MINISTERIOS FRAUDULENTOS


¿Debo Obedecer Y Seguir A Un Falso Ministro?

Romanos 13:1: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”.

Aparentemente esta cita bíblica contesta la pregunta del tema, pero veamos cómo cambia este mensaje al analizar esta porción bíblica dentro de su contexto inmediato en el Capítulo 13 de Romanos.

Si tomamos esta porción bíblica aisladamente, fuera del contexto general de la Biblia, entenderemos una cosa, pero si la analizamos a la luz de toda la Palabra, su significado cambiará. Esta cita bíblica aislada, la podemos usar como excusa para seguir a alguien que está en una posición superior a la nuestra, y declararnos inocentes, aunque no esté recto en la obediencia a la Palabra de Dios. ¿Cómo sabremos si es un falso ministro? La Palabra nos dice que por sus frutos los conoceréis.

Pueden ser varias las razones de esta persona para seguir al líder que sabe está actuando incorrectamente en cuanto a la obediencia a la Palabra de Dios. Es posible que le guste también lo que hace su líder y se escuda en su aparente sumisión; está obteniendo parte de las ganancias monetarias; o que gusta de la popularidad que está disfrutando por estar al lado de ese líder.

Si analizamos los versículos subsiguientes a Romanos 13:1, encontraremos que aquí Pablo se está refiriendo a autoridades superiores que están en línea con la Palabra de Dios. Cuando estudiamos especialmente los versículos 3-4, podremos ver claramente lo expresado en la oración anterior.

Romanos 13:3-4: “Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo”.

Está claro que si un magistrado o un líder abusa de su poder en contra del que se opone a su maldad, no es alguien a quien se deba obedecer o seguir. Estos versículos continúan señalando que ese magistrado o líder, “es servidor de Dios para tu bien”. El que no obedece la Palabra de Dios, sólo busca su bien personal, no es un servidor de Dios para tu bien, sino para satisfacerse él mismo. Por tanto, esta persona no es digna de seguirle ni de obedecerle.

2 Pedro 2:15: “Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad”.

Aquí se nos advierte de los falsos maestros semejantes a Balaam, los cuales juegan y manipulan el evangelio para satisfacer su codicia, egoísmo, ambición, etc. No tienes que seguir a estos falsos maestros que se han contaminado por su avaricia, orgullo, vanidad, vanagloria, etc. Si conociendo la verdad les sigues, no debes olvidar que Eva quiso excusarse con la serpiente y Adán con Eva, pero todos hemos tenido que pagar por su desobediencia.

1 Corintios 5:11: “Mas os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aún comáis”.

1 Corintios 5:13: “Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros”.

Estos versículos son buenos para los que gustan de predicar que no se debe juzgar, o señalar el pecado de los otros. Como he dicho anteriormente en otros escritos, estas personas “pacificadoras”, quieren taparse y protegerse con algunos versículos bíblicos, para que no se les señale el mal que están causando en el pueblo de Dios.

He escuchado varias predicaciones, en las cuales para cubrirse o defenderse de ser señalados por sus malas obras, estos ministros utilizan la narración que se encuentra en 1 Samuel 24:6 y 26:9-11. De esta narración, ellos señalan que en varias ocasiones David tuvo la oportunidad de eliminar al rey Saúl, pero no lo hizo porque Saúl todavía era el rey ungido de Jehová. Lo que quieren poner en la mente de la iglesia es que como ellos son “ministros”, aunque estén en pecado, nadie está supuesto a señalarles ese pecado... sólo Dios. Tratan de inculcar en la mente del laico que tienen que continuar siguiéndoles y obedeciéndoles, porque son “ordenados por Dios”. Esta es la llamada doctrina Nicolaíta.

Hermanos, no se dejen engañar, el tiempo de los reyes pasó. Ahora estamos en una nueva dispensación. En la dispensación de la gracia, cuando aceptamos a nuestro Señor Jesucristo, todos pasamos a ser hijos de Dios con las mismas demandas y privilegios. Fueron los nicolaítas los que dividieron la iglesia, creando diferentes castas y rangos.

1 Pedro 2:9: “Mas nosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”.

La cita bíblica anterior debe servir para dejar establecido en nuestras mentes que en el pueblo de Dios, aunque seamos llamados a ejercer diferentes ministerios, ante el Señor somos iguales. En el Antiguo Testamento, Dios tenía unas relaciones especiales con ciertas personas como reyes, profetas, etc., a quienes descendía el Espíritu de Dios. Ahora, desde el momento que aceptas a Jesucristo, eres sellado con el Espíritu Santo. Ya este Espíritu de Dios no se manifiesta sólo en algunas personas selectas, sino en todos los cristianos.

1 Corintios 11:19: “Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados”.

Me parece escuchar a hermanos muy bien intencionados, pero muy mal informados, reprender este versículo bíblico. Esto se debe a que sólo se les ha ministrado las partes más fáciles y sencillas del evangelio. Sólo se les ha enseñado a obedecer ciegamente, a someterse a lo que su líder les diga, sin importar lo que sea, ni cómo esté su líder con el Señor.

San Judas 1:3: “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”.

La Palabra de Dios continúa exhortándonos a contender contra los falsos ministros, engañadores, que se aprovechan de su posición y de la falta de conocimiento de gran parte de la iglesia, para su propio beneficio. Estos son los ministros que desean mantener la iglesia en ignorancia, entreteniéndoles con diferentes actividades que no tienen nada que ver con el evangelio. Como ya han perdido su comunión con Dios, estos ministros tienen que recurrir y continuar con sus propias estrategias, manipulaciones e inventos, para poder retener a un pueblo que no ha sido bien alimentado con la Palabra.

La Murmuración de Aarón y María

Una de las porciones bíblicas más usadas por los nicolaítas de hoy día para infundir miedo a la Iglesia de Cristo, está en Números 12:1-15. María, profetiza, fue la que dirigió a las mujeres israelitas en el canto y la danza después que cruzaron el mar rojo (Éxodo 15:20-21). Ella era hermana de Moisés y de Aarón. En Éxodo 2:4, 7 y 8, se relata que una hermana del niño Moisés, vigilaba la arquilla de juncos en que este fue echado al río. Se cree que esa niña era María.

Aarón, hermano mayor de Moisés y de María, fue seleccionado por Jehová para hablar por Moisés. Aunque Aarón fue buen colaborador de Moisés, no tenía las cualidades de líder de este. Aarón se dejaba dominar por el pueblo. Él y su hermana María sentían envidia, celos de Moisés por su posición; hablaron contra Moisés y María estuvo leprosa por siete días.

En la época de Moisés, en el Antiguo Testamento, él fue el vaso escogido por Jehová para dirigir a toda la nación israelita. No había nadie más que tuviese el poder y la posición de Moisés de parte de Dios. Jehová trataba directa y personalmente con Moisés. Él fue el escogido para ser boca de Dios, una sola boca de Dios. Su relación con Jehová era de tú a Tú. Moisés era único, todo el pueblo tenía que obedecerle. Aarón y María, sus hermanos, como seres humanos, sintieron celos y envidia de la posición de Moisés y murmuraron contra él. Buscaron un motivo para basar sus murmuraciones y usaron el hecho de que Moisés había tomado una mujer cusita (descendiente de Cus, quien era hijo de Cam, hijo de Noé y padre de Nimrod, el que construyó la Torre de Babel).

En el Antiguo Testamento Jehová trataba directamente sólo con algunas personas escogidas. Esas personas podían ser reyes, profetas y alguna otra persona escogida por Jehová. El Espíritu de Dios descendía solamente sobre esas personas, en un momento dado y por una razón especial. Cuando el escogido de Dios se apartaba de la voluntad de Jehová, el Espíritu de Dios se apartaba de ellos, o no se manifestaba. Esos escogidos de Dios eran personas muy especiales para Dios, a los cuales el pueblo tenía que obedecer. El pueblo no entraba en contacto directo con Dios, sino a través de estas personas escogidas.

A principios de este mensaje comenté que esta porción bíblica es muy utilizada por algunos ministros para provocar o infundir miedo en los cristianos. Este miedo tiene el propósito de lograr, que sin importar los pecados que estén cometiendo algunos ministros, la feligresía no se atreva a decir ni hacer nada para que no les suceda como a María. En la lectura del libro, “Jehová Jireh”, y en otros temas tratados aquí, he señalado ejemplos y escrituras nuevo testamentarias que nos exhortan a no permanecer al lado de esta clase de hermanos o ministros. El pecado hay que señalarlo sin importar quién sea el que lo está cometiendo.

Ahora, en el Nuevo Testamento, en la dispensación de la gracia, todo el que acepta a Jesucristo como su único y exclusivo Salvador, es sellado con el Espíritu Santo. Desde ese momento morará en esa persona para siempre. Si la persona se aparta de la voluntad de Dios, el Espíritu Santo se contrista, pero no se va como en el Antiguo Testamento. Luego esa persona es perdonada, cuando se arrepiente de corazón y pide perdón a Dios en el nombre de Jesucristo. El hecho de que la persona sea perdonada por parte de Dios, no implica que no tendrá que pagar las consecuencias de su pecado. En el juicio del “Tribunal de Cristo”, todo lo que uno haya hecho, será presentado delante de Cristo y seremos recompensados por nuestras buenas obras y avergonzados por las obras malas. Este es el juicio para ser galardonados o avergonzados. Muchas citas bíblicas se refieren a este juicio y a veces son confundidas con las citas que hablan de la salvación eterna. Debemos pedir al Señor discernimiento para poder distinguir cuándo una porción bíblica se refiere al juicio del “Tribunal de Cristo”, y cuándo nos está hablando del “Juicio del Trono Blanco”. El Juicio del Trono Blanco es para los que irán a condenación eterna, no para los que hemos sido redimidos por la sangre de Cristo.

Ahora, en la dispensación de la gracia, nuestra relación con Dios cambia. Ahora no dependemos de ninguna persona especial, porque el Espíritu Santo de Dios está en cada uno de los que hemos aceptado verdaderamente al Señor. Ahora no tenemos que obedecer ciegamente a ningún hombre. Aún en Jeremías 17:5 dice, “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová”. También Jeremías 17:7 dice, “Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová”.

En varias escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, el Señor nos estimula a analizar las cosas, vengan de quien vengan. En Isaías 7:15 dice, “Comerá mantequilla y miel hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno”.

Resumiendo, puedo decir que aquellos derechos y privilegios que poseían aquellas personas especiales del Antiguo Testamento, tales como: reyes, profetas y otros, se fueron con el Antiguo Testamento. Ahora no hay personas especiales para Dios. Hoy día todos los que aceptamos a Jesucristo somos real sacerdocio, nación santa, pueblo escogido por Dios. Al aceptar al Señor, somos sellados con el Espíritu Santo. Ante el Señor todos somos iguales, con iguales oportunidades, derechos y privilegios, sin importar la posición o ministerio que ocupemos. Ahora se puede señalar el pecado de un laico, de la misma manera que el de un ministro. Sólo los ministros nicolaítas exigen un trato especial.

Aunque terminaré este segmento aquí, podría hacer un libro completo sobre la Palabra de Dios que nos exhorta, nos autoriza, y ordena a apartarnos y a combatir a ministros que no anden rectamente bajo la voluntad de Dios.

Hechos 5:29: “Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”.

Ministro o laico que has leído este segmento, no te dejes engañar. Recuerda que la Palabra de Dios es la que te debe regir y no las estrategias de algunos líderes corruptos. Si es que tienes conocimiento de que lo que estás haciendo no es agradable a Dios, arrepiéntete y pídele perdón en el nombre de Jesucristo y serás perdonado. Amén.

¡Que Dios nos cuide a todos!

Pastor Álvaro Rolón




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