no se atrevan a decir nada.
      Si analizamos bien esta escritura de San Mateo 7:1-5, encontraremos que aquí te dice que si tienes una viga en tu ojo, la saques antes de tratar con la pajita del otro. O sea, que si tu pecado es mayor o peor que el de la otra persona, antes de tratar de señalar la falta del otro, atiende la tuya primero. Esto es en caso de que tú estés en algo peor, pero si estás limpio, la palabra te dice que ayudes con mansedumbre al mejoramiento de esa otra persona.
      Como señalé anteriormente, en la biblia encontramos gran cantidad de porciones donde se hace lo contrario a la interpretación que muchos dan a San Mateo 7:1-5. Aún en libros de historia encontramos cómo Martín Lutero señaló los pecados, la corrupción y los abusos de la iglesia. Si Martín Lutero hubiese tomado a San Mateo 7:1-5 como muchos quieren utilizarlo, “no juzguéis para que no seáis juzgados”, con el fin de tapar o encubrir lo malo, no se hubiese atrevido a denunciar los abusos que se estaban haciendo.
      Ahora paso a señalar algunos otros ejemplos de porciones bíblicas, donde se está señalando el pecado. En Gálatas 2:11-14 encontramos a Pablo reprendiendo a Pedro y a otros, y los cataloga de hipócritas. En el versículo 14 dice: “Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos. (Escuche esto hermano, “delante de todos”) le dijo: “Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?” Aquí podríamos agregar la escritura de San Lucas 11:46, que nos dice: “Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, intérpretes de la ley! Porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aún con un dedo las tocáis”.
      En el capítulo 5 de Primera de Corintios, Pablo condena la inmoralidad que está ocurriendo en aquella iglesia y dicta la disciplina que se debe realizar. Allí había alguien que tenía la mujer de su padre. Pedro reprende a la iglesia por no haberlo quitado de en medio de ellos. En el versículo 3 Pablo dice: “Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho”. Pablo dijo “he juzgado”, y continúa, “en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal será entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús”.
      Hermanos, creo que este ejemplo debe ser suficiente para entender que hay momentos o situaciones en que hay que actuar. No debemos esperar a que desciendan ángeles del cielo a detener el pecado en la iglesia; para eso Dios ha llamado a ministros. Si el ministro no hace nada, cualquier hermano ahora en la dispensación de la gracia, es real sacerdocio; y si el ministro no lo hace, el hermano lo puede hacer.
      Hermanos, hay situaciones en que hay que decirle al pan... pan, y al vino... vino. Por tanto, en 2 Timoteo 4:14-15, Pablo, en la postrimería de su martirio, se queja a Timoteo sobre diferentes situaciones negativas que le han acontecido. Aquí Pablo denuncia o señala la conducta de alguien y le advierte a Timoteo que se cuide. La escritura dice: “Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras”.
     Hermanos, siempre he pensado que debo escuchar atentamente las opiniones de otras personas y analizarlas objetivamente, y así lo he hecho. Una de estas opiniones se relaciona con mis escritos sobre la mayordomía de las finanzas, en los libros: “Jehová Jireh”, y “En La Gracia”. Escribo y expreso verbalmente lo que siento que es la voluntad del Señor para mi persona y para el ministerio que Dios me ha confiado. Algunas personas me han manifestado su criterio, aludiendo a que lo que expreso puede escandalizar y hacer daño a la Iglesia.
     Lo he pensado y analizado detenidamente y he orado al Señor para que me redarguya o me detenga, si estoy equivocado en lo que estoy haciendo. Sólo he sentido de parte de Dios que debo continuar señalando los abusos sicológicos y manipulaciones que continúan en aumento cada día en algunas congregaciones. Ese afán, ese amor por las cosas materiales, y en especial por el dinero y la fama, usando como excusa el propósito de realizar actividades caritativas que lo justifiquen. Todo esto es un cáncer que está dañando al cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. San Mateo 6:24b dice: “No podéis servir a Dios y a las riquezas”. 1 Timoteo 6:9-11 continúa diciéndonos: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre”.
     Mucha gente está fuera de las iglesias y otros no aceptan al Señor, debido a los malos ejemplos que están viendo día a día en nuestras congregaciones. Hermanos, amigos, no podemos tapar el cielo con la mano; lo que sí podemos hacer, es arrepentirnos y mejorar o arreglar las cosas. Hay que detener ese cáncer, porque cada día más personas abandonan las iglesias, decepcionadas con lo que ocurre dentro. Pienso que no estoy creando daño alguno, ya que el daño está hecho y se continúa haciendo. Considero que es positivo que la gente sepa que no todos pensamos y actuamos igual. Es bueno que sepan que habemos cristianos que nos interesa más la salvación de la humanidad, y que tenemos en primer lugar las cosas espirituales, antes que el dinero, poder, fama y todas estas cosas que perecen. San Mateo 6:33 aconseja: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.
     La Biblia es la Palabra de Dios, por tanto, todo lo que contiene tiene su razón para haber sido canonizado bajo la dirección del Espíritu Santo. No debemos escandalizarnos al escuchar ciertas partes de la Biblia que algunos podrían pensar que no edifican. La pregunta sería, y entonces ¿por qué o para qué están ahí? Recordemos que 2 Timoteo 3:16 dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.
     Esto significa que la Palabra no es sólo para hacernos sentir muy contentos en todo momento. En ocasiones, la Palabra nos señala el error en que estamos, o que vamos a incurrir. Hebreos 12:5b-6 nos dice: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por Él; porque el Señor al que ama disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo”. A continuación indico algunos ejemplos de la manera en que la Santa Palabra de Dios se dirige a algunos pastores. Isaías 56:11b expresa: “y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado”.
     Jeremías 2:8b continúa: “y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha”.        Jeremías 12:10 sigue diciendo: “Muchos pastores han destruido mi viña, hollaron mi heredad, convirtieron en desierto y soledad mi heredad preciosa”. Jeremías 23:1 recalca: “¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! Dice Jehová”.
     Creo que es tiempo de que el pueblo de Dios despierte y reconozca todo el mal que nos rodea. Aquí no me estoy refiriendo al mundo, o a los que están fuera de la iglesia. Al igual que las citas anteriores, me estoy refiriendo a la propia casa. Hay un refrán que dice que, “los trapos sucios se lavan en casa”, pero yo agrego que si no se pueden lavar en casa, hay que lavarlos afuera. Lo siento mucho por hermanitos piadosos, que en lugar de escudriñar las escrituras como nos recomienda el Señor, se conforman sólo con los postrecitos sabrosos de algunos predicadores, y no consumen las viandas o el alimento sólido que recomienda el Señor. Muchos se conforman sólo con escuchar mayormente las promesas de prosperidad financiera y se olvidan que el Señor dijo en San Juan 16:33: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. Y en San Mateo 16:24b nos dice: “Tome su cruz, y sígame”.
     Creo que con algo que conozco de la Palabra, me sería suficiente para seguir la corriente de muchos concilios e iglesias y comenzar a lucrarme a costillas de mucho pueblo de Dios, que ya está programado o manipulado. Esto sería más fácil que exponerme como lo estoy haciendo, al vituperio, persecución, desprecio y boicoteo de mi ministerio y mis libros, etc. Entre algunos de los textos bíblicos que me fortalecen está Gálatas 1:10: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Dios”. Salmos 118:6 me dice: “Jehová está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre”. Hebreos 13:6b me conforta: “El Señor es mi ayudador, no temeré lo que me pueda hacer el hombre”.
     Hace algún tiempo se me pidió mi opinión sobre el aumento o proliferación de iglesias, especialmente en lugares de abundancia económica. Mi comentario fue el siguiente: