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​          Sirviendo a un Dios Vivo

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                                            PARA UN BUEN FIN, UNOS BUENOS MEDIOS


En las cosas de Dios, como el fin es santo, los medios tienen que ser santos también. En el mundo secular se acepta el postulado de que: “El fin justifica los medios”, pero no en la iglesia del Señor. Como ejemplo, pensemos en la forma como hicieron los colonizadores que vinieron a América, tratando de que los esclavos africanos aceptaran el “cristianismo”. Es cuestionable que un Dios misericordioso y clemente estuviese de acuerdo con tantas atrocidades. Todo el abuso al que fueron sometidas estas criaturas de Dios, fue cometido sólo con el santo propósito de evangelizar al mundo. Creo que este ejemplo es suficiente para aclarar esta idea errónea. Si deseas lograr un buen fin, busca medios santos y los hallarás.

Son muchos los ejemplos que podríamos dar, señalando que en la iglesia de Dios, “el fin no justifica los medios”. Si deseas levantar fondos para algo que has planificado, que podría ser: remodelar la iglesia, comprar terreno, construir una iglesia, y tantas otras cosas, debes asegurarte de varias cosas antes de comenzar. Analiza si el proyecto en que estás pensando envolverte es realmente necesario. No descartes que la realización de ese proyecto puede que no sea la voluntad de Dios. Busca en tu interior, para ver si la verdadera razón que te está moviendo no es egoísmo, orgullo, vanidad, vanagloria, etc. Si el fin es para tu gloria, debes detenerte y olvidar ese asunto.

Si la idea de ese proyecto llegó a tu mente y en realidad crees que es voluntad del Señor, busca dirección. No te lances a comenzar nada que no tengas la certeza que es lo que Dios quiere que hagas. Asegúrate de dónde viene la idea, o cuáles son las motivaciones. Si comenzamos a hacer cosas por nuestra propia cuenta, nos podría llevar a la ruina total.

Entiendo que para llevar a cabo cualquier proyecto, es necesario levantar fondos. Debemos ser muy cuidadosos sobre la manera que utilicemos para levantar fondos. Repito que, “para un buen fin, unos buenos medios”. Tenemos que obrar bajo la dirección del Señor. No debes comenzar a presionar a los hermanos, usando tus propias artimañas para levantar los fondos. El buen deseo, o la manía de hacer algo, si no es la voluntad del Señor, puede hacer daños espirituales terribles en algunos hermanos, y en la iglesia en general. En otra parte de este libro, señalaré algunos ejemplos de formas de levantar fondos que para mí son abusivas.

El fin justifica los medios

Es muy fácil señalar los logros alcanzados por un ministerio en un período de tiempo dado. Especialmente logros físicos o materiales, tales como construcción de templos, adquisición de diversas propiedades, diferentes ramas del ministerio, etc. También se puede rendir el informe financiero del costo de todas estas cosas. Lo que jamás el ser humano podrá informar es el daño emocional y espiritual que pueda haber causado la realización de todas esas cosas mencionadas anteriormente. ¿A qué daño me estoy refiriendo? ¿A cuántas personas ha tocado el Señor para aceptarle en esa congregación? ¿Dónde están todas esas almas llamadas por el Señor? Si están en otras congregaciones, gloria a Dios, eso no es ningún problema porque están perseverando en la iglesia del Señor. Los que nos deben preocupar son los que se han apartado, se han regresado al mundo, por las malas experiencias que han tenido en algunas congregaciones. Quizás algunos ministros enfocados con sus proyectos, ni siquiera han pensado en el costo de almas que se han apartado por causa de su proyecto. ¿De qué estoy hablando? ¿Qué no entiendes? ¿Cuántas personas después del Señor haberlas puesto en tus manos para que les pastorees se han apartado por tu opresión exigiendo dinero y otras cosas para tu proyecto? Sinceramente creo que no muchos ministros se han detenido a pensar en el daño que han podido causar, debido a sus exigencias materiales.

Ruego al Señor que toque las conciencias de muchos ministros, para que mediten en cuanto a esta situación. Creo que algunos ministros se sienten como alcaldes del reino de Dios y piensan que tienen el derecho de cobrar los “impuestos para el reino”.

El Señor se dirige a las 7 iglesias en Apocalipsis y les señala lo positivo y lo negativo, “Yo conozco tus obras... pero tengo contra ti...” Todos podemos apreciar las grandes, hermosas construcciones y reconocer las muy buenas, poderosas organizaciones cristianas y sus actividades. Todo esto es maravilloso. La pregunta es ¿cuánto ha costado todo eso en cuanto al sacrificio humano? ¿Cuántas almas se han apartado debido a la opresión económica de parte esa organización. Este sería el “pero tengo contra ti...” Si has realizado tus obras, tanto de construcción como cualquiera otra cosa sin imponer graves cargas sobre las almas que el Señor ha puesto en tus manos, eres un bendito del Señor. Si has sacrificado almas en pro de tu proyecto, tarde o temprano tendrás que rendir cuentas al Señor por esas almas.

El llamado de Samuel

Samuel se crió en el templo y servía a Jehová, pero le conocía sólo de oídas. Una noche Jehová comenzó a llamarle, pero Samuel creía que era el Sacerdote Elí. Por dos ocasiones se repitió el mismo llamado y Samuel fue a Elí y este le contestó lo mismo, “Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate.” 1 Samuel 3:6c. Samuel recibió el llamado por tercera vez, fue a Elí y el sacerdote entendió que era Jehová quien le llamaba. Elí le dijo a Samuel, “Ve y acuéstate, y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye.” 1 Samuel 3:9.

Aquí se presenta el caso de una persona que no había tenido ninguna experiencia personal con Dios. Servía al Señor, vivía en el templo pero no había tenido un encuentro con Jehová. Llegó el momento en que Elí, sacerdote del Dios vivo, supo que quien llamaba a Samuel era Jehová. Instruyó a Samuel sobre qué hacer y cómo responder al llamado de Dios.

Esta experiencia debe servir de advertencia a los ministros cristianos, de que tenemos que estar preparados espiritualmente para aclarar dudas y contestar preguntas a nuestros hijos espirituales. Así como Elí pudo entender que Jehová estaba hablando al joven Samuel, también nosotros necesitamos tener los oídos espirituales abiertos. ¿Qué hubiese sucedido si Elí no hubiese estado en esa comunión íntima con Jehová, para conocer su llamado? ¿Qué hubiese hecho Samuel si no hubiese tenido un padre espiritual que lo guiara y lo orientara sabiamente?

“Si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo.” San Mateo 15:14. El pastor debe estar preparado para guiar a su iglesia a la verdad. Como sacerdote, Elí tenía que estar preparado espiritualmente. Un refrán dice que “Nadie puede dar lo que no tiene”. Esto lo debemos aplicar nosotros los ministros. En lugar de estar preocupados por tantas cosas materiales, debemos acercarnos más a Dios y buscar más de su presencia.

No es saludable para una iglesia cristiana, que se le pueda relacionar con el dicho “en un valle de ciegos, el tuerto es el rey.” Aunque nuestro valle sea de ciegos, en la iglesia cristiana el rey no debe ser tuerto; debe tener sus dos ojos saludables, con un 20/20 espiritual.

Resumiendo lo dicho anteriormente, los siervos y ministros del Dios altísimo, tenemos la responsabilidad de mantenernos en comunión con Él. Todas las demás cosas materiales, administración, construcción de templos, y todo lo demás es importante, pero secundario. Lo primordial de un ministro de Dios es velar por las vidas que el Señor ha puesto en sus manos, pero para lograrlo, el ministro tiene que estar lleno de su presencia. Que el Señor nos bendiga a todos. Amén.




Pastor Álvaro Rolón